Capítulo4

1251 Palabras
El lunes Viole se vistió con uno de los tantos trajes que encontró en su habitación, le resultó sumamente sencillo y fácil arreglarse, como si toda su vida hubiera tenido a su disposición tantas opciones, se maquilló suavemente viendo un tutorial y se calzó unos zapatos con tacón medio, la elegancia que emanaba de ella, era natural, se vio al espejo y sonrió conforme. Juan Antonio la buscó en la puerta del apartamento, estaba atento ya que, apenas Viole observó el automóvil un ligero temblor se apoderó de ella, respiró profundamente y tomó asiento, sin embargo, llevaba sus manos muy apretadas y la tensión que sentía se notaba a leguas. Afortunadamente el trayecto era corto, volvió a respirar tranquila cuando descendió ante las amplias puertas de cristal del edificio de la casa de modas Velázquez, abrió los ojos todo lo que le daban al observar que ocupaba una cuadra completa, pero al cruzar las puertas sintió que ya había estado allí. –¿Qué le parece señorita García? –le preguntó amable Juan Antonio. –Es tal como la imaginé, hasta parece que ya estuve aquí –comentó convencida. –Recibí un mensaje del jefe, la llevaré directamente a su oficina. –De acuerdo, al fin lo conoceré para agradecerle el puesto y preguntarle lo que hablamos antes de ayer –insistió obstinada. Por supuesto que el área donde estaba la oficina de Santiago era elegante, lujosa, sobria y exclusiva para él y sus secretarias, ya que tenía tres. Siendo la principal una señora en sus cincuenta que, apenas la vio aparecer junto a Juan Antonio, le sonrió y fue a su encuentro. –¿Viole García? –indagó con una sonrisa en sus labios. –Sí señora –respondió respetuosamente Viole. –Sígueme por favor, don Santiago te espera. “Ay qué tierno, don Santiago debe ser un viejito simpático” –pensó ella mientras seguía los pasos de la señora. Escucharon un “adelante”, luego de que la señora tocara la puerta, ella abrió y anunció: –Don Santiago, aquí está la señorita Viole García. –Está bien, hágala pasar por favor –oyó una voz firme y varonil que le provocó un leve estremecimiento, avanzó unos cuantos pasos y al cruzar la puerta se quedó paralizada viéndolo y olvidándose de todo a su alrededor por completo. –Buenos días –pudo articular finalmente, al tiempo de decirse: “Es él, es el hombre de mi Primera Comunión.” Viole volvió a ese momento en que por primera vez estuvo frente a él, sintiendo que había una conexión invisible, nunca lo olvidó y ahora estaba nuevamente allí, en carne y hueso; mirándola y haciendo que su corazón saltara emocionado. Santiago también la observaba, pero él sí se había preparado, la esperaba, la anhelaba, aunque ahora que todo se hacía realidad, no encontraba qué palabras decirle para no ponerse en evidencia y asustarla. –Bienvenida –soltó al fin–, ¿cómo le ha ido hasta ahora? –Eh…, bien gracias, todo asombroso –señaló y seguidamente, recobrando la calma, continuó–, pero quería hacerle una pregunta porque sor Cristina me dijo que en mi sueldo está incluido el transporte y la vivienda, sin embargo, ese lugar donde estoy desde el viernes pasado lo vi demasiado elegante, no quiero quedarme allí y que luego me cobre un dineral que no podré costear, aunque todavía no sé cuánto va a pagarme usted. Santiago la escuchó maravillado y con un poco de pesar, porque aun cuando sus ojos eran los de Macarena, sus palabras y sus gestos no se correspondían a la personalidad de su esposa; esta jovencita estaba cargada de una energía vibrante, diferente, inocente y muy atrayente. –No debe preocuparse por eso, ciertamente, está todo incluido, la empresa cubrirá sus gastos de vivienda y transporte, aparte tendrá su sueldo, solo que este será proporcional a su desempeño, al ser su primer trabajo y ante la falta de experiencia, he organizado que inicie en el taller de costura como ayudante de doña Sofía, ella la guiará y le enseñará a trabajar aquí. –Entonces muchísimas gracias, es mucho más de lo que hubiera esperado y no se preocupe que atenderé a todo lo que me diga doña Sofía. –Bien, entonces vamos al taller que la presentaré con ella. Santiago amablemente le abrió la puerta y cuando ella cruzó ante él, aspiró su aroma a limpio o al menos eso fue lo que le vino a la mente, al tiempo de darse una palmada porque no previó comprarle algún perfume, pero ya se encargaría de eso; entraron al ascensor y su figura se le antojó diminuta frente a la de él. Se mantuvieron en silencio, él observándola de soslayo, detallando su perfil, su brillante cabello recogido en una coleta baja; sus largas pestañas que eran el marco perfecto para sus ojos preciosos; su nariz respingada; los labios definidos, llenos y tentadores; ella iba con la vista fija en los relucientes y seguramente costosos zapatos de su nuevo jefe. Su llegada al taller causó un gran silencio, todos dejaron lo que estaban haciendo y fijaron su vista en la pareja que avanzaba desde la entrada, no era costumbre de Santiago Velázquez apersonarse en el lugar, doña Sofía o cualquiera de los otros ayudantes del taller eran los que se dirigían a su oficina con algún asunto que debieran tratar, así que esa mañana su presencia era todo un acontecimiento. –Buen día doña Sofía, ella es Viole García, la joven que le mencioné que comenzaría a trabajar aquí y que deseo que esté bajo su tutela. –Buen día don Santiago, mucho gusto Viole, bienvenida, trabajarás conmigo y te tendré pegadita a mí todo el tiempo, espero que estés dispuesta a aprender sobre este mundo. –El gusto es mío doña Sofía y cuente con ello, este es mi sueño y desde hoy se hace realidad –expresó entusiasmada, bajo la atenta mirada de Santiago–, seguidamente Viole extendió su vista por el lugar y comenzó a caminar hacia un extremo. “Este taller…, siento que es mi lugar, ¿lo soñé o ya estuve aquí?” Viole avanzaba acariciando las telas, hasta detenerse frente a un mesón, Santiago la siguió y al estar de pie a su lado notó que ella tenía su dedo pulgar sobre un corazón que él había tallado allí para Macarena, la miró con los ojos desorbitados. –Mire, aquí hay un corazón tallado, deben habérselo hecho a la costurera que usa este mesón. –Este mesón ya no se usa mucho, la persona que lo ocupaba falleció hace varios años. –Ay, lamento haber sido imprudente. –¿Por qué vino precisamente a este puesto de trabajo? –No le puedo decir porque me creerá loca y podría perder mi trabajo sin comenzar si le doy la impresión de estar fuera de mis cabales, no me haga caso. –No la creeré loca y tampoco perderá su trabajo. –Aun así, prefiero reservarme la impresión que tuve al entrar aquí, es solo la emoción de al fin estar donde siempre soñé. En ese instante, se escuchó el fuerte sonido de unos tacones sobre el mármol del piso, Santiago extendió la vista por detrás de Viole y ella notó el gesto de desagrado en su rostro, pero que rápidamente disimuló. –Buen día –saludó una voz arrogante. –Buen día Eva –respondió Santiago y fue el único en hacerlo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR