La joven lo miraba con sus bellos ojos muy abiertos, su barbilla temblaba ante la imponente presencia de Santiago, aunque internamente suplicaba: “Abrázame Santiago, ha pasado demasiado tiempo.” –¿Qué? –exclamó en voz alta, ante la voz que escuchó en su mente pidiéndole a su jefe que la abrazara y llamándolo por su nombre. –Disculpe señorita García, solo me extrañó que supiera exactamente cuál es mi comida favorita. –No, no me refería a eso –aclaró, para arrepentirse de inmediato y rectificar, no podía permitir que pensara que había perdido la cordura–, lo siento, la elegí porque es una comida rápida, fácil de digerir y todos comen arroz, ¿no es así? –Sí, así es –señaló Santiago no muy convencido, se dio una palmada mental, no podía asustarla con sus impresiones, esa pregunta que le hi

