Capítulo 1

1252 Palabras
Doce años después… –Bienvenido señor Velázquez, hoy es un día muy especial para nosotras y me alegra mucho que haya podido asistir –le manifestaba con una sonrisa en todo su rostro, la Madre Superiora de la Congregación de Siervas de María a Santiago Velázquez, el poderoso, magnético e impasible hombre que estaba frente a ella rodeado de guardaespaldas; que también era el mayor benefactor del orfanato que ella dirigía. Lo especial de ese día era que todas las niñas que habían superado las exigentes pruebas del catecismo, esa mañana tomarían la Primera Comunión. Enseguida, por instrucciones de la Madre Superiora, formaron a todas esas niñas y les indicaron que debían agradecer al señor Velázquez, una por una, su gran generosidad. Él, apenas pudo disimular su incomodidad ante el anuncio, ya que desde hacía mucho tiempo había perdido sus habilidades sociales, tampoco iba a la iglesia porque ese que estaba allí representado en una cruz, le había arrebatado al amor de su vida. Acudió esa mañana porque pensaba hacer acto de presencia y decir adiós inmediatamente, ahora debía atender a una larga fila de niñas que ya habían ubicado frente a él, todas vestidas de blanco con coronas de flores en la cabeza, Santiago pensó que parecían pequeñas novias. Comenzó el desfile y llegado el turno de una de ellas, él quedó arrobado: “¡Esos ojos!” –se decía mentalmente. “Este hombre, ¿por qué creo que lo he visto antes?” –pensó ella. Ambos se miraban fijamente hasta que una monja intervino: –Viole, camina, dale oportunidad a las demás. La niña avanzó, pero giró su cabeza dos veces para verlo y en cada ocasión se encontró con la mirada interrogante de él. Santiago se tomó un momento para hablar con uno de sus hombres: –Pregunta por esa niña, la llamaron Viole, es esa que se quedó mirándome. –Enseguida señor. Continuó el acto y, contrario a lo que pensó al principio, se quedó durante todo el evento, siempre atento a la niña que también lo miraba furtivamente cada tanto. Su hombre llegó y le informó: Viole es huérfana, una pareja la dejó en el convento envuelta en una manta de algodón; al crecer un poco comenzaron a llamarla Violeta por el color de sus ojos; finalmente la monja que la recibió la bautizó como Viole García, dándole su propio apellido. A partir de ese momento Santiago Velázquez decidió hacerse cargo de todo lo concerniente a esa niña; a sus treinta años y luego de doce años viudo por haber perdido a la mujer que amaba desde que era un niño en un trágico accidente de automóvil, se horrorizó de la inquietud que despertó en él la criatura, sin embargo, algo muy fuerte lo llevó a decidir que cuidaría de ella. Él quedó pendiente y a escondidas iba cada vez que había un acto donde ella intervenía, estuvo al tanto de sus estudios de diseño y le ofreció a su tutora sor Cristina que, cuando estuviera preparada, la llevaría al taller de confección de su empresa. Efectivamente, se encargó de arreglar todo para su ingreso en la casa de modas apenas cumpliera la mayoría de edad. “Sus ojos son idénticos a los de mi Macarena, ¿cuál es la probabilidad?, si creyera en esas cosas diría que es ella en su nueva vida. Mi Macarena, la mujer que amé desde la primera vez que la vi y fijó en mí sus maravillosos ojos.” INICIO DE FLASHBACK Santiago y Macarena tenían apenas dieciocho años cuando se casaron, pero se amaban desde niños y ya no podían esperar más, tampoco deseaban correr riesgos ya que, hacía tres años que eran íntimos y si los descubrían o se embarazaba, el escándalo hubiera sido mayúsculo. –Papá, mamá, estoy enamorado de Macarena y quiero hacerla mi esposa –declaraba Santiago una tarde mientras almorzaba con sus padres. –Papá, estoy enamorada de Santiago, sé que es el hombre de mi vida, con él quiero formar una familia y mi hogar –decía Macarena casi al mismo tiempo, frente a su padre que simplemente asintió sonriendo ante las palabras de su hija. –¿No estás demasiado joven para casarte? –inquirió Eva, su hermanastra. –No, ambos estamos seguros de nuestros sentimientos y de lo que deseamos en el futuro –respondió Macarena firme y seria. –No sé papá, ¿a ti qué te parece? –insistía Eva en intervenir. –Me parece muy bien, en realidad, ya los Velázquez y yo habíamos comentado al respecto y sabíamos que tarde o temprano, nuestros hijos hablarían de matrimonio, ¿para qué darle más largas? –manifestó tranquilamente Amador Recio, padre de Macarena y de Eva. Afortunadamente a sus familias les convenía ese matrimonio, así que los jóvenes, ajenos al trasfondo de interés que había con su unión, estuvieron felices de obtener la aprobación para su boda. FIN DE FLASHBACK Tristemente, solo convivieron seis meses como esposos, debido a que Macarena murió en un inexplicable accidente y Santiago cambio radicalmente, dedicándose única y exclusivamente a la empresa familiar, convirtiéndola en la casa de modas más exitosa de España. *** Por otro lado, Viole García ha crecido en el orfanato de un convento y por alguna extraña razón no ha sido adoptada, ella es muy tranquila, algunas veces se ve pensativa o aislada de todos leyendo alguno de los libros que su benefactor le hace llegar con frecuencia; las monjas la aprecian mucho porque es muy colaboradora, cuida de los más pequeños, ayuda en la cocina y en la limpieza también. En varias ocasiones al no lograr conciliar el sueño se pregunta: “¿Cuántas personas soy yo? Porque a veces siento que este no es mi cuerpo.” Viole nació con ojos azules que en pocos meses pasaron a ser purpura, un rasgo bastante llamativo; ahora usa el cabello corto porque otros niños tuvieron piojos y se alarmó, por lo que pidió que le cortaran su larga cabellera marrón y comenzó a usar un pañuelo cubriéndose la cabeza. Es larguirucha y muy delgada, muy cercana a sor Cristina, quien la ha cuidado desde que se la entregaron en la puerta del convento, esa monja siempre la anima mucho porque admira su interés en aprender ya que la niña no se pierde ninguna clase. En una oportunidad su benefactor incluyó entre los libros un cuaderno de dibujo y muchos colores con los cuales comenzó a hacer trazos muy bien definidos, su mente creativa era asombrosa desde muy niña y sor Cristina sonreía cuando le mostraba los vestidos que dibujaba en su cuaderno. Viole muchas veces ha preguntado por su origen y siempre le han respondido lo mismo: –Sor Cristina, ¿todavía no se sabe quiénes son mis padres? –No mi niña, eso es muy difícil porque llegaste envuelta en una manta de algodón, pero no había nada más que te identificara a ti o a tu madre. –¿Los que me trajeron no dijeron nada? –Ya te lo he dicho mi pequeña curiosa, fue una pareja, no parecían ser tus padres y de verdad, yo no creo que lo hayan sido. –¿Quién me recibió no les preguntó? –Yo fui quien te recibió, lo sabes bien y simplemente me dediqué a cuidarte con la ayuda de otras religiosas, yo me prendé de ti desde que te sostuve en mis brazos y no, no pregunté, en el fondo presentía que no habría ninguna respuesta.
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