Capítulo 2

1125 Palabras
Llegó el día del cumpleaños número veintiuno de Viole, sor Cristina estaba con ella en su habitación ayudándola a empacar. –¿Cómo te sientes mi niña? –Emocionada y asustada, quería que llegara este día para poder salir y trabajar en lo que me gusta tanto, pero no sabía que iba a tener que mudarme de aquí. –Es lo mejor mi niña, sería imposible que fueras y vinieras cada mañana y cada tarde, pasarías todo el día en el trayecto nada más, pero no te preocupes he visto fotos y videos del lugar más que tú, es buena zona, tiene mucha vegetación, el edificio cuenta con vigilancia y tendrás transporte a la puerta. –¿Voy a ganar dinero suficiente para pagar todo eso?, ¿ya ese señor te dijo cuánto va a pagarme? –Tendrás un buen sueldo para cubrir tus gastos corrientes, pero la vivienda y el transporte forman parte del sueldo. –¿En serio?, jamás pensé que las empresas hicieran eso. –La verdad que yo tampoco, sin embargo, todo eso estaba descrito en la oferta de trabajo que me hizo llegar tu futuro jefe. –Bueno, terminé aquí, vamos que quiero probar el pastel que me hizo sor Trinidad. –Eres una glotona Viole. –Es mi cumpleaños mami, ay perdón –dijo tapándose la boca. –Puedes decirme así si estamos solas, no te preocupes. Verdaderamente, cuando Viole comenzó a hablar de una vez le dijo mamá, siendo la figura femenina que cuidaba de ella todo el tiempo, fue algo natural y la madre superiora no se opuso al principio, solo que una vez que las otras niñas comenzaron a darse cuenta, tuvo que hacer un pacto con Viole para que lo conservaran como un secreto entre ellas. Al llegar al comedor ya la Madre Superiora estaba esperándola, acompañada de otras monjas y las niñas que residían allí, todas la recibieron cantando el Feliz Cumpleaños, Viole aplaudió y agradeció efusivamente por su pastel de chocolate. –¡Felicidades Viole! –dijeron en un grito alegre las niñas. –También te deseamos mucho éxito en esta nueva etapa que emprenderás, solo espero que no olvides nuestras enseñanzas, aquí tienes algo que quiero que te acompañe todo el tiempo y que sea tu refugio siempre –manifestó la Madre Superiora entregándole un pequeño estuche de plástico transparente conteniendo un hermoso rosario con cuentas de cristal. –Viole, ¿cuándo te vas? –quiso saber una de las niñas más pequeñas y que ella consentía mucho. –Pasado mañana, así tendré tiempo de instalarme en mi nueva vivienda ya que comienzo a trabajar el lunes. –¿Vendrás a verme? –Claro que sí, vendré siempre que pueda y en cada festivo importante me tendrán aquí. Las niñas celebraron sus palabras y aplaudieron al tiempo de dar saltitos de alegría. *** El cumpleaños para la mayoría de edad de Viole era una fecha esperada y temida por Santiago Velázquez, quien no había perdido el interés en ella manteniéndose al tanto de su desarrollo y progreso, al punto de asegurarse que, paralelamente a sus estudios regulares, asistiera a cursos virtuales de diseño y costura, debido a que sor Cristina le hizo llegar algunos de sus dibujos, por lo tanto, él pudo notar las habilidades de la joven desde muy temprana edad. En la casa de modas ya estaba anunciando que vendría una nueva asistente para el taller y les pedía su máxima colaboración. –No se preocupe señor Velázquez, le daremos la bienvenida y estaré al tanto de su desempeño. –Se lo agradezco mucho, doña Sofía –respondió con la formalidad y seriedad que lo caracterizaba–, es muy joven, pero noté su capacidad, así que espero desarrolle aún más sus habilidades con ustedes. –Seguramente así será. –¿De quién hablan con tanto entusiasmo? –preguntó Eva, saliendo de uno de los espacios donde se cambiaban las modelos. –Una joven y nueva diseñadora que se incorporará a nuestro taller –respondió la encargada del taller. –¿Joven y nueva diseñadora?, debería comenzar como ayudante antes de darle alguna responsabilidad que nos pueda costar –expresó Eva enseguida. –Claro, comenzará como mi ayudante, yo misma me haré cargo. –Y nos reportas cualquier fallo –exigió Eva–, no correremos riesgos con gente desconocida. Santiago inspiró profundamente, detestaba cuando Eva intervenía de esa forma en los asuntos de la casa de moda, aunque tenía cierto derecho al ser representante de la familia Recio con quienes su familia tenía alianza comercial desde su boda con Macarena. Eva Recio era la hermanastra de Macarena, rubia de ojos verdes, con una belleza única y un cuerpo que la llevó a ser la principal modelo en la pasarela de la Casa de Modas Velázquez, puesto que ostentaba hasta el presente. Una modelo que había intimidado despiadadamente a cada joven aspirante que llegaba a la casa de modas, amparándose en el apellido de su padre como socio de Santiago Velázquez; le encantaba infundir temor, se paseaba por cada división de la casa de modas como si fuera la dueña y señora; sin contar que muchas veces ha dejado entrever que ella y Santiago tienen una relación más allá de lo laboral. Santiago, durante todo el tiempo transcurrido, no ha cedido a las insinuaciones de su “cuñada”, las cuales no han sido discretas, sin embargo, la ha mantenido en la empresa porque, ciertamente, es una excelente modelo, aunque ya su edad esté por superar el límite ideal, ella se dedica obsesivamente a su figura y cuida extremadamente su piel, con el único fin de mantener su puesto junto a Santiago. Lo observó darle la espalda y caminar hacia el ascensor, Eva entrecerró los ojos, soltó el aire con frustración, desde que lo conoció lo deseó para ella, lamentablemente él respiraba el aire de Macarena, caminaba sobre los pasos de Macarena, vivía para Macarena y, aunque ella estaba muerta y enterrada, Santiago parecía ser un caparazón vacío ante su ausencia. Este se retiró a su piso luego de recibir un mensaje de sus amigos Pablo y Joaquino avisándole que lo esperaban en su oficina. –Joder tío y esa cara que te traes, ¿por qué es? –preguntó Joaquino al verlo, él era el más extrovertido de los tres amigos. –Estaba anunciando la llegada de Viole García, la nueva ayudante del taller y apareció Eva, estoy seguro de que ahora estará pendiente de ella. –¿Viole García?, ¿es tu protegida no? –indagó Pablo. –Así es –afirmó manteniendo el gesto de preocupación. –Pues, tienes razón en preocuparte, porque esa víbora apenas nos permite a nosotros acercarnos a ti –exclamó Joaquino.
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