CAPITULO 21

2049 Palabras
Me encontraba concentrada escribiéndole a Beatriz una carta, en el último mes me había salido varias veces con ella, nos habíamos acercado bastante, hasta podíamos decir que éramos las mejores amigas, ella y yo nos entendíamos, incluso tenía la suficiente confianza con ella para contarle lo que había pasado con Jonathan y yo… suspire y deje la pluma un lado, y recargue mi cara en mi mano, había pasado ya un mes desde de que había peleado con Jonathan, hace ya un mes no nos dirigíamos la palabra, el nunca vino a disculparse por sus palabras y por mucho que deseara verlo no me lo permitía, mi orgullo era más grande que las ganas de verlo… Mire a la ventana, desde ella alcanzaba a divisar como el mayordomo y la criada sonreían mirándose a los ojos, su sonrisa me recordaba a la que yo colocaba cuando Jonathan y yo estábamos juntos… la verdad es que todos los días me preguntaba si él pensaba en mí como yo lo hacía, si al acotarse en su cama pensaba en mí, en nuestra última noche juntos, esperaba que sí, que no me olvidara, que pensara en mí como yo lo hacía en él, la verdad es que lo extrañaba un montón y para que seguirme mintiendo, todos los días pensaba ir al palacio a buscarlo y decirle que era un idiota, que lo había estado esperando, y que si se disculpaba, lo olvidaría todo. Sacudí la cabeza, pensar en Jonathan me hacía mal, cada vez que pensaba en el mil de sentimientos me abordaban y el nudo de mi garganta se hacía más grande, las ganas de gritar y destruir todo a mi ale redor eran contantes. Llame a una criada, esta como de costumbre llego en unos segundos, siempre lo hacía, le avise que saldría que tuviera listo el carruaje, esta asintió no son antes avisarme que me había llegado una carta y entregarla, pensé en abrirla cuando llegara, sin embargo, al ver el remitente de la carta cambie de opinión. 30 de agosto de 1749, gran bretaña Londres. Para mi amada, Sarah Hace ya más de un mes que no me respondes mis cartas, y te entiendo, entiendo la razón, la verdad desde que me entere de tu situación sentí el peso del mundo caer sobre mí, quería morir y es que te amo tanto que no podría vivir en un mundo  en el que no estés, no lo quiero ni imaginar, y la verdad es que lo siento por no estar para ti en ese momento difícil, me sentí aliviado al saber que habías perdido las memorias, sé que esta situación no debería alegrarme y que al contrario debería estar terriblemente desesperado porque recuperes la memoria, pero es que la verdad me alegra que dejaras de responder mis cartas porque me habías olvidado y no porque me dejaras de amar, soy una terrible persona por pensar esto, espero que me puedas perdonar. Espero que pronto recuperes tu memoria, que recuerdes todos y cada uno de mis días a tu lado, deseo fervientemente que me recuerdes, aun recuerdo el día que te conocí, te veías tan hermosa, tan cuerda, tan delicada pero tan fuerte a la vez… Te extraño y deseo verte de nuevo, espero que me escribas una carta confirmando cuando podríamos vernos, por favor envíala a calle 129 c #138 -94. Estaré esperando tu respuesta. Siempre tuyo Esteban. Me encontraba con la garganta seca, y mis manos sudaban, por alguna razón había comenzado a llorar, al parecer este cuerpo y esta mente de alguna manera recordaba a Esteban, de verdad la antigua Sarah debió amarlo, me enternecía esta carta, al parecer el conde Esteban también amaba a la antigua Sarah, sin embargo la Sarah que él había conocido alguna vez había desaparecido, en su lugar estaba yo, y de alguna manera aunque mi cuerpo lo recordara y al parecer sintiera algo por él, yo no, no lo amaba, de alguna manera mi corazón estaba en otro lugar, mordí mi labio y deje la carta encima del escritorio, no sabía si debía ignorar la carta o escribirle devuelta ¿pero qué debía decirle? Que no lo recordaba y que no sentía nada por él, no quería decirle esto y romper su corazón, pero creo que ignóralo también sería una crueldad, tome mis cosas y salí, después pensaría en que hacer, por el momento iría a tomar el té… En me encontraba en la cafetería, esta estaba llena de nobles de todos los rangos, había conocido esta cafetería debido a Beatriz, me había enterado de que este lugar solo era para la nobleza y la realeza, era un lugar hermoso de pies a cabeza, y su comida era deliciosa, realmente me gustaba este lugar, aunque claro estuviera lleno de personas mirándote a cada momento pata juzgarte, aunque eso quedaba en segundo plano cuando pensaba en la deliciosa comida, la comida de este lugar se había vuelto una salida para no pensar en Jonathan. Mira la ventana, las personas pasaban alegres, y las parejas sonreían mientras caminaban por la avenida, suspire, me centre en una pareja en particular, esta estaba tomada de la mano mientras el chico le decía cosas a la oreja de vez en cuando, la chica ruborizada le daba pequeños golpes, se veían realmente felices, podía jurar que la forma de sus ojos era de corazones, me reí, la verdad algún día deseaba encontrar el amor… Estaba a punto de pedir un nuevo pastelillo de fresa cuando la campanilla sonó y de pronto escuche  un jadeo colectivo y las sillas ser movida, voltee mi mirada hacia la puerta y todo pareció ir en cámara lenta, me quede estática y mi respiración se detuvo, era Jonathan, este entraba con gran dignidad y una sonrisa en el rostro, me incline rápidamente al igual que los demás, y volví a mirarlo, después de un mes por fin volvía a verlo, mi corazón se apretó dolorosamente… sentí mi mundo tambalear, mi tuve ganas de llorar, no solo el hecho de haberlo vuelto a ver, sino por el hecho de que estaba acompañado por una chica. Todos regresamos a nuestros puestos y la verdad es que yo no puedo dejar de verlos, se veían también, mordí mi labio y sonreí tristemente… Ella era hermosa, parecía una flor, desde lejos se podía ver lo perfecta que era, y por primera vez desde que llegué a este mundo tuve envida y envidia de la buena, me sentía insignificante, y el nudo que había estado en mi garganta durante este mes se sintió mucho más apretado. Él se veía tan bien y tan feliz a su lado, parecía como si no estuviera mal por nuestra ruptura. Al parecer se había tomado mis últimas palabras muy en serio, llame al camarero y rápidamente pague la cuenta, debía salir de este lugar, me estaba asfixiando, salí rápidamente, corriendo, ignorando el dolor de mis piernas al correr, mi mente no dejaba de reproducir el sonido de sus risas, disfrutando la compañía del otro, corrí y corrí hasta que encontré un callejón, me senté en él, coloque mi cabeza entre mis piernas, de pronto sentí como las gotas de lluvia comenzaban a caerme, pero eso no me importo, lo único que mi mente podía procesar y pensar era que seguramente Jonathan ya me había olvidado, que este había encontrado la persona que tanto había buscado, la persona con quien se casaría, me los imagine casándose, y siendo felices, mientras yo los miraba de un lado como lo había hecho hoy en la cafetería, a un lado, viendo su felicidad mientras la mía se me escapaba de las manos… Grité con todas mis fuerzas y lo entendí, lo entendí absolutamente todo, me gustaba Jonathan más de lo que quería admitir. Ahora todo tenía sentido, mis latidos no se debían a la adrenalina se debían a su presencia, de alguna manera él había logrado colarse en mi mente con unas cuantas palabras, con unas cuantas miradas y unas cuantas sonrisas, sin darme cuenta, él se había robado mi corazón, y no sé en qué momento había pasado esto, solo habían sido unas cuantas reuniones, un pícnic a las estrellas y unas cuantas folladas, era impensable y tonto, pero la verdad es que todo había sido tan natural, tan relajante… y ahora todo eso había quedado en el pasado, levante el rostro de mis piernas y mire el cielo. —“¿Por qué esto aquí? ¿Ese era tu maldito plan? Traerme aquí y hacerme sufrir, dejar que él se colara en mi corazón y ahora arrebatármelo, eres un genio, primero a mis padres y ahora a él.” Dije mostrándole el dedo medio al cielo, no sabía si había sido el dios que concia otro dios, pero le guardaba y rencor, odiaba el destino y lo odiaba él… Habían pasado ya una hora en la cual había estado sentada en el callejón lamentándome y mirando a las personas pasar, ajenas a mi dolor, todo era tan diferente ahora, suspire y me levante, el frío se colaba en mis huesos, pero nada de esto importaba, comencé a caminar en dirección al carruaje, pase nuevamente por la cafetería y los vi a través de la ventana, realmente parecía que había química entre ellos, tal vez nuestro destino siempre fue conocemos y nunca amarnos, mordí mi labio deseando que él sintiera que lo mirara, deseaba que me mirara, solo una última vez, antes de dejarlo ir… solté una carcajada cuando vi al cochero tomarme del hombro y alejarme de la ventana, él no me miraría nunca jamás, con el corazón roto y las esperanzas por el piso me subí al coche, al llegar a casa salude al vejete y el resto de la familia, todos callaron al verme llegar empapada con los ojos hincados, sin embargo nadie pegunto nada, todos permanecieron en silencio, al entrar a mi habitación busqué las cartas de Jonathan aspirando su olor, las leí nuevamente, y me di cuenta de que estas malditas cartas eran culpables de muchas cosas, desee romperlas, pero no tuve la fuerza suficiente para hacerlo, con rabia las tire  por la habitación, y de manera brusca comencé a quitarme la ropa, mientras que con frustración la tiraba por toda la habitación, nunca había sido buena para manejar mis emociones, nunca había tenido a nadie que me enseñara a manejarlas, desde que tenía memoria mis emociones siempre me habían frustrado.  Arrastre la silla del escritorio, tome un papel y una pluma y comencé a escribirle una carta al conde Esteban, iba a aceptar su invitación, iba a olvidar a Jonathan aunque tuviera que meterme por los ojos al primer hombre que me pasara por los ojos, ahora estaba enojada, como había dicho no sabía como manejar mis emociones, sin embargo, no pude terminar de escribir la carta, mi visión comenzó a colocarse borrosa y pronto me di cuenta de que me había subido la fiebre, intente seguir escribiendo la carta debía terminarla. —“oh por dios señorita, Claudia llama al médico” Sentí gritar a la criada antes de desmallarme y caer una profunda oscuridad, por primera vez en meses había dejado de sentir la terrible opresión en mi pecho… Había pasado una semana desde que estaba en cama, tenía neumonía, el doctor me había recetado múltiples medicinas  o bueno eso era lo que sentía, porque la verdad llevaba días en los que iba y venía, a veces permanecía despierta unas horas y otras estaba contantemente desmallándome, según había escuchado de la cariada que me estaba cuidando, las medicinas no me hacían efecto, el vejete se encontraba desesperado y había mandado a llamar a múltiples doctores, sin embargo ninguno había podido encontrar la razón por la cual les medicinas no me hacían efecto, mi cuerpo dolía y mis pulmones quemaban, realmente quería mejorarme pronto, no podía morir de nuevo, no señor, esta vez realmente tenía que disfrutar mi vida no sabía si tendría una más después de esta, y no estaba dispuesta a averiguarlo. —“señorita tiene una visita” ¡Vaya! Eso era inesperado, según me había dicho la criada Beatriz no podía venir, también se encontraba enferma, ella tenía una simple gripa, pero en mi condición que estuviera cerca de ella era contraproducente.
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