El todoterreno se detuvo y contuve la respiración cuando el conductor abrió la puerta. Una cabeza oscura asomó y mi aliento silbó entre los dientes. —Máximo—, chillé. —¿Amanda?— Máximo gruñó. —¿Amanda?— preguntó Víctor mientras su mirada oscilaba entre nosotros, la confusión se arremolinaba en su rostro. Instintivamente, me puse delante de Adonis, protegiéndolo con mi cuerpo. —Princesa, ¿Qué te dije de interponerte entre una bala y yo?—. Adonis gruñó, todo primitivo y profundo, enviando ondas aterrorizadas corriendo por mi espina dorsal. —Es un ejecutor de Santana—, susurré, forzando mi voz entrecortada a salir de mi garganta constreñida. La mirada de Máximo me clavó en el sitio y luego se dirigió a Víctor. —¿Quién es ella para los De la Cruz?—. Preguntó con voz dura y amenazadora.

