—A-Alexander… —jadeé, sintiendo cómo el placer me nublaba la vista. —Dime, Chloe… ¿Todavía crees que necesitas esos juguetes? Me aferré a sus hombros, con la respiración entrecortada, el cuerpo entero ardiendo. —No lo sé… Alexander gruñó, deteniéndose de golpe dentro de mí. Mis uñas se clavaron en su piel. —¿Por qué los usas? —su tono era grave, casi amenazante. Tomé aire con dificultad, aún temblorosa. —Es un… producto que pruebo. Alexander frunció el ceño. —¿Qué? —Soy… una probadora beta —expliqué con la voz temblorosa—. Me regalan el producto para que lo pruebe… Alexander pareció analizar mis palabras, su mandíbula apretada. —Entiendo… —murmuró—. Entonces, ¿no has estado con un hombre? —No como tú crees… —dije, aún jadeante—. Esos consoladores… son algo parecido a un hombr

