¡Disfrute su té Srta. Campbell!

2097 Palabras
Erick La rubia se va diciendo miles de insultos, suelta un portazo y me rio con fuerza, soy una mierda y eso no me afecta, el romanticismo nunca ha formado parte de mi vida, amo los coños es el único amor verdadero que siento, me encanta disfrutar de la variedad que ofrece la vida, nunca podría hundirme en una sola mujer. De pronto mi mal humor llegó al ver las bragas de la zorra que se acaba de largar. Masajeo mis sienes intentando calmar la resaca que jode mi existencia. Camino por mi departamento desnudo, me dirijo hasta el refrigerador, tomó entre mis manos un recipiente con jugo de naranja y me lo empino, sin utilizar un vaso. Mis ojos se desvían a la piscina y no dudé en zambullirme en ella, observo desde el borde, el día está soleado. Refresco mi cuerpo y una llamada interrumpe mi tranquilidad, no me queda otra que atender, ya que ser el punto CEO genera responsabilidades difíciles de ignorar. —Señor Montalvo, el príncipe de Ville Ross solicita una cita con usted si es posible hoy mismo —Resoplo enojado ¿Cuándo será el día que disfrute mi fin de semana? Es mi asistente, la insulsa Srta. Campbell, hasta virgen ha de ser, dudo que alguien desee acostarse con ese espantajo. —Sr. Montalvo ¡¿Sigue en línea?! —Sí, agenda la cita con ese cretino para las 2:00 PM —Perfecto señor, otra cosa recuerde ir al lobby del hotel Grand Royal, de preferencia debe ir vestido de n***o o azul, ya que el príncipe odia ver otro tipo de colores en reuniones de trabajo. —Príncipe de Ville Ross mis polainas, confirma la cita, pero iré como me dé la gana, él está en mi territorio. Ese tipo no impondrá su mandato en mi propio reino —Exclamó irritado, entre la jaqueca, oír la voz de mi secretaria y el maldito príncipe, hicieron de mi día una porquería. —Entendido señor. Lo estaré llamando por si se le ofrece algo —Ja, ni crea que disfrutara su fin de semana y yo trabajando ¡No! ¡No! —¿No irá conmigo?, debes anotar las exigencias de hijo de mami y papi de Ville Ross ¿O piensas que lo haré yo? Sería el colmo que luego de hacer mi trabajo, realice el tuyo también ¡Para algo te pago! —En mí no existe tacto, jamás lo he tenido. —He… Yo no puedo asistir señor, no tengo quien cuide a mi hermano —¿Piensa que me importa? Pues no me interesan sus putos problemas con su mocoso, que lo deje sin compañía, se debe saber cuidar, tiene que hacerse hombre. —¡No puedes! ¿Eso que me importa? No me interesan tus excusas, te quiero en mi casa dentro de media hora, o consideré despedida. Recuerde utilizar un atuendo decente Srta. Campbell —ella suspira con pesadez disfruto que se enoje, pero no refuta mi orden, es una cobarde, no tiene el coraje para enfrentarse a mí, por eso ha sobrevivido como mi asistente tanto tiempo, jamás refuta una orden, es sumisa por naturaleza. No espero respuesta cuelgo sin más, no deseo seguir escuchando su irritante voz de mojigata. Voy a la ducha, lavo mi cuerpo y entre toque y toque una erección se despertó en mí. Odio pajearme para eso son los coños. Decido graduar la temperatura del agua, las gotas frías solucionaron el problema. O medio problema, sin embargo ignoró ese hecho visto un traje a la medida azul marino, no porque el príncipe lo solicita, sino porque ese color me favorece, luzco ardiente y como un puto dios. El timbre suena y sé de quién se trata, ya que lo hace dos veces, ella tiene la llave, es mi horrenda asistente, de esa manera me está avisando que entrara. Continuó engominando a la perfección mi cabello, soy muy egocéntrico con mi cuerpo, me gusta estar de punta en blanco por dos cosas; la primera para verme inalcanzable y la segunda para que los coños me lluevan desde el cielo, ninguna se puede resistir a mí. Por último aplicó perfume en mi pecho y en mi paquete uno nunca sabe que boca se paseará por allí. Río con la suficiencia que me caracteriza al verme en el espejo. Soy una deidad, ni el suelo es digno de ser tocado por mis zapatos, encojo mis hombros, ya que no queda de otra, me encamino hasta la puerta. Al llegar a la sala de estar no pude evitar sorprenderme — ¡Jodida mierda! Srta. Campbell ¿Qué demonios hace con ese niño? —Espete sin remordimiento alguno. Su ropa luce un poco más decente de lo que acostumbra, pero sigue siendo una ofensa ante mis ojos, esas gafas obsoletas cubren su rostro impidiendo que su color de ojos se refleje como debe ser. —Señor… No tengo con quien dejarlo —Habla tartamudeando, así acostumbra, resoplo muy enojado. —¿Pretendes que los llevemos a nuestra reunión con el príncipe? —El mocoso me hace caras extrañas y por último saca la lengua y eso causa que me enoje un poco más ¡Maldito enano! Es el pensamiento que rebota en mi mente. —No lo dejaré. Lo siento, estoy en mis días libres, si desea Sr. Montalvo grabé la conversación y luego apuntó los requerimientos —Al fin responde como una mujer segura. Su firmeza me sorprendió, no puedo negar que valiente si fue, pero dudo que la valentía le dure más de un minuto, también note que ese pequeño es su debilidad y saca las garras cuando se trata del demonio pelirrojo que la acompaña. Es muy diferente a ella —Su comentario se encuentra fuera de contexto. No me importa si está en sus días libres, yo soy su jefe por lo tanto si la necesito a las tres de la madrugada usted viene a mí en silencio ¿Olvidó su contrato laboral? —Arruga la nariz y me divierte, no me espere que el pequeño bribón corriera hasta donde me encuentro y golpeará mi pierna tan fuerte que un quejido de dolor salió de mi garganta. Ella abre los ojos aterrada, lo toma por el brazo y lo coloca detrás de su espalda —Lo siento, disculpe a mi hermano por favor —Suplica temerosa con las mejillas sonrosadas, un color que le queda bonito tiene la tez pálida y sin duda ese tono carmesí le favorece. ¡Joder! ¿Qué pensé? Sacudo mi cabeza desechando a la basura mis pensamientos estúpidos. —Pequeño demonio —escupí con rabia —Te hacen falta unas buenas nalgadas —Sale de su escondite, es muy altanero para ser tan enano. —No me das miedo ogro de las tinieblas, a mi hermana no le hables de esa manera o te golpearé una vez más —dice el muy soberbio. ¿Qué se cree esté maldito enano? Me fui encima de ella, intenté tomarlo, jalaré sus orejas por atrevido, la chica se interpone entre ambos y sus senos firmes chocaron con mi pecho, me quede sorprendido se sienten grandes ¿Pero cómo? Si con esa ropa no se nota si posee atributos o no —Solo es un niño y usted es un adulto. ¡Ambos compórtense! —Tiene carácter al fin saca su mal humor en un poco más de dos años trabajando con ella, nunca me había hablado así, tocó mi barbilla y la miró fijo ¡Es un hecho la intimidé!, su valentía se fue al suelo ¿No que muy valiente? Sonrió y me acerco con cuidado cuando retrocede con el mocoso detrás de ella todavía, no me sostiene la mirada. Me encanta intimidar, nací para que bajen la mirada ante mi presencia, aprovechó su descuido y tomó al pequeño endemoniado, pero es ágil y un puño impacta mi estómago provocando que me doble del dolor. Me tiré en uno de mis sofás intentando inhalar el aire que perdí a causa del golpe —2-0  —exclama el mocoso saca su lengua y me hace caras extrañas, su hermana lo está reprendiendo mientras una puta lágrima escapa de mi ojo. No lo puedo creer el gran Erick Montalvo derrotado por un enano que no llega ni a diez años. Intento reponerme y mi asistente busca agua y me trae un poco, mi rostro está rojo, mi sangre hierve, deseo contarle el cuello al pigmeo  pelirrojo que sonríe con burla. Bebo recuperando el aliento —¡Quedas despedida! —Dije sin más, ella es la culpable por traer a este ser demoníaco a mi hogar. La orgullosa no súplica y eso me enerva más —Como lo deseé señor —Se aleja y toma al demonio escarlata por un brazo y él la abraza, pero en segundos es el enano quien interviene —Disculpe mi atrevimiento señor, mi hermana no tiene culpa. Sonrió ¿Dónde quedó su altanería? —Te disculparé, pequeño gusano, pero… —Señor Montalvo, no permito que ofenda a mi hermano, si me quiere correr, ¡Perfecto! Consigase otra asistente, pero no es necesario las ofensas —Su nariz se enrojece y sus ojos se achican. Sin duda ese niño es su debilidad. Mi enojo solo se intensificó —Su altanería no me simpatiza Srta. Campbell, no la corro porque la necesito, pero recuerde este desagradable momento quedará anotado en mi lista negra. ¡Apresurémonos! Que gracias a su hermano llegaremos tarde —Gruño con molestia. Manejo por treinta minutos y al llegar su rostro se desencajó, se dio cuenta de que su aspecto en general no combina con semejante lugar tan elegante la recepcionista me sonríe de forma lobuna, mi mirada recae en sus pechos inflados, sus labios rojos se dirige a mí. —Bienvenidos —La de ella se pierde escaneando a la mujer que se encuentra unos pasos detrás de mí. —Señorita el príncipe de Ville Ross solicitó nuestra presencia —Rompí el mal momento que se formó. —Se encuentra en la suite presidencial, él los espera. —Con eso nos adentramos en el elevador, la tensión se siente, el mocoso se escuda detrás de su hermana y yo solo ruedo los ojos. Al llegar fuimos revisados de pies a cabeza, príncipe infeliz. Odio que me manoseen de esa forma. A mi secretaria solo la escanearon con el detector de metales. El momento fue incómodo, me apenaba enormemente caminar al lado de esta mujer, ella solo daña mi imagen y el diablo de pelo rojo, ni se diga, pero al príncipe eso no le importo la saludo como si fuera la mujer más hermosa del mundo. No puedo creer que le gusten tan feas y desabrida, su inteligencia es prodigiosa, sin embargo se ve opacada con tanto trapo de anciana. Al mocoso lo envían a otro cuarto mientras charlamos de negocios —Erick necesito un diseño nunca antes visto, deseo un auto insuperable, deportivo de preferencia, no soporto los vehículos del transporte real, quiero un coche que me represente. —Estás hablando con el indicado, mi asistente le enviará el diseño a la tuya cuando lo tengamos, todos los cambios se los comunicas, le diré a mi diseñador que te esboce un modelo fuera de este mundo. Hasta el mismo dios te envidiará —Lo adulo un poco, le sacaré mucho dinero principito. —Perfecto. Espero que este viaje haya valido la pena. —Te aseguro que si ¿Cuándo mi compañía te ha quedado mal? —Nunca, pero los tiempos cambian, he escuchado muchas cosas de ti «Eros» —Sonríe con malicia. —Así me llaman —Sonreí con sorna al saber cómo me gané ese título, soy la reencarnación del dios de la lujuria. Pasó una hora y los detalles quedaron afinados. —Señorita Campbell ¿Desea tomar té? —Le pregunta directamente a ella. ¡Mierda! No puedo creer que la está invitando a algo. —Lo siento, pero mi hermano es inquieto. —¿Qué niño no lo es? —Algo me molesta y no sé qué demonios es. —Hemos terminado Montalvo, me encargaré que su asistente llegue sana y salva a su casa —El imbécil me está corriendo para quedarse con la fealdad viviente de mi empleada ¡No puede ser! Mi furia se intensifica, aprieto mi mandíbula e intentó sonreír. —Perfecto, me despido. ¡Disfrute su té Srta. Campbell! —Solté con amargura. Ella asiente y sin más salgo del sitio, con una furia inexplicable carcomiendo por dentro. ¿Qué sucede conmigo?
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