**TESS** El despacho de Bastian no era una oficina; era un templo al minimalismo y al poder. Paredes de cristal de piso a techo, muebles de cuero italiano que olían a coche nuevo y un silencio tan pulcro que me hacía sentir como un ruido estridente solo por existir. Me quedé de pie en medio de la alfombra, apretando a Julieta contra mi pecho. Me sentía fuera de lugar, como si alguien hubiera puesto un sofá viejo y desvencijado en medio de un museo del Louvre. —Siéntese, Vance —dijo Bastian sin levantar la vista de su escritorio de obsidiana—. Tengo que terminar de revisar estos protocolos de seguridad. Miré la silla de diseño frente a él. Era una estructura delgada de metal y cuero blanco. Se veía tan frágil, tan… para gente delgada. —¿Seguro? —susurré, sintiendo que el sudor frío emp

