**TESS** El aire en el despacho estaba tan cargado de electricidad que juraría haber visto chispas entre los labios de Bastian y los míos. Sus manos eran dos anclas calientes sobre mis hombros, y por un segundo, me olvidé de que pesaba un gramo más de lo “permitido”. Me sentía ligera, deseada… casi hermosa. Pero entonces, el sonido seco de la puerta de cristal deslizándose cortó el silencio como una guillotina. —Bastian, el contrato de los muelles no puede esper… —la voz de un hombre, profunda y cargada de una arrogancia refinada, se detuvo en seco. Me separé de Bastian con tal violencia que mi cadera chocó contra el borde del escritorio de obsidiana, haciendo que el tintero de cristal tintineara peligrosamente. El rubor me subió por el cuello como un incendio forestal, quemándome las

