**TESS** El timbre del ascensor privado sonó con una nota metálica que me pareció el toque de una campana fúnebre. No era la hora de Bastian, y él no solía traer visitas sin avisar. Corrí hacia la sala de juegos para esconder a Julieta y, de paso, esconderme yo. Llevaba mi sudadera gris —mi manta de seguridad—, pero hoy se sentía como si estuviera hecha de papel transparente. —Bastian, querido, este lugar sigue siendo tan… funcional. —La voz de una mujer, afilada y elegante, inundó el vestíbulo. Me asomé por la r*****a de la puerta. Eran ellos. Los padres de Bastian, Arthur y Eleonor Valois, acompañados por su hermana menor, Gianna. Parecían salidos de una portada de revista de aristocracia: espaldas rectas, rostros que no conocían una sola arruga de preocupación y esa mirada de superi

