**TESS** Me levanté con torpeza, enganchando el calcetín en la alfombra pulida que cubría parte del suelo de madera y tambaleándome un poco mientras intentaba recuperar el equilibrio. Me alisé el camisón gigante que usaba como vestido —mi “armadura de invisibilidad”, una prenda vieja pero reconfortante que me hacía sentir segura— y caminé hacia la sala principal, donde el aire frío de la mañana se mezclaba con el tenue aroma a café que aún quedaba de la noche anterior. En medio de la estancia, junto a los ventanales que daban al lago Michigan, estaba Bastian. Se veía impecable en un traje azul noche, con una taza de café en la mano. A su lado, una mujer delgada, vestida de un n***o riguroso y con un moño tan tirante que parecía que sus cejas iban a salir volando, me examinaba con una lup

