**TESS** Había llegado el día. El viernes se cernía sobre mí como una sentencia de muerte vestida de gala. Madame Chantal había entregado el vestido rojo sangre en una funda de seda negra, como si fuera un arma de contrabando. Me pasé una hora en la ducha, exfoliando mi piel hasta dejarla roja, intentando borrar la sensación de ser “demasiado”. Me maquillé con manos temblorosas, siguiendo un tutorial de YouTube que prometía “afilar las facciones”, pero mi rostro seguía siendo el mismo: redondo, con ojos demasiado grandes y una boca que traicionaba mis nervios. “No respires, Tess. Si respiras, algo va a estallar”, me repetí mientras sacaba el vestido de la funda. La tela de terciopelo era pesada, suave y fría al tacto. Me deshice de mi jersey gigante y me quedé en ropa interior. Me sent

