**TESS** Me ovillé en la cama, cubriéndome con la sábana hasta la cabeza, deseando que la tierra se abriera y me tragara. El peso de mi existencia se sentía más real que nunca, una carga que no podía dejar en el suelo, un fardo que me acompañaría hasta el último de mis días. Las semanas siguientes se desdibujaron en una niebla de autocompasión y oscuridad. Las cortinas de mi cuarto permanecieron cerradas, convirtiendo mi refugio en una tumba donde el tiempo no existía. Afuera, el mundo seguía girando; escuchaba el bullicio de los preparativos para la graduación, los gritos de alegría de los estudiantes que, a diferencia de mí, tenían un futuro por el que celebrar. El día de la ceremonia, me quedé sentada en el suelo, mirando el birrete y la toga que descansaban sobre la silla, todavía e

