**TESS** Levanté la vista, esperando el “te quiero”, esperando el beso que sellaría nuestra unión. Stellan se acercó a mi oído, como si fuera a decirme el secreto más dulce del universo. Su aliento cálido me rozó la mejilla. —Pero seamos sinceros, Tess —susurró, y de repente, la calidez desapareció de su voz, reemplazada por un filo de hielo que me cortó el alma—. ¿De verdad creíste que alguien como yo podría estar con alguien como tú? Me quedé petrificada. El ramo de flores empezó a pesarme como si estuviera hecho de plomo. —Stellan… ¿qué…? —balbuceé, intentando procesar sus palabras. Él se separó, pero no con amor, sino con una mueca de asco que deformó sus facciones perfectas. Miró a la multitud, que ahora empezaba a soltar risitas contenidas. —Mírate, Tess. Mírate en ese vestido.

