Cap. 16

1628 Palabras
—Mierda—, jadeó, con la desesperación haciendo estragos en su sistema. Piensa, piensa, maldita sea. —¡Detén eso! —¡Abre la puerta!—, gritaron Tobias y ella al unísono. Sin detener sus pobres e inútiles intentos por abrir la puerta de cristal que los separaba. —¡Peter, abre la maldita puerta!—, golpeó con fuerza a la nombrada puerta de cristal. Peter del otro lado parecía tener un debate interno, dudaba. Se acercaba a la puerta para abrirla pero luego retrocedía dando largas zancadas, no estaba seguro de qué hacer. Hasta que algo pareció encenderse en la cabeza del muchacho... Y finalmente la abrió. Valentine por un escaso segundo sintió alivio. Porque estaban un paso más cerca de detener la locura que se había desatado en toda la ciudad. No dudó en entrar rápidamente a aquella cámara, siendo recibida de inmediato por el cañón de la pistola de Peter justo en su cara -entre ceja y ceja. Chasqueó la lengua y pasó de largo, dirigiéndose directamente a aquel panel de control; importándole poco recibir un disparo. Tobias levantó su arma, apuntando a Peter, ahora apuntándose entre ellos, mutuamente. Mientras Tobias caminaba cerca de ella, de forma protectora -y de no ser por la situación en la que se hallaba la ciudad, le habría enternecido- mientras tanto Peter caminaba hacia la puerta de salida, sin romper el contacto visual que mantenía firme en contra de Cuatro. —Te voy a encontrar, Peter—, casi gruñó Tobias, bajando el arma y viendo como el nombrado desaparecía por el mismo pasillo por el que ellos habían llegado minutos atrás. Entre aquella bruma anaranjada de suero de la memoria. Ojalá aspire lo suficiente como para que olvide hasta su maldito nombre. Pensó ella rodando los ojos y queriendo gritarle aquello al muchacho que huía despavorido. Por el borde del ojo pudo ver a Tobias agacharse y socorrer a Evelyn, quien no paraba de quejarse y lloriquear en el suelo. Pero, era una herida de bala en una pierna, por Dios, claro que dolía. —¿Lo conseguiste? —No. Maldición—, bufó y gritó furiosa, maldijo por lo bajo y jadeó de frustración. Desordenó su cabello. abatida. Toqueteaba varios botones, movía algunos interruptores, interactuaba con la pantalla holográfica. Pero parecía que cada acción solo lograba empeorar la situación. Ni siquiera había espacio en su mente para culparse completamente por la situación en la que estaban. Su cabeza se hallaba sumida en el miedo y la desesperación del momento... simplemente no había espacio para pensamiento racional más allá de: "debo apagar esto". —Edd. ¿Edd, me escuchas?—, gritó hacia la manga de la chaqueta. Pero no hubo respuesta, en absoluto. Sí... estaban jodidos. ( . . . ) Sin embargo, Edd corría por los pasillos de Erudición. Mientras que la inmensa corriente de personas se dirigía a la salida, tosiendo y cubriendo sus bocas del aquel gas desconocido para ellos, siguiendo el basamento egoísta de "sálvese quien pueda"; y por su lado, Edd se internaba más en los complejos, chocando con algunas personas, corriendo en contra de la corriente. Giró a la derecha, chocó hombros con varias personas más. Recibió algunos insultos por aquello, pero poco le importó, ya que había una situación que debía solucionar. Siguió derecho por el pasillo, luego a la izquierda, y por aquel pasillo se acercaba amenazante una nube naranja tan grande que iba del suelo hasta el techo -tan espesa que ni siquiera parecía un gas sino una cortina de humo; subió por las escaleras a su derecha, las cuales se veían despejadas. —¡Tu!—, un hombre Abandonado gritó hacia él con un arma en alto. Parecía no importarle el caos en el que estaban sumidos. Alzó las manos, acto reflejo. Pero no, no podía retrasarse, la ciudad dependía de ello. Regresó sobre sus pasos con rapidez, sabiendo bien que aquel hombre lo seguiría sin siquiera dudarlo. Se ocultó detrás de una pared, y en cuanto vio al hombre, tomó el arma y lo empujó hacia la nube anaranjada. Nuevamente reanudó su marcha. Subió aquellas escaleras. Giró en dos esquinas, otras escaleras, una esquina más y finalmente llegó a la cámara donde estaban Evelyn, Tobias y Valentine. —Valentine—, jadeó, apoyándose un poco sobre el panel de control, la nombrada no dudó en hacerse a un lado, sabiendo bien que él era el que podía solucionar el problema en el que estaban metidos—. Mira esto, es muy astuto, colocaron varios tubos de ventilación en...- —Edd, deja de hablar, concéntrate y dime en dónde está. Ahora. El pelirrojo tomó una fuerte respiración, pasando saliva para humedecer su garganta. —Está aquí—, señaló un punto en la pantalla, que ahora mostraba los planos del edificio de Erudición—. La válvula de aislamiento controla el flujo de aire. Solo que... no sé cómo llegar. Algo pareció encenderse en el cerebro de la pecosa al ver aquel punto amarillo casi en la mitad del mapa. —Yo sí—, jadeó, llevando sus manos hacia su cabello, amarrándolo mejor. Llamó al ojiazul: —Tobias. El nombrado se acercó hacia donde la castaña estaba señalando, una rejilla en el suelo. Él levantó esta y en menos de nada ella ya estaba activando los drones y ordenándoles bajar por aquel pasadizo. Luego bajó ella, con el arma en alto, y los drones cuidando su frente. —Está al final del pasillo—, el gritó de Edd resonó por todo el sistema de túneles en donde se hallaba ella. Un pasillo oscuro a morir, lúgubre, apestaba a moho, humedad, suciedad y abandono. La ponía de los nervios. Caminó por este, con mucho cuidado, sin embargo tan rápido como su fatigado cuerpo se lo permitía. Corrió. Sus pulmones ardían con cada respiración. Su garganta parecía cerrarse sobre sí misma. Sus piernas gritaban para detenerse. Sus brazos temblaban debido al peso del arma que cargaba. Su cuerpo pedía a gritos parar, pero ella no podía hacer algo así... Todo su cuerpo pedía algo de descanso, pero no lo haría. No podía. No, cuando la ciudad estaba en peligro. Cuando Tobias estaba en peligro. Cuando Uriah estaba en peligro. Vio a David en una pared a su lado, y sabía bien que se trataba de un holograma. —Cierra la puerta—, resonó en todo el pasillo. Y la puerta, casi al final del pasillo, se empezó a cerrar. —Maldito desgraciado. Corrió contra sí misma. Dos drones alcanzaron a pasar por debajo de la puerta, en tercero quedó a su lado. Y la puerta se cerró de golpe. —Yo controlo todo, Valentine, podría sellar la habitación en la que estás, ya deja de pelear. Se quedó estática frente a la puerta, donde ahora había un holograma de la cara de David. Suspiró cansada. —Val, también puedes bajar por las escaleras—, sonó la voz de Edd en su oreja.  Y en menos de nada ya se hallaba corriendo en la dirección indicada. Bajaba escalones, sintiendo un fuerte dolor en su pecho, producido por el exceso de actividad física. —Esto es tonto, detente. Fuiste mi creación, es como si fueras mi hija. ¿Y sabes lo que eres? Una niña malcriada. —Ahí te doy la razón. Y corrió más rápido, ahora por otro pasillo. El dron se adelantó a ella. —Sigue hasta encontrar una escalera. Subes por ella—, ahora se escuchaba algo distorsionada la voz de Edd sin embargo, era lo suficientemente entendible como para que pudiera seguir las indicaciones del pelirrojo al pie de la letra. Justo en ese momento vio a la mencionada escalera. El dron subió por esta, y luego ella, con bastante esfuerzo. Pero estando a la mitad de esta, una compuerta se cerró, y bajó de un salto. —Se acabó, Valentine. Casi resignada maldijo mentalmente todo. Todo. A David, El Departamento, a la gente del futuro, el haber confiado en esa gente y no en Tobias. Se maldijo a sí misma. Localizando objetivo. Localizando objetivo. Monótona, robótica. Eran los drones que habían llegado al punto que David le había impedido a ella. Pudo verlo a través del pequeño lente holográfico. Sí, estaban ahí. Miró por la pared, como si de rayos x se tratase, veía una enorme y confusa máquina, pero en un color rojo iluminado, estaba en el centro de esta, lo que Edd le había dicho. Era eso lo que debía destruir para terminar con esa locura —Tienes razón, David. Se acabó—, jadeó con una sonrisa, dándole una corta mirada al holograma a su derecha. Alzó el arma y disparó a la pared, hasta que se empezó a caer a pedazos. Un hueco quedó en esta, y Val ya podía visualizar bien su objetivo.  No dudó, no vaciló, ni siquiera lo pensó. Solo lo hizo. Disparó. Una, dos, tres, cuatro veces. ( . . . ) Distribución del suero: suspendida. —¡Sí! Y eso que soy Defectuoso... Evelyn se recostó en Tobias, quien la sostenía con fuerza, sabiendo lo mal que se encontraba, sonrió un poco sintiendo el alivio momentáneo por saber que ya no serían borradas sus memorias -pero su mueca de dolor regreso al sentir una punzada recorrer toda su pierna. El gas poco a poco empezó a disiparse. Valentine salió de la compuerta por la que había desaparecido hacía un rato. Empapada en sudor y cubierta de mugre. Ella le sonrió a Tobias y a Evelyn, y se acercó a Edd. —Nos ayudaste—, sonrió, aún sin creerlo. El pelirrojo se encogió de hombros, apartando la mirada. —Tenía que hacerlo. Eres mi amiga. -V
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