Cap. 17

1449 Palabras
—Hay algo más que tienes que hacer—, dijo ella con una sonrisa casi permanente pegada a su rostro, poniendo una mano sobre el hombro del pelirrojo.  Tobias y Evelyn fueron los primeros en salir de la cámara, la mujer usando a su hijo como apoyo para caminar debido al punzante dolor en su pierna; seguidos de cerca por Edd y Valentine. —Quiero enviarle un mensaje a David. ( . . . ) Estaban en el techo de Erudición, cuando se empezó a escuchar el mensaje en cada esquina de Chicado. —Mi nombre es Valentine Reds. Y estoy hoy aquí para revelar la verdad. Toda la verdad. Bien... existe otra gente en el planeta, y no nos consideran iguales. Se llaman a sí mismo: Puros, y a los otros: Defectuosos. Crearon una Valla para separarnos de su mundo, y facciones para separarnos unos de otros. Fuimos su experimento y eso casi nos destruye.  —El piloto automático irá directamente hacia ellos—, la nave de David apareció frente a sus ojos al momento en el que Edd presionó un par de cosas en lo que parecía ser una tableta. Uriah pasó un brazo por la espalda de su castaña mejor amiga, orgulloso de todo lo que había logrado. Evelyn había sido tratada en la pierna, limpiada y medicada para evitar cualquier clase de infección a largo plazo; y ya podía mantenerse en pie con normalidad y por su propia cuenta. A un lado del pequeño grupo se hallaba Johanna, a quien Valentine aún le tenía cierto rencor, para ser sinceros. Christina se mantenía de pie cerca a Edd y a Uriah. Con sus ojos brillando solo de ver la nave lista para salir casi disparada en cualquier momento a aquella locación que si bien nunca olvidaría, tampoco extrañaría. Y Tobias mantenía a Valentine agarrada de la cintura. No queriendo separarse ni un segundo de ella. Uriah tenía su brazo en la espalda de la castaña y Tobias en su cintura. Era abrazada por las dos personas más importantes en su vida. Con algo de esfuerzo, pasó su brazo derecho sobre los hombros de Tobias y el izquierdo por los hombros de Uriah. Parándose en las puntas de sus pies en un -casi vergonzoso- intento por igualar la estatura de su mejor amigo. —Cuando pase la Valla Virtual se llevarán una sorpresa—, dijo Edd con una sonrisa maliciosa, ligeramente orgulloso de su improvisado invento La nave estaba repleta de explosivos. Y con un toque en una tableta que Edd sostenía, esta empezó a volar directamente fuera de la ciudad... directo hacia aquel aeropuerto. —Intentaron hacernos olvidar quiénes somos y de dónde venimos. Pero no lo lograron. Henos aquí, hoy,  juntos, no como cinco facciones, sino como una ciudad. Y así destruiremos su Valla. Nos han visto a nosotros, y ahora los vemos a ustedes. Aquellos más allá de la Valla, escúchenme muy bien -porque sé que están escuchando: Chicago no es su maldito experimento. Es nuestro hogar. Sus miradas se clavaron en el horizonte, directamente a donde sabían que la nave se estaba dirigiendo. Y admiraron aquel estallido. Un boom resonando a la distancia. Aquella detonación sonó como maldita música preciosa en sus oídos. Uriah se acercó más al borde del edificio, soltando a la pecosa de aquel abrazo, encantado por lo que había visto. Una parte de él reacia a creer que ya no vería luces más allá de la Valla. Giró ligeramente su cuerpo para pasar sus brazos por el torso de Tobias ahora, envolviéndolo en un abrazo e inclinándose un poco para poder esconder su cara en el cuello de él. Se sentía en la gloria. En el punto más alto de su vida. En el techo del edificio más alto de la ciudad. En la punta más alta del carrusel donde jugaron Captura la bandera. En la copa de un árbol en los bosques de Cordialidad, en medio de la noche, buscando el camino de regreso a casa. En los campos abiertos de Cordialidad, pero sin Cordiales. En el tren en movimiento, tomando la mano de Uriah, y saltando los dos de éste a la vez. Juntos. En el borde del edificio, saltando directamente a lo desconocido, sintiendo el aire abandonar sus pulmones y regresar a ella justo en el momento de la colisión con aquella red al final del hueco. En los brazos de Tobias cuando la ayudó a bajarse de la red. Cuando él gritó: primera saltadora, Valentine. —Es nuestro hogar, y siempre lo será. Susurró contra la piel del cuello de Tobias, sintiendo el cuerpo del mayor reaccionar debido a  la cercanía de su boca con su piel. Lo pudo ver sonreír ampliamente. Y le fue inevitable sonreír también. Él bajó su mirada azulada hacia la pecosa que lo abrazaba como si su vida dependiera de ello. Y se fijó en el cabello desordenado y sucio, en las líneas de polvo que se marcaban en su cara pecosa, en la forma que respiraba, evidentemente exhausta, en sus labios resecos que se curvaban en una sonrisa -bastante preciosa a su parecer. Y ella se fijó en él. Paseó sus ojos café por la cara de Tobias. Tenía varios cortes, estaba bastante herido, y aún más: cansado. Su cabello chocolate caía sobre su frente en rizos desordenados, algo húmedo debido al sudor, y con un poco de suciedad, pero sin problema alguno podría pasar horas enteras jugando con aquellos rulos castaños; con sus cejas algo desordenadas, que le daban a su cara una expresión de relajación y calma absoluta; en una de sus sienes un corte con algo de sangre seca, y en uno de sus pómulos igual; la pequeña y fina nariz en su rostro era digna de envidiar; y sus labios rellenos, rosados, resecos casi siempre, pero ahora con un corte; su mandíbula marcada con un pequeño moretón -que sabía, seguramente le dolería. Pero su sonrisa, más que nada. Daría lo que fuera para ver esa sonrisa a diario, por el resto de sus días. Para que el mundo pudiera apreciar lo magnífica que era aquella sonrisa, con todo dientes, hoyuelos y pequeñas arruguitas en las esquinas de los ojos. Amaba cada aspecto de él. Y no se cansaría de decirlo. Demonios. Ese sí era un sueño. El sueño en el que tenía todo lo que había soñado. Era como si ayer hubiera sido hacía un año atrás. Pero, hey, estaba en su hogar, con sus personas favoritas -casi todas. Sí, esto era todo lo que siempre había soñado. Todo lo que siempre quiso. Incluso cuando el sueño se convirtió en pesadilla, y empezó a perder gente. Will, Tris, Tori. Pero estaban ahí, ahora, gracias a su esfuerzo, gracias a ellos, gracias al impacto que habían causado, independientemente de lo que fuera. Era un sueño. ¿Y si era un sueño, literalmente hablando? ¿Y si todo esto es un simple sueño? ¿Y si es otra simulación? No, imposible, lo sabría. ¿Verdad? ¿Verdad? Empujó aquellos pensamientos invasivos a un lado. Porque, bueno, no quería arruinar la sensación placentera en su pecho, el buen humor. Estaba en la cima de todo, disfrutando de ver su maldito sueño hacerse realidad. —Oh, vamos. ¡Ya! Si se van a besar díganme para mirar a otro lado—, Uriah soltó con un tono de falsa incomodidad, pero con su mirada pegada permanentemente en la feliz pareja. Tobias rió entre dientes, escondiendo su sonrisa en el cabello de la menor. —Nos vamos a besar y te estamos diciendo. Sin más, tomó a Tobias de la nuca, uniendo sus labios en un beso que llevaba ya bastante tiempo queriendo. Sintió las grandes y tibias manos del moreno apretar su cuerpo contra sí, buscando estar tan cerca de ella que ni siquiera una fina aguja tendría cabida entre sus cuerpos. Lo pudo sentir sonreír a mitad del beso, por lo que su estómago dio un vuelco de alegría. Sonrió también, con cada fibra de su cuerpo saltando de alegría. Y al separarse, en puntas de pies, pasó ambos brazos por el cuello del castaño, cada uno apoyando su cabeza en el hombro del otro. Demonios, cómo amaba a ese hombre. —Te amo. —Yo también te amo. —Y yo también los amo, tortolitos—, Uriah los envolvió a los dos entre sus brazos—. ¡Ah! Por favor, adóptenme. Libérenme del apellido Pedrard. Valentine rodó los ojos pero con una sonrisa en sus labios.  Y las risas de los demás no se hicieron esperar. La pareja recibió a Uriah en su abrazo con bastante calidez.  -V
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR