Cap. 13

1642 Palabras
La lluvia roja nublada su vista y empapada su ropa. El cabello húmedo se pegaba a su frente. Caminó con dificultad hasta llegar al hangar abandonado que ya conocía. Recordó a Christina sentada en el suelo, desesperanzada. A Uriah con una mueca triste. A Edd casi aovillado en un costado. A Peter mirando todo con un desalentador escepticismo. A Valentine, al borde de caer en la decepción, en una lucha interna entre la culpa y la esperanza. Subió a lo que alguna vez fue un contenedor, metálico, grande. Es más, casi parecía un vagón de un tren. Fue cuidadoso con su pierna, la cual había sido la causante de su atraso. Levantó su camiseta, mirando su abdomen. Un gran corte abierto. Gruñó de dolor. ( . . . ) —Evelyn, mira a quién encontramos fuera de la Valla. —Quítasela. Quitó con brusquedad el saco se tela que cubría la cabeza del muchacho. La luz lastimó sus ojos. Peter frunció el ceño. —¿Dónde está mi hijo?—, acentuó cada palabra, hasta el punto que parecía que había puntos en medio de las palabras. Peter sonrió con suficiencia. —Amm... no lo sé. —Ya me dijeron lo que hay afuera. Así que mejor habla o comenzaremos con tu juicio ahora. —No lo harás—, la socarronería en la voz de Peter hizo hervir la sangre de Evelyn—. Porque tengo algo que necesitas. —¿Ah, sí? —Sí. —¿Y qué es? —La manera de ganar tu guerra. ( . . . ) Sostenía su cabeza entre sus manos, sus codos apoyados en sus rodillas. Quería soltar un grito de pura impotencia. Quería salir por esas puertas, y buscarlo. Incluso si tuviera que levantar cada maldita roca del mundo, para encontrar a Tobias. —Hey... —Qué. No, no estaba de humor. Y sabía que no era justo con ellos dos, pero definitivamente no se sentía capaz de responder de otra forma. —¿Hay noticias?—, intentó nuevamente, ahora con voz húmeda. Quería llorar. Se podía perder en el desierto. Se podía topar con algún loco desquiciado. Podía morir por la toxicidad del exterior. Tal vez esté último era el que más le preocupaba, porque sabía bien que la orientación y capacidad de lucha de Tobias, eran unas de sus muchas cualidades a resaltar. ¿Y si... en el choque se lastimó? ¿Y si está herido? ¿Y si...? —No... —Lo siento, pecas—, el brazo cálido de Uriah pasó sobre sus hombros de manera reconfortante. Intentó sonreírle, aunque solo le salió una mueca torcida. Uriah susurraba palabras dulces en su oído, intentando tranquilizarla. Tranquila, pecas, tu intimidante novio estará bien. No te preocupes. Es un tipo duro, no le pasará nada. Pecas, por favor... —Valentine—, sonó a sus espaldas la voz de Edd. Giró con fiereza para mirarlo. —¿Lo encontraste? —Sí, pero hay una cosa que necesitas saber...- Se levantó de la cama como impulsada por un resorte. Bajó las escaleras casi corriendo. Siguió a Edd por los pasillos, hasta la cápsula donde lo había encontrado la otra vez. Tomó asiento como él le indicó, fijó la vista en las imágenes frente a sus ojos. —Aquí, lo encontramos. Es él. Una voz totalmente desconocida gritó, apareciendo en la toma. Intentó enfocar la vista, pues solo veía una pequeña maraña en el suelo, y detrás de esta el desierto rojo. Otro hombre apareció, entre los dos levantaron a aquella maraña, que resultó ser un desmayado Tobias. —Tranquila, está bien, sólo mira. —¿Qué lugar es este?—, Evelyn preguntó, caminando detrás de Peter. —Tranquila, ya verás. Eran los complejos de Erudición al parecer. Peter tocó unos botones y giró una rueda, luego una puerta se abrió. Ellos ingresaron a un gran salón. En una pared habían varios "botones" de colores. Peter presionó una pared, que en el acto se convirtió en un compartimento. Un gran estante, repleto de tubos, todos llenos de un líquido anaranjado. —¿Qué es eso?—, Peter encajó una mascarilla de respiración al tubo en sus manos. Se la dio a Evelyn. —Pruébalo. Pero no en alguien que te agrade. Los siguieron por los pasillos brillantes, hasta llegar a una zona que ella ya conocía bien. Entraron en una celda. Dos hombres con una banda en sus brazos, como demostración de que eran abandonados, sostenían a Marcus Eaton con fuerza. Sonrió con suficiencia. Ese desagradable hombre merecía eso y mucho más. Merecía el mismo destino que Jeanine. —Me preguntaba cuándo tendrías el valor para enfrentarme. Me has tenido aquí encerrado tres semanas. ¡Era un líder de Facción! Protegí a nuestro hijo de los secuaces de Jeanine. Evelyn lo miraba con asco. Valentine también. —¿Proteger? ¿A eso le llamas proteger? ¡¿Pegarle a tu hijo?! Marcus rió. Sintió su estómago revolverse con agresividad. Quiso vomitar. Marcus le recordaba a su padre, los odiaba a ambos. —Por eso es quien es. Uno de los abandonados sostuvo la cabeza de Marcus. Evelyn le puso la mascarilla, que al instante se llenó de un gas anaranjado. —Dale una buena dosis—, sonó la voz de Peter. El gas pasó a ser gris, casi blanco. Marcus dejó de forcejear con los hombres. Parecía que su alma había abandonado su cuerpo, su mirada ahora era un vacío infinito. ¿Le borró la memoria? Eso parece. —Disculpa, pero... ¿quién eres?—, Marcus le dijo a Evelyn, quien ahogó un grito. —Imagínate si se lo administraras a los Leales. Harías a Johanna pensar que tu siempre has estado en el poder. Hay algo profundamente malo en borrar los recuerdos de las personas, quitas los recuerdos de una persona y automáticamente cambias lo que son. Salieron de la celda con rapidez. Evelyn casi corriendo por los pasillos, a Peter no le implicaba un esfuerzo mantener la marcha pues era más alto que ella y por tanto sus pasos eran más largos. —¿Quién te dijo de esto? —Afuera tienes un amigo poderoso que quiere ayudarte, si decides escucharlo en lugar de pelear. —¿Cuál es el nombre de este amigo? —David—, dijo Peter con simpleza. Puso una mano sobre su boca, para evitar hablar o simplemente gesticular nada. —Dile a mi amigo que no lo usaré a menos que sea mi último recurso. —¿Por qué David apoya a Evelyn?—, dijo en voz alta, su mano bajó de su boca, tomó su propio cuello en sus manos, acariciando la piel, como si hubiera una cuerda alrededor de su garganta. La cuerda de la ansiedad. —No entiendo. Un Abandonado abrió una celda, Evelyn entró. Pudo ver a Tobias. Su corazón dio un vuelvo de alegría. Estaba bien. En una celda, como prisionero, pero bien. Se sentó derecho, reprimiendo una mueca de dolor, con su mano derecha sostuvo su cintura, como si esto fuera a aminorar el dolor del corte en su abdomen. —¿Estás bien? Me tenías preocupada. Pensó casi con fastidio: no se preocupó por él en toda su vida, ahora mucho menos. —Evelyn, tienes que hacer las pases con los Leales. —No. Fue su elección. Yo nunca quise esta guerra. Pero no durará, te lo prometo. —No sabes a lo que te enfrentas. El problema no es Johanna—, estaba segura de que si él hubiera podido gritar, lo habría hecho. —Sé que estas enojado conmigo. Y tienes razón de estarlo. Pero yo solo... nunca podré...- no puedo tenerte encerrado aquí, esto es muy duro. Casi lo vio reprimir el impulso de rodar los ojos. —Entonces déjame salir. —No lo haré. Tengo responsabilidades. Algún día lo entenderás, pero por ahora tienes que quedarte aquí. Yo terminaré con esto, de una manera u otra. Evelyn salió con rapidez de la celda. —¡¿Qué piensas hacer?!—, gritó levantándose de la banca. Un Abandonado lo empujó con fuerza, está vez no pudo reprimir el gemido de dolor. —No estarás aquí por mucho tiempo. —¿De... qué rayos estás hablando? El abandonado se acercó más a él, amenazante. Pero Tobias no era alguien que se sintiera intimidado con facilidad. —Evelyn tiene que tomar la decisión. Si usa el suero de la memoria, Chicago olvidará su propio nombre. Aquel Abandonado estaba tan cerca de Tobias que casi podía decir que sus alientos se mezclaban. Y, a pesar del dolor, tomó la cabeza rapada del Abandonado y la estrelló con su rodilla. Se giró con rapidez hacia el otro Abandonado, lo golpeó en la garganta y luego en el pecho. Corrió fuera de la celda. Tres guardias más. A uno lo tiró al suelo con facilidad, al segundo lo golpeó en la garganta y luego pateó su rodilla -tumbándolo. El tercero implicó más esfuerzo, pero también lo tiró al piso. Se lanzó sobre él, tomando un brazalete de su muñeca. Un acto que pasó desapercibido en medio de la agitación del momento. Los primeros dos guardias lo tomaron por los hombros. El tercero se levantó. Uno de ellos lo golpeó en el abdomen, otro golpeó su rostro, el otro pateó sus rodillas. Tobias se retorcía de dolor. Uno de los guardias enredó sus brazos alrededor del cuello del ojiazul, obstruyendo el flujo de aire a sus pulmones. Luchaba contra los guardias, y luchaba por respirar. El Abandonado que hacía un rato había golpeado con su rodilla apareció, con la cara ensangrentada. Golpeó a Tobias en la cara, dejándolo inconsciente. Ahogó un jadeo contra la palma de su mano. Sus ojos estaban empañados de lágrimas sin regar. -V
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