Cap. 14

1342 Palabras
—Busca a Christina y a Uriah, llévalos afuera. —¿A dónde iremos? —A casa. Volver a casa. Volver a casa. Casa. Sonaba tan extraño. La palabra parecía un sinsentido en su mente, y el decirla en voz alta tampoco le daba valor. Prácticamente corrió por los pasillos, esquivando a las personas y chocando con otras, dirigiéndose a la "habitación" que le había sido asignada a ella y a Tobias. Tomó un pantalón oscuros y una camiseta que había visto a Tobias usar. Dobló las mangas de la camisa, pues esta le quedaba tan grande que las mangas llegaban a sus codos. Metió la parte delantera de la camisa en los pantalones, dejando el resto suelta. Amarró su cabello en una coleta bastante apretada. Y se puso unas botas negras, que, a decir verdad, le encantaron. Caminó por los pasillos con paso rápido. Giraba en cada esquina, pasaba por las puertas. Ignoraba las miradas de las personas. En menos de nada ya se hallaba en el piso donde David trabajaba. Con dos pasos dentro, David ya sentía el cinismo y altanería que ella le daba. —¿Qué tal todo en Chicago? Sonrió, las esquinas de sus ojos arrugándose por la acción. Pero la sonrisa no llegó a sus ojos. Fue tan falsa como todo lo que David le había dicho. Se paró junto a él, con los brazos cruzados sobre su pecho. David parecía trabajar en algo. Ni siquiera le importaba. La mirada del hombre viajó de lo que estaba haciendo, hacia ella. —¿Ya te aseguraste que todos estén a salvo? —Valentine, tienes que olvidarte de Chicago. Rió a carcajadas, ocultando su sonrisa tras la palma de su mano. Pero tan pronto como la risa se construyó en su garganta, se apagó. —Curioso. Que llevas tanto tiempo observándome y todavía no sabes nada mi—, David pareció no verse afectado por su comentario, lo que logró irritarla un poco más. Maldito engendro—. Entonces... ¿piensas borrar la memoria de todos en Chicago, no? Ahí. Ahí estaba. Había dado en el clavo. David tragó saliva, bajó la mirada, secó las palmas de sus manos contra su elegante pantalón, y luego llevó una hasta su escaso cabello -peinándose. —Escucha...- —Nunca pensaste apoyar a los Leales. Pareció atragantarse con sus propias palabras. —Esas personas te trataron muy mal. Mataron a tu madre...- Silencio, maldito imbécil. Sí. Me trataron mal por años y años, ¿y qué? Mataron a mi madre. Pero está muerta, y borrarle la memoria a una ciudad completa no la traerá de regreso. —¡Cuatro está ahí! —Sí, sí. Cuatro está ahí, ¡pero es Defectuoso, igual que todos los demás! Cerró sus puños con fuerza, bajando los brazos. Tomó fuertes respiraciones, ya bastante cansada de esa conversación que no se dirigía a ningún lado. Caminó hasta el balcón donde estaba la lujosa nave de David, la misma con la que habían ido a Providencia. —¡¿A dónde vas?! —A tu lujosa nave, ¿no es obvio? Me la llevaré y no volveré, idiota. —¡Ni siquiera sabes manejar! —¡¿Y qué?! ¿Desde cuándo no saber hacer algo es un impedimento? Digo, David, no sabe tratar a las personas... y aquí está, jefe del Departamento. Aspirando poder traer de regreso a la humanidad. Una humanidad Pura. Rió sin gracia. Reanudando la marcha hacia la nave. Subió en esta sintiendo en todo momento el peso de la mirada de David sobre ella. Piloto automático activado. —Gracias. La nave despegó. Voló unos cuantos metros antes de empezar a descender. Se detuvo antes de llegar al suelo para un aterrizaje más suave, la puerta a su derecha se abrió. Vio a lo lejos a Edd, Christina y Uriah, correr a toda velocidad hacia la nave. Una bomba de tiempo. Pues, mientras a su derecha sus amigos corrían a la nave y se apresuraban, a su izquierda una docena de guardias armados hasta los dientes también se aproximaba con gran velocidad. Edd subió sentándose en el asiento del copiloto, Uriah subió haciéndose en la parte de atrás del  asiento del piloto. —Christina, Uriah, esperen. Necesitarán esto—, una mujer, de apariencia tosca, llamó a sus amigos. Dos armas. Christina las tomó, pasándole una a Uriah y dejando la otra a los pies de Edd dentro de la nave. ¿Quién era ella? —¿Cómo supiste...? —No son los únicos que odian a David. —Gracias, Nita—, Uriah asomó la cabeza. Recibiendo un asentimiento por parte de la tal Nita. Christina subió, sentándose en las piernas de Edd. La puerta se cerró y la nave se elevó nuevamente. —Si me tocas te hago pedazos—, Christina espetó hacia Edd, que parecía haber tenido la intención de sostenerla por la cintura. —Vamos a salvar a Tobias. La nave avanzaba con rapidez. Tal vez no la suficiente pues en menos de nada tres naves estaban pisándoles los talones. —Tenemos...- —Tres naves atrás, sí, Edd, también tengo ojos. —Te extrañaba, pecas—, Uriah revolvió su cabello con una sonrisa nostálgica. Sosteniéndose con fuerza al asiento de su amiga. Una de las naves golpeó la de ellos, y luego otra vez, después otra nave se sumó. Y ahora parecía un juego de ping pong... solo que ellos eran la bola. Haz algo. Algo. Lo que sea. —Uriah siéntate—, soltó el cinturón que la mantenía pegada con fuerza al asiento. Cada golpe que daban las naves era como un maldito terremoto. Se mantenía de pie con bastante esfuerzo. Uriah no la cuestionó, obedeció al instante, abrochado el cinturón y acomodándose en el asiento -secretamente agradecido por no tener que sostenerse de la silla. Se sentó sobre Uriah, imitando la acción de Christina, solo que a diferencia de ella -tomó los brazos de Uriah y los puso alrededor de su cuerpo. —Con fuerza, iniciado, no quiero que mi cara termine en el cristal—, dijo a la vez que se acomodaba mejor—. Activaré el modo manual—, avisó. Y en cuanto lo hizo la nave empezó a caer en picada. Varias alarmas empezaron a retumbar en la cabina. Veían el suelo acercarse con rapidez, acentuando en vacío en sus estómagos. —Pecas, no es por presionarte, pero sería maravilloso si elevaras las nave. —Eso intento—, gruñó fastidiada. La maldita nave no hacía lo que ella quería. Indignante. Después de un rato de avanzar -arrastrar la nave por el suelo desértico pudo elevarla y mantener el control. Sonrió satisfecha. —Esos son... —Sí, misiles. —Valentine... —Sujétense. Cuatro misiles se acercaban amenazantes. Bajó la nave casi al nivel del suelo, y justo antes de que los misiles dieran en la nave -alzó esta con agilidad. Dos de los cuatros misiles impactaron y estallaron en el suelo. Quedaban dos más. —Estamos cerca de la Valla Virtual. Tocó algo y la nave avanzó con mayor rapidez. La Valla se abrió... y ya habían perdido los misiles, y a los guardias. Ya podían ver a la ciudad a lo lejos. Los edificios grises, los tonos verdes, los muros. No eran seguidos por nadie, sin embargo era una carrera contra el tiempo. Tiempo del cual no disponían, en cualquier momento el gas cubriría a todo Chicago y se llevaría la memoria de cientos de personas. —Debe haber una manera de apagar el gas. Busca alguna manera, el sistema de ventilación de la ciudad. Edd obedeció, interactuando con los hologramas frente suyo. Avanzaban con rapidez entre los edificios. —Mira, ahí. Siguió con la mirada hacia donde Christina apuntaba. Un hangar destruido, lleno de personas, algunas movilizándose con rapidez. E incluso a esa distancia podía escuchar disparos retumbando en el lugar. Eso definitivamente no era Captura la bandera. —Johanna. Llegamos justo a tiempo. También habían grandes camiones repletos de personas. El inicio de una guerra. -V
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