Cap. 5

1613 Palabras
No fueron ni dos minutos bajo el agua, cuando el flujo de la misma se cortó, y la habitación aparentemente oscura se iluminó en extremo. Tuvo que parpadear varias veces para adaptarse a la nueva iluminación, y que esta no lastimara sus ojos. —Muy bien, estas limpia. Ahora mete el brazo al tubo de la pared. Se acercó. Sí, le preocupaba que esta gente del futuro no fuera lo que aparentaba, demasiado, y más aún le preocupaba lo que aquel tubo le pudiera hacer a su brazo. —No tienes por qué preocuparte, Valentine. Mete tu brazo. —Sí, muy tranquilizador, gracias—, escupió, hacia nadie en concreto. Paseando su mirada del agujero en la pared hacia sus alrededores. El que le teme a la muerte que no nazca. Pensó, suspiró y metió su mano derecha intentando mantener su mente en blanco.  Por favor que no me quite el brazo, repetía mentalmente, como un mantra. Como si estuviese rezando. El ardor duró dos segundos. Miró su muñeca, era un tatuaje, pero eran simples líneas -a su parecer, sin sentido. Casi sintió decepción ante algo tan sencillo y aburrido. ( . . . ) Una puerta se abrió justo en cuanto terminó de vestirse, cosa que le pareció extraña. ¿Acaso la estaban vigilando? Seguramente. Salió de allí, no sin antes asomar primero su cabeza por el borde de la puerta, y verificar la ausencia absoluta de peligro fuera de aquella habitación. Miró a su derecha, Christina caminaba bastante alegre, usaba lo mismo que ella -pero claro, a su medida. Una simple camisa sin mangas de color blanco y un pantalón holgado también blanco. —Nunca me había sentido tan limpia. —Esa es la ducha más extraña que me he dado. Un poco fría pero...—, Peter salió por la puerta paralela a la puerta por la que salió Christina. —Oye, son diferentes—, Chistina tomó la muñeca izquierda de Valentine y al solo encontrar en esta el símbolo de Osadía, tomó su muñeca derecha encontrando allí el patrón de líneas—. ¿Por qué serán diferentes? Eran, de hecho, diferentes. Se encogió de hombros. Vio a Tobias salir por otra puerta. A la vez que Uriah pasaba un brazo sobre los hombros de Valentine, y finalmente vio a Edd aparecer por detrás de Peter. El ojiazul se acercó a ellos, no dándole importancia a la cercanía de Uriah y Val ‐pues sabía que eran muy buenos amigos. Es más, la pecosa misma le había contado la historia del humillante tatuaje en su rodilla. Estamos todos. Soltó el aire que no sabía que retenía, un poco más relajada. Cuatro miró su muñeca, detallando las marcas, notó que los demás hacían lo mismo. Las luces se apagaron abruptamente y del suelo una nueva sección de luz se iluminó. De esta salió un holograma y retumbó en aquel pasillo una voz totalmente desconocida para ella. —Hola, bienvenidos al Departamento de Bienestar Genético. En la primera parte del siglo XXI los científicos descubrieron una manera de evitar el genoma humano—, a sus ojos aparecieron varios hologramas de imágenes de células, ADN, personas en camillas siendo cuidadas por doctores. Ahora una nueva voz apareció, y las imágenes fueron reemplazadas por un hombre hablando animadamente: —"... O puedes elegir salud, puedes conformarte con ser aceptable o puedes elegir ser excelente. Una solución genética te brinda el control de tu vida, ¿Por qué sólo desear un mejor futuro? Cuando puedes elegir la perfección. Elige Perfexia". Nuevamente aquella voz monótona: — Lo que comenzó como un intento de erradicar las fallas de la humanidad, casi erradicó a la humanidad misma, la modificación genética profundizó la división entre la gente y mientras más se arraigaba, el mundo comenzó a venirse abajo—, las imágenes era similares a las de una guerra, desastre, caos—. Hasta que la humanidad traspasó los límites de manera irrevocable—, grandes explosiones, fuego, humo—. Sobre las cenizas de la civilización un pequeño grupo de individuos genéticamente intactos fundaron el Departamento de Bienestar Genético, aquí en el aeropuerto Ohair de Chicago—, esta vez aparecieron imágenes de las construcciones y edificios que habían visto hacía un momento—. Nuestra misión es supervisar un importante experimento para purificar el genoma humano, ese experimento es la ciudad de Chicago; su participación en el trabajo del Departamento significa que ustedes son los guardias del futuro. Su destino comienza hoy. Y así, sin más, desaparecieron las imágenes frente a sus ojos. Quedaron mirándose entre ellos, atónitos. Procesando aún toda la información. Procesando aún los montones de información dada en tan poco tiempo. —Bien. Ahora, síganme—, el simpático muchacho de antes apareció casi al final de la sala. Él los condujo fuera de ese lugar. Parecía que nadie se estaba cuestionando internamente sobre lo que acababan de ver. O, bueno, así era a los ojos castaños de Valentine. Esto me pasa por no poner atención a las clases de biología. ¿Qué demonios es un "genoma"?. —¿Qué es un aeropuerto?—, Edd preguntó, paseando su mirada verdosa por los demás, y dejándola finalmente en Valentine, quien definitivamente no había entendido ni una palabra. Muy buena pregunta. Una más a la lista de dudas que esta gente no nos va a resolver. ( . . . ) Cargaba algo de ropa -que hacía unos segundos les habían dado- en uno de sus brazos, mientras caminaba junto a Tobias, siendo seguida por los demás, quienes a su vez también cargaban ropa entre sus brazos. Miraba a su alrededor con detenimiento, no quería perderse de ningún detalle, de nada. Pero es que todo le parecía maldita y simplemente asombroso. A su derecha notó una reja de color gris, bueno, casi todo en ese lugar era gris, a excepción de algunos detalles en un color amarillo vibrante -asumió que el uso ocasional de los colores servía para señalizar lugares, o marcar el camino. Notó literas, en las que había gente durmiendo, otros solo hablando entre sí o pasando el rato. —La vida aquí puede ser muy ardua, pero vale la pena el sacrificio. No tenemos todos los recursos que nos gustaría pero el alojamiento es bastante adecuado—, comentó el muchacho, fijando su mirada en la pareja que encabezaba el grupo.  Escuchaba murmullos, pero intentaba hacer oídos sordos, hasta que simplemente fueron muy difíciles de ignorar y los murmullos se convirtieron en voces justo a su lado.  Wow... asombroso... son ellos, sí... vienen del experimento. Cosas por el estilo. —¿Quiénes son ellos?—, rió Christina mirando divertida al grupo de niños pequeños a su derecha. Notó a su vez, que ella era la única que no sonreía enternecida por la fascinación de los niños frente a ellos. Su cara era algo como... aburrimiento. Aburrimiento en su máxima expresión, en todo el sentido de la palabra. Aburrimiento con 'M' de mucho. Un pequeño bombillo se encendió en su cabeza. —Los rescatamos de La Periferia. Y les damos una segunda oportunidad—, respondió Matthew con una tímida sonrisa de lado. No son "unas cuantas rejas al azar", están separando a las personas. Los que 'rescatan' y los que no. —Hola, Cuatro—, dos niñas, estimó, de unos ocho y doce años, saludaron a Tobias con una sonrisa. Una sonrisita incrédula se coló en sus facciones, lo suficiente como para no pasar desapercibida. Levantó una ceja, mirando a Tobias que le sonreía a las niñas amablemente; luego las miró a ellas. Por un segundo pudo ver un atisbo de miedo en los ojos de las infantes. Vaya... ¿Tan mal me veo que asusté a las niñas? Pensó de inmediato. —Sí... hola, Cuatro—, soltó con una voz maliciosa... seductora. Logrando ensanchar la sonrisa en la cara de Tobias. —Hola—, él las saludó, dándole una fugaz mirada a la pecosa a su lado. Aunque como si de su instinto se tratase, en su sistema se encendió una pequeña alarma -minúscula, pero notable, insidiosa. Divagó, intentando buscarle una explicación lógica a la actitud de las niñas. Parece que saben quiénes somos. ¿Y si, de hecho, saben quienes somos? ¿Y si saben todo lo que he hecho? Pensó. Imposible, ¿verdad? —¿Cómo es que nos conocen?—, preguntó el castaño, mirando a Matthew, quien reanudaba su marcha siendo seguido nuevamente por ellos. ¿Verdad? —El experimento es nuestro enfoque principal. Nuestra tecnología de vigilancia es siglos más avanzada de lo que tienen allá en Chicago. Cada vez más y más miradas se posaban en ellos, más y más murmullos se escuchaban. E inevitablemente recordó su pasaje de miedo: cómo era rodeada por una multitud, y cómo le faltaba el aire, lo mucho que le costaba respirar. El pánico que sentía. —Hemos estado mirándolos—, Matthew continuó, haciendo su sonrisa un poco más genuina. —Escalofriante. —Aterrador. Me gusta—, intentó actuar como si no empezara a sentirse agobiada por los cientos de miradas sobre sus hombros. Apretó la ropa en sus manos, hasta el punto en que sus nudillos se tornaron blancos. Rezó para que Tobias no hubiera visto aquello. Pero él lo había notado. Claro que se había dado cuenta. —Deben disculpar que los miren de esa forma, pero su llegada es un suceso muy emocionante para todos aquí. Bienvenidos. Varias personas respaldaron a Matthew, gritando en coro "bienvenidos". Y sonrió. Pero estaba incómoda. Odiaba tener tanta atención sobre sí. Quería salir corriendo de ahí. -V
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