Mis ojos se abren, y de inmediato salto sobre la cama, estoy completamente desnuda y una sábana blanca cubre parte de mi cuerpo, me siento en la cama y miro a mi alrededor, aquel hombre no está, pero la luz del balcón da directo en mi rostro, intento dosificar la luz llevando mis manos a mis ojos, y de inmediato todos los recuerdos vienen a mi mente al sentir la máscara en mi rostro.
—”Ese tipo prefirió el anonimato” —pienso, al entender que no me quito la máscara en ningún momento.
Pongo mis pies sobre la madera del suelo, el frío toca mis pies y un escalofrío recorre mi cuerpo.
Busco mi vestido y mis bragas, me pongo la ropa de prisa, y debajo de la cama encuentro el tacón que me hacía falta, estoy lista o eso creo al alisar mi vestido abro los ojos y la boca al mismo tiempo al pensar en mi bolso y mis llaves, y alcanzó a verlo sobre una pequeña mesa qué está al lado del balcón la tomó y de inmediato y busco mis llaves, al no encontrarlas recuerdo que las entregue en la entrada al llegar a este lugar, la máscara sigue en mi rostro y por alguna razón no soy capaz de deshacerme de ella.
Salgo de la habitación a hurtadillas como si hubiera cometido una fechoría, y hasta cierto punto puedo decir que si, la noche de anoche, tuve sexo con un desconocido y aunque fue lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, se que me causará conflicto, los próximos días.
Bajo las escaleras, y recorro el salón, está completamente vacío y para mi sorpresa no hay indicios de que hubiera existido una fiesta, eso me pone nerviosa, pero continuo, hasta llegar a las otras escaleras de la entrada principal, las subo de prisa y la puerta está entreabierta, la empujó con fuerza pues es enorme.
La luz del sol aun me deslumbra, mis ojos no se han acostumbrado a la realidad y mucho menos lo he hecho yo, las palmeras no tienen luces, todo está vacío —, “demonios acaso dormí cinco días” —pienso para mis adentros, camino hasta la entrada y el cuarto donde conseguí la máscara que aún cubre mi rostro está cerrado, temo por lo que pueda pasar conmigo, por un instante siento que estoy encerrada, llegó a la reja principal, y mi alma descansa.
—Señorita al fin se va —dice el mismo tipo que el día anterior, me dio el acceso.
Lo miró a los ojos tratando de pensar en la pregunta correcta que debo hacerle, pero parece leer mi mente.
—”El hombre que rentó la mansión dio órdenes precisas, de esperar a que usted quisiera irse, así que por esa razón estoy aquí esperándola —me dice y tan solo puedo apretar los labios y asentir con la cabeza.
—”Así que no era su mansión, pero al menos el es el anfitrión de la fiesta, o eso espero, de lo contrario me acosté con un don nadie” —pienso mientras el tipo abre la reja y puedo ver mi auto frente a la acera, sonrío por un instante y dirijo mi mirada hacia el hombre.
—Gracias… que tenga un buen día —mencionó con naturalidad.
—Disculpe una cosa más, el señor que rento la mansion me dejo esto psra usted —dice el tipo y me entrega una hoja de papel en color n***o doblada por la mitad —, entiendo gracias —replico y avanzo a la salida mis tacones tocan la acera y el tipo echa una carcajada, que hace que me detenga.
—Se le olvida algo… señorita —siento fastidio de su tono de voz y de su sonrisa.
Me entrega las llaves de mi auto, las tomo con recelo y corro de prisa hasta mi convertible, sé que corrí con suerte, y sé también que Ariana estará en problemas cuando consiga hablar con ella.
Arrancó el auto, y salgo de prisa de ese lugar, no se que hora es, freno enseguida unas cuadras adelante y busco mi celular en el asiento de atrás, por suerte aún sigue en el mismo lugar, lo enciendo puedo ver la fecha y la hora, es domingo, y son las tres de la tarde.
—”En definitiva ese hombre me dejó exhausta” —pienso, mientras una sonrisa estúpida se apodera de mis labios, bajó el espejo del auto y puedo ver que mis ondas se han ido y ahora mi cabello parece un nido de pájaros salvajes, mi rostro está cubierto y con prisa me quito la máscara, mi rostro parece intacto a pesar de todo el tiempo que ocupe la máscara.
El color miel en mis ojos es brillante, mientras mis labios han perdido el color, acelero de prisa, estoy ansiosa por llegar a mi casa para darme una ducha y olvidar todo lo que pasó.
.
Presiono el botón del ascensor, es lunes y solo pienso en que ayer no vi a mi padre — ,”seguro me espera un sermón” —pienso.
Se abren las puertas del ascensor y salgo al pasillo de inmediato puedo ver el emblema Anderson, plasmado en el cristal de la entrada del corporativo.
Las puertas se abren de forma automática, y siento aún los estragos de la fiesta —, María, buenos días, te encargo mi “late”, también necesito los planos y los contratos de la cuenta Campbell, y dile a Jonas que lo veo en mi oficina —ordeno y Maria asiente con la cabeza, es una linda chica, pero bastante dócil, de prisa hace lo que le ordene o eso es lo que percibo al notar que toma el teléfono.
Entro a mi oficina esperando que mi padre no se de cuenta de que he llegado, dejo mi bolso, y miró a través del cristal que me da la hermosa vista de Manhattan, puedo ver mi reflejo y trato de asegurarme qué el traje n***o, se ciña bien a mi cuerpo, sin que parezca bulgar, alguien toca a mi puerta y le pido que pase.
—Hermanita… que onda contigo, no puedo creer que hayas dejado plantado a nuestro padre —dice Jonas y sonrió con cierto temor.
—No me lo recuerdes, la fiesta a la que fui fue toda una experiencia y debo apresurarme, no tardan en llegar los Smith –replicó enseguida.
—Hoy por fin conoceremos a los hermanos Smith, dicen que el CEO es todo un caos —replica Jonas, mientras se sienta en uno de los sillones negros, frente a la pequeña mesa de centro.
—Disculpe señorita, aquí tiene su café y su padre la está esperando en su oficina —dice María mientras entra a mi oficina de forma imprudente.
—”Mierda” —digo en voz baja mientras Maria me da el café, sale de mi oficina y puedo notar la mirada furtiva que le lanza a Jonas.
—Así que tienes una admiradora en la oficina —menciono con una sonrisa.
—¿Quién? ¿Maria?.. no para nada, es una linda chica pero nadamas… pero deja de buscarme pareja y mejor ve a ver al señor Anderson o lo vas a lamentar —dice Jonas y toma mi café, le da un sorbo y sale de mi oficina.
Bebo del café que Jonas a puesto de nuevo en mis manos y respiro profundamente, dejo el vaso sobre el escritorio de color blanco, acomodo mi cabello y me dirijo hasta la oficina de mi padre, toco la puerta y abro al instante sin esperar que me indiquen que puedo entrar.
—Al fin, aquí está mi hermosa arquitecta, la más joven pero las más talentosa de la compañía, les presento a Ginebra Anderson —dice mi padre, y honestamente me siento sorprendida, por un momento y de inmediato, mis ojos se abren aún más al notar la presencia de los dos hombres que se ponen de pie.
—Es un placer conocerte, yo soy Joseph Smith y él es el CEO y mi hermano mayor, Evan Smith —dice uno de los hombres y por los que noto es tan joven como yo, su hermano es mucho más maduro, pero igual de atractivo que Joseph.
—Hola yo soy Evan Smith y no necesito que nadie me presente, puedo hacerlo yo mismo —levanta su mano y con arrogancia me observa de arriba abajo, mientras de inmediato, comprendo que aborreceré a este tipo.
Joseph baja la mirada al escuchar las palabras de su hermano, mientras estrecho la mano del tipo que se ha acercado a mi.
Su mirada es tan arrogante, que de inmediato, pienso que es proporcional a su apariencia.
—Hija, Evan está listo para que puedan empezar a trabajar en el proyecto Campbell —dice mi padre mientras ladeo una mueca al ver el rostro enérgico y malhumorado de Evan.