Regresé a mi habitación no sin antes quedarme de pie ante la puerta de la habitación de mi esposa la joven Irene, estaba decidido a tocar su puerta más me contuve en ello ya que debía seguir con mi plan de buscar quién era el traidor y así entre a mi habitación no sin antes pedirle a mi fiel sirviente Cornelius lo que debía hacer para entregar por la mañana antes del Ientaculum Si mi señor— hablo mirándome sonriente— vuestra esposa quedara complacida con ello Cerro las puertas mientras que yo me dirigí a quitar mis vestiduras para poner la túnica de noche así entre a mi lecho recostando mi cabeza en la almohada para mirar la bóveda de mi techo, los ojos de Irene se hicieron presentes en aquella bóveda celeste, sonreí complacido para cerrar mis ojos y permitirme descansar pues ahora est

