Veo que el rosal de mi madre os ha encantado, mi señora— hablo el emperador haciendo que abriese los ojos sobresaltada Perdón su majestad— dije retirándome del lugar— las rosas son de mi completo agrado Podéis venir al jardín cada que lo desees mi señora— sonrío caminando hacia mi con ambas manos detrás de su espalda Gracias— me incline frente a el— mi señor Cuando estemos solos no es necesaria tu reverencia, solo cuando estamos en público así que levantaos mi señora— ahora estaba de pie frente a mi Levanté mi rostro para mirarlo más de cerca, en verdad que su rostro parecía tallado por los mismo dioses del Olimpo, su cabello era la extensión de la misma noche sin estrellas de Atenas haciendo juego con sus bellos ojos azules con los cuales me miraba haciendo que mi interior se estre

