Estados Unidos
/New York/
Adara
Al día siguiente me levanté temprano para conseguir ropa y zapatos adecuados para Alondra y Dylan, quería que estuvieran cómodos mientras se quedaban aquí. Ya había hablado para que les trajeran sus cosas de su casa, pero tardaría un poco en llegar. Así que mandé a Carla a comprar los artículos mientras yo le ayudaba en la cocina con el desayuno de está mañana.
Me quedo pendiente del aparato esperando que salgan las tostadas. Al mismos tiempo tomo unas naranjas para exprimirlas y poder preparar jugo.
Escucho pasos del pasillo y es Alondra, entra a la cocina y toma asiento en uno de los banquillos de la barra.
—Buenos días— saluda.
—Buenos días— puedo ver unas leves bolsas negras bajo sus ojos. Deduzco que no durmió muy bien anoche ¿Y cómo no? Si su hija no la ha de estar pasando bien en ese lugar.
—¿Quieres qué te ayude?— trata de levantarse del banquillo y se lo impido rápidamente.
—No— exprimo otra naranja.
—Yo puedo sola, gracias— le sonrío. Las tostadas salen y las pongo en un plato dónde están las demás.
Nos quedamos unos minutos en silencio, yo concentrada en la cocina y ella con la vista perdida. Es difícil para ella procesar dónde está su hija ahora, sé que no quería que ella fuera a ese lugar, pero no había otra alternativa.
Era eso o exponerse a ella y su nieto a que les pasara algo.
—Lo siento— hablo y enfoca su mirada en mí.—Sé que no querías esto—. ¿Quién quiere ver en esa posición a sus hijos? Nadie, sería doloroso experimentar eso.
—Tenias razón— suspira.—Le hacía más daño así, dejando que hiciera lo que quería. Por eso la que te dice lo siento soy yo, por no haberte hecho caso desde un principio— las lagrimas se le asoman y las limpia rápido antes de que se derramen.—Lo siento y...muchas gracias— sonríe, agradecida.
—Puedes contar conmigo para lo que quieras— tomo su mano sobre la barra.
—Siempre te ayudaré— es verdad, mis palabras son verdaderas. Ella es cómo una madre para mí.
—Quiero ayudarte— cambia de tema. Me gusta que quiera despejarse un poco de los conflictos que se le vinieron encima y que trate de animarse a sí misma.
Rodea la barra y se va a la estufa para servir más mezcla de hot cakes para hacer más.
—Sé me hace raro verte en la cocina— comenta, derramado mezcla.
—¿Por qué?— termino con las naranjas.
—Pensé que eras de esas niñas ricas que tienen miles de empleados para que les haga todo— se encoje de hombros.
—Me tienes en un concepto erróneo— señalo, ofendida.
—Me dí cuenta.
Después de unos minutos Carla llegó con las bolsas de lo que le mandé a comprar. Se lo di a Alondra y me dijo que me pagaría todo, cosa que rechacé al instante. Ya con el desayuno y la mesa lista, se fue por el niño para desayunar.
Comimos y hablamos de muchas cosas, los dos se veían distraídos y cómodos con el ambiente que se había formado entre nosotros cuatro.
Al terminar con el desayuno, me fui a dar una ducha para irme a la organización, todavía teníamos trabajo pendiente con los nuevos y yo con Lisa.
Al salir del baño, a mí teléfono le entró una llamada de Nick.
—¿Vendrás?— fue lo primero que preguntó al contestarle.
—Buenos días de perdida ¿No?
—Lo siento, es que Siria me pone los pelos de punta.
—¿Siria?¿Qué pasó con ella?— la cita que iban a tener ella y Axel se me viene a la mente. Tal vez la cosa salió mal.
—No sé lo que le pasa y no nos quiere decir.
—Iré en un momento.
—Okey, te vamos a esperar en el departamento de armamento— me cuelga y me visto con un pantalón de mezclilla y una blusa color gris y tenis.
Agarro mis cosas y salgo de mi habitación. Llego a la sala y veo a Dylan en el piso, jugando con los juguetes que le encargué a Carla.
—No era necesario— dice Alondra.
—Es para que se entretenga.
—Ya estoy viendo lo de mi casa. No viviremos dónde mismo, estoy buscando otra.
—Es tú decisión. Aquí pueden quedarse el tiempo que quieran.
—Muchas gracias.
Me despido de ellos y salgo del edificio para montarme en mí auto y conducir a la organización. Al llegar me voy a mí habitación y me pongo el uniforme distintivo para ir al departamento de armamento.
La entrada era a las 9 de la mañana, faltan cinco minutos para que esa hora llegue.
Cuándo entro ellos ya se encuentran en el lugar, todos los nuevos están aquí y los jefes de los departamentos también. Del otro extremo puedo ver al moreno de la vez pasada, Lisa todavía no viene porque tiene el rostro hinchado por la paliza que le dio ese tipo.
Ya que se recupere debe ponerse al corriente con absolutamente todo.
—Buenos días— saludo cuándo estoy con ellos.
—Buenos días— contestan al mismo tiempo. Enfoco mi atención en Siria y le doy una mirada, de esas que solo las amigas entienden.
Me hace una seña con su mano, indicando que espere.
Oswaldo llama la atención de todos en el salón, ordena que hagan filas y lo hacen con rapidez. En este tiempo han aprendido que a los jefes de los departamentos se les actúa y contesta con rapidez. Son normas de la organización que todos deben acatar.
Al lado izquierdo de todos, está una extenso arsenal con armas de todo tipo, desde la más pequeña a la más grande.
Oswaldo manda hacer seis filas frente al arsenal para practicar tiro al blanco, se forman y observo cómo unos se ponen nerviosos y les tiemblan las manos.
—Deben ponerse la protección— habla.
—Frente a ustedes hay protectores auditivos electrónicos. Los que van primero coloquenselos y para los que no sepan o no puedan, pueden acudir a sus compañeros, ya sea a los mismos de ustedes, al equipo principal, o a mí.
Muchos se lo colocan con facilidad, mientras otros batallan un poco.
—Disculpa...— se me acerca una chica pelirroja, ojos verdes. A la mente se me viene Miranda Jones y su pequeña charla con Trembley en el aeropuerto.
—¿Sí?— me deshago de esos pensamientos, el tipo no me dió buena vibra cuándo lo miré en persona, y recordarlo me provoca las mismas sensaciones que sentí ese día.
—¿Podrías ayudarme?— habla con timidez.
Asiento y se lo pongo.
—No trataré de cambiar tu forma de ser— llamo su atención.—Pero deberías apagar tú timidez. No es buena en éste tipo de lugares— se gira y me mira a los ojos, no dura mucha y desvía la mirada.
—No soy tímida...
—Eso parece— levanto una ceja.
—No. Lo que pasa es que...tú me das miedo— agacha la cabeza.
—Cabeza en alto ejecutora— demando y obedecer al instante. Sus ojos viajan a todas partes, menos a mí.
—Si provoco eso en ti ¿Por qué te acercaste?
—Te admiro.
—Digna de admirar— se mete Siria.
—Es un honor— respondo.
—Algún día me gustaría ser cómo tú— sonrío, nadie puede ser cómo yo. Deberías ser creada por un científico y hacer todo lo que he hecho en este lugar.
—A la fila— señala mi amiga.
—Gracias— me dice la chica y se va a formar.
—Deberías tener un club de fans— habla Siria, a lo que yo solo río y niego con la cabeza. Es la primera que se han acercado a mi para pedir mi ayuda y decirme eso. No creo que los demás piensen y crean lo mismo de mí.
Los primeros de la fila van soltando balas. Unos atinan con facilidad y otros se les dificulta un poco.
Nosotros cómo el equipo principal en esto, debemos acercarnos ayudar y apoyar a los que se pierden un poco, así que los cuatro nos acercamos más. Me pongo a la par de un chico castaño que está nervioso, las manos le tiemblan y parece que en cualquier momento soltará el arma.
—Separa más las piernas— le digo. Se asusta por mi presencia, no se había dado cuenta que estaba junto a él.
—Empuña bien el arma— lo tomo de las manos y le muestro cuál es la manera adecuada y correcta para tomarla.
—Enfoca el objetivo y...dispara— Deja salir tres disparos, solo uno impacta cerca del objetivo.
Las filas avanzan más, los que ya pasaron se retiran al otro extremo del salón para observar todo lo que nosotros nos ponemos cuándo vamos a una misión. Por otra parte nosotros seguimos con los que faltan, la mayoría sabe bien cómo hacer esto y no es difícil explicarles.
Después de unos minutos terminamos y se van con los demás.
—Adara— me habla Nate.
Lo volteo a ver.
—Te reto a darles a todos en el objetivo— se acerca.
—Reto aceptado.
—Hay que apostar algo— indica.
—¿Qué?
—Mmm— se queda pensando.
—Limpieza de habitaciones— propone después de pensar.
—No— me niego inmediatamente.
—¿Por qué?— bufa.
—Mis habitaciones están limpias y seguro que las tuyas no.
—Soy limpio— ataca.
—Ajá.
—¿Te da miedo perder?— se cruza de brazos.
—Sé que ganaré.
Lo que hacían a lo lejos termina y Oswaldo los despide.
—¿Entonces?— de reojo veo cómo el otro par se acercan.
—Ganaré, y no podrás pagarme porque mis habitaciones están limpias— explico.
—¿Qué hacen?— pregunta Siria.
—Aquí negociando con Adara.
—Mejor así— hablo.—Si tú pierdes nos compras la cena. Y si yo gano, nos compras la cena— los chicos me escuchan y a Nick se le sale una risita.
—¿Trato echo?— pregunto al ver que no dice nada.
—Tramposa— entrecierra los ojos.
Me río y se pone de quejumbroso.
—Mejor así— habla.—Sí yo pierdo, compro la cena. Y si tú pierdes, limpias mis habitaciones— propone.
—Bien— nos damos las manos.
—Caso cerrado— dice Nick, divertido.
Caminamos al arsenal y miramos las armas.
—Las damas primero— hace una seña cómo si fuéramos de la realeza.
—Tú primero— lo convenzo de que sea el primero. Toma una Beretta y la descarga en los seis puestos de tiro al blanco.
—Cuatro de seis— dice Nick. Nate se hace a un lado después de dejar el arma en su lugar.
Le sonrío y le guiño un ojo.
—No cantes victoria tan rápido— habla. Tomo una glock y reviso que esté bien cargada. Me pongo en la primera fila, de la izquierda a la derecha, enfoco el objetivo y dejo escapar la primera bala.
Me paso a las demás filas rápidamente y ni me detengo para disparar, paso de corrido hasta llegar a la última fila.
—¡Seis de seis!— grita emocionada Siria.
—¡Tendremos cena gratis!— Nate la mata con la mirada.
—Espero y tengas dinero— me le burlo.
—Yo siempre tengo dinero— gruñe en respuesta.
(...)
—Quédate otra vez, quédate toda la noche. Quédate otra vez, quédate más de las doce...— escucho desde el baño cómo Siria canta a todo pulmón.
Llegó cuándo iba a meterme a bañar y se quedó en mi habitación poniendo canciones románticas para cantarlas. Mi sexto sentido no falla y sé que todo ese show es gracias a Axel, le pregunté sobre él y la cita que tuvieron anoche, pero dijo que me diría ya que saliera de bañarme. Deduzco que la cosa salió bien por los gritos que pega del otro lado de la puerta.
Salgo del baño y la encuentro saltando en la cama.
—¿Serás cantante ahora?— pregunto con burla.
Ríe y se baja de la cama para bajar el volumen de la música.
—¿Por qué hay tanto arcoiris y flores por aquí?— tomo el cepillo y lo paso por mi cabello para deshacer los nudos en el.
—Estoy muy feliz— tiene una sonrisa qué no le cabe.
—¿De verdad?— finjo sorpresa.
—Creí que estabas triste— finalizo con sarcasmo.
—Idiota— me lanza una almohada.
—Dime que pasó.
—Me llevó a cenar— suspira cómo tonta.
—Nate también nos llevará y no actuaras de la misma forma ¿O sí?
—Adara ya— se queja a lo que yo me río.
—Dime, que más.
—Bueno pues me llevó a cenar a un restaurant...
—Pensé que a una tienda de ropa— la interrumpo.
—¡Ya!— me lanza otra almohada.
—Bien—río.—Te llevó a cenar a un restaurant ¿Y qué más?
—Después me llevó a bailar y caminamos por un parque— suspira.
—Todo fue muy bonito y él se portó bien. Creo que lo que dicen de él no es cierto— me encojo de hombros. Nunca me han gustado los juicios de valor, y lo último que quiero es que Siria lo construya por lo que le dije. Será mejor que lo conozca y que ella misma se de cuenta del tipo de hombre que es, ya sea bueno o no.
—Fue muy caballeroso y atento. Además que está muy bueno— se muerde el labio y le tiro en la cara una de las almohadas que ella me tiró.
—Ya no te voy a llamar Siria. Te voy a llamar Sucia.
—Ja ja— me regresa la almohada.
—Me alegro que te la hayas pasado bien— sonrío.
Tocan la puerta y veo a los chicos del otro lado cuándo la abro.
—Vamonos mujeres— habla Nick.
Recogemos lo que nos vamos a llevar y cierro la puerta al salir para después dirigirnos al estacionamiento. Nos subimos todos al auto de Nate y al salir de la organización nos damos un round
para escoger la comida. Siria quiere comida china, Nick hamburguesas y Nate comida Italiana.
—La apuesta la hicimos entre Adara y yo— alega el castaño.—Así que vamos por comida Italiana.
—Yo no quiero eso— protesto.
—¿Entonces qué?
—Pizza.
—No— contradice con la vista en el camino. Solo está dando vueltas porque no decidimos un lugar.
—Pizza— me apoya Siria.
—Pizza— se une Nick.
—Traicionero— le dice al pelinegro.
—Yo voy a pagar, lo justo es que yo elija.
—Pero yo gané— nos ponemos a discutir entre los cuatros durante unos minutos. No quedamos en nada y seguimos dando vueltas por la ciudad.
—Piedra, papel o tijera— digo.
—Va, va, va— dice el otro par.
—Ya que— suspira.
—Piedra papele o tijera— él pone piedra y yo papel, le ganó y festejo.
—Otro— dice.—Dos de tres.
—Nada de eso. ¡Vamos por la pizza!
Llegamos al lugar y pedimos la pizza más grande. También pedimos refresco.
—Jamás volveré apostar contigo— habla Nate.
Nos traen la pizza y nos la comemos entre charla, bromas y risas.
Hoy no iré al departamento, se lo hice saber a Alondra está tarde. Mañana debo levantarme temprano para hacer la otra tarea.
—Hay que brindar porqué ya se vienen nuestras mini-vacaciones— Nick alza su vaso de refresco.
—Solo es una semana— le contesta Siria.
—Por eso son mini-vacasiones— dice con obviedad.
Las mini-vacasiones (Como les llama Nick) duran tan solo una semana. Son pocos días pero nos dan la libertad de salir hasta del país si así lo queremos. Esas vacaciones nos la dan a los finales de Agosto. No a todos, solo a una parte de los equipos.
—¿A dónde iremos?— pregunta Nate.
—Las Vegas— responde Nick.
—Yo creo que nos vendría algo más calmado— comenta mi amiga.
—Mmm— se queda pensando Nick.
—¿Las Vegas?— alguien aquí quiere ir a ese lugar.
—¿Qué tal la playa?— propongo.
—¿Cuál?— pregunta el pelinegro
—¿Qué tal San Diego?— dice Siria con emoción.
A todos nos gusta la idea y nos ponemos de acuerdo para ver todo lo que necesitamos. Nos quedamos buen tiempo ahí, nos vamos cuándo ya van a cerrar y regresamos a la organización.
Pasaremos nuestras mini-vacasiones en San Diego.