Capítulo 19

1498 Palabras
Estados Unidos /New York/ Adara Los días habían pasado y con ello la presentación de los nuevos equipos había llegado. Hoy era el día en el que los novatos entrarían oficialmente a la OANS, para servirle y serle fiel. —¿Siria ya?— toco la puerta de su baño, impaciente. Tenía más de 20 minutos esperando que saliera, no se que carajos hace pero ya me cansé de esperarla. —Ni una ducha se puede dar una— abre la puerta, fastidiada. —¿Y a ti que te pasa?— que ande con ese humor es raro, ella siempre anda alegre, además era la más entusiasmada en que llegara este momento. —Nada— se cepilla el cabello y puedo ver indiferencia en su mirada. Todo grita que Axel tiene algo que ver con su comportamiento tan raro. —¿De casualidad ese "nada" se llama Axel? —¿Por qué?— contesta al instante. —Traes un genio de perros— hago una mueca. —No lo he visto— confiesa, dando un suspiro. —Eso es patético— señalo. Apenas lo trata y ya se pone así por él. —Lo dices porque no te has enamorado. —Y espero nunca hacerlo— me persigno. —Eres una tonta— se ríe. —Lo dice la que se enoja porque no ha visto a su novio— me burlo. —No es mi novio...todavía— termina y salimos de su habitación. —Ja, más jodido no podría ser, no son nada y mira cómo te pones. No quiero imaginar cuando lo sean. —Déjame en paz— me da un empujón, jugando. —Tal vez ha estado ocupado, aquí el trabajo nunca falta. Entramos al salón y nos vamos junto a los chicos, tomamos asiento y esperamos que los demás lleguen. Están todos los nuevos, solo faltan los jefes, el subdirector y el director para iniciar. Todos están vestidos con el uniforme n***o, ya se los dieron y ya lo portan cómo ejecutores de la organización. Todos nos ponemos de pie cuándo las puertas se abren y entran las personas que esperábamos. Cada uno se pone en su lugar en la mesa sobre la tarima. —Novatos— comienza el Director. —O mejor dicho, ejecutores. Hace más de un mes habían entrado aquí para pasar las pruebas para definirlos cómo eso, cómo ejecutores. —Hoy, desde este preciso momento ya lo son— habla el Subdirector.—Cada uno de ustedes pertenece al departamento de ejecución— mira a todos.—Es un honor estar aquí, viendo cómo a la OANS se le suman más personas. Porque nosotros somos la diferencia de la milicia. —La milicia le sirve a los buenos, protege el bien— toma la palabra Carlos.—Y la OANS le sirve a los malos, crean el caos. Somos todo aquello que ellos no se atreven hacer. —¡La milicia le sirve a los buenos, protege el bien!— alzamos todos la voz. —¡La OANS le sirve a los malos, creamos el caos. Somos todo aquello que ellos no se atreven hacer!— Eso es lo que somos, destructores de lo que ellos no se atreven a tocar. Somos los malos y a nuestros bandos les servimos, a nuestra gente. Porque en el mundo criminal solo hay lugar para los villanos que son perseguidos en el mundo correcto. —A continuación, daremos a conocer los equipos— anuncian. Todos los jefes (incluyendo al director y subdirector) nombraron a los integrantes de algunos equipos, son muchas personas que ingresaran, por lo tanto la mañana y el medio día la pasamos aquí. —¿A qué hora va a terminar esto?— se queja Nate. —Deja de molestar. Es la sexta vez que lo preguntas— lo reprende Siria. —Yo también me quiero ir— le hace segunda Nick. Desde hace raro están jode y jode con que ya están cansados y que tienen el culo plano por tener tanto tiempo sentados sin poder levantarse. —Al principio estaban entusiasmados por hacer esto— hablo por primera vez. —Queríamos ayudar en el entrenamiento, no a estar viendo todo esto. —Ya guarda silencio Nick— le señalo. —Me quiero ir— alega el castaño después de unos cinco minutos. —Nos queremos... —¡Ya!— decimos Siria y yo. Este par puede comportarse cómo dos adultos maduros y serios. Pero cuándo se lo proponen pueden comportarse cómo dos niños de cinco años, solo fastidian y fastidian. Pasan muchas personas a saludar a los jefes, es cómo una graduación que crean dónde les dan sus documentos y deben de firmar que pertenecen a este lugar. —Thomas Fernández, Felipe García, Diana Ruíz y Lisa Allen— Aplaudo cuándo los cuatros se acercan a recoger sus documentos y a dar las gracias. A Carlos le gustó los resultados que alojaron su evaluación y me lo hizo saber felicitandome por llevarla en éste proceso dónde sola, sin ninguna compañía pudo desenvolverse bien. Ya que todos pasan nos cambiamos de salón dónde se harán la prueba final, dónde los cuatro deben colaborar, trabajando en equipo para superar todo lo que se les venga en un futuro no lejano. —No siento mis piernas— habla Nick. — Ni el culo tampoco. —¿Cuál? Si ni tienes— se burla Siria. —Ya quisieras tener lo que yo tengo. —Estuvimos más de tres horas sentados— se queja Nate. —Me sorprende que no nos de calambres. Entramos al otro salón y los chicos se quejan al ver los asientos. Deciden quedarse un momento parados en lo que los demás entran y se sientan. —¿No puedo quedarme parado?— pregunta Nick. —No. —Allá está Axel— Siria se sienta a mi lado. —¿Vas a seguir con lo mismo? —Lo extraño— se queda viendo hacia atrás. Sonríe y saluda alzando la mano en el aire. Ya que todos están en en el lugar la prueba inicia y con ella los equipos se comunican. No tienen idea de lo que va a pasar. Cuándo vamos a una misión nunca sabemos con certeza si las cosas saldrán bien o mal, queda en nosotros improvisar y hacer todo lo posible para que todo salga como estaba estipulado. Los demás, los espectadores nos quedamos al otro lado de un gran ventanal pata observar todo. Solo los equipos están ahí y solos deben de protegerse y saber cuales pasos darán a continuación. Salen armas de las paredes, disparando a diestra y siniestra. Se cubren rápido y toman las que tienen en el traje para derribar a unas cuantas. Todos los equipos destruyen con precisión y avanzan con facilidad. Pero eso no es todo. Cuándo la lluvia de balas termina, el suelo se abre y deja ver algunos explosivos, rápido cada equipo toma uno y empieza a trabajar en el para desactivarlo antes de que este llegue a cero, no son explosivos de prueba, son verdaderos. Llegan a la línea roja que indica que terminaron y cuando piensan que es lo último, la pared se abre dándole paso a la pista con los transportes aéreos. El espectáculo no nos lo podemos perder, las sillas en las que estamos se giran, dejándonos de espaldas al ventanal para enfocar nuestra vista en las pantallas que nos muestran todos lo que los ejecutores hacen. Unos se suben a aviones y otros a helicópteros. Despegan y reciben instrucciones de exterminar a las máquinas que se encontrarán en los aires. Ellas actúan cómo si una persona los manipulara, son como robots, nos sirven para entrenar. Maniobran en el aire, esquivando todas aquellas máquinas que quieren que se estampen contra el mar. También reciben balas y los equipos no se dejan esperar disparando en su contra. El siguiente nivel es aventarse desde las alturas con un paracaídas. Los aviones y helicópteros quedan en automático y regresan solos a la organización. Suena loco pero es algo que se encargaron de mejorar. Todos impactan en el agua y se deshacen de los paracaídas para nadar a las lanchas de motor, la OANS las evolucionó haciéndolas practicas para nosotros, son grandes y tienen todo lo que necesitamos: protección, armas, explosivos etc. Todo para atacar, protegerse y sobrevivir. Las lanchas automáticas no se hacen esperar para atacar. Muchos les disparan, hasta se arman de bazucas para destruirlas Una vez terminado el nivel, todos regresan a la organización, entran al salón y todos los recibimos con aplausos frenéticos. Todos nosotros, los ejecutores que ya estaban aplaudimos frenéticos por haber ganado más compañeros similares a nosotros. Los jefes bajan a ellos y los felicitan. —Hicieron todo a la perfección— habla Carlos. —Son oficialmente pertenecientes al departamento de ejecución de la OANS, felicidades. Aplauden emocionados se abrazan unos con otros compartiendo su felicidad y emoción. —Desde este momento todos ustedes trabajan para la OANS.
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