Estados Unidos
/New York/
Adara
Las pruebas habían terminado y todas las personas estaban esparcidas por el salón, felicitando a sus demás compañeros y festejando en grupos.
Decidimos irnos cuándo Nick y Nate empezaron a j***r con lo mismo, así que salimos del lugar para ir a la cafetería. Habíamos pasado muchas horas ahí dentro y comer algo no nos caería nada mal.
—¡Adara!— giro sobre mis talones al oír mi nombre en un grito. Es Lisa la que corre hasta mi lugar.
Mis amigos también se detienen.
Al estar cerca de mí, se me viene encima con los brazos abiertos. Es un acto que me tomó por sorpresa. Me quedo quieta y cuándo nota que no correspondo, se aleja apenada.
—Lo siento...la emoción...me ganó.
—No te preocupes— digo cómo si nada, ese tipo de afecto no va conmigo.
—Felicidades, por cierto.
—Muchas gracias. Gracias por ayudarme.
—Fue un gusto.
—Estoy tan feliz por estar aquí— los ojos le brillan. —¿Cuál será nuestra primera misión?— se pregunta a si misma.
Me vuelve a dar las gracias y se retira para regresar con su equipo. Esta muy entusiasmada, y la entiendo, nosotros estábamos igual que ellos cuándo entramos oficialmente.
Retomamos nuestro camino y al entrar a la cafetería nos vamos por comida inmediatamente. Parecemos que nos andamos muriendo de hambre.
—¿Hiciste la reservación en el hotel?— preguntó Nate.
—¿Con quién crees que hablas? Claro que ya la hice— contestó Siria, ofendida.
Acordamos entre los cuatro que las mini-vacasiones las íbamos a pasar en San Diego. Siria se encargó del hotel.
—¿Y los boletos?— preguntó Nick.
—Listos— respondo.—Nos vamos está noche ¿Por qué preguntan hasta ahora?
—No nos acordabamos— se encogen de hombros.
Nos ponemos a planear lo que haremos en San Diego. Siria y yo proponemos ir de compras a un centro comercial pero ellos se niegan al instante, alegando que nos tardaremos mucho y que esa actividad es aburrida.
—Oh por dios, por fin los encuentro— toda nuestra atención se va a Alicia, dejando lo del centro comercial de lado.
—¿Pasa algo?— inquiero.
—El señor Atesh los quiere ver.
—¿Ya? Todavía me queda postre en mi plato— se queja Nick.
—Lo lamento, pero dijo que fueran ya.
Nos levantamos con un Nick quejándose y nos vamos del lugar. Al llegar tocamos la puerta de su oficina.
Se encuentra sentado es su lugar habitual.
—Buenas tardes— saludamos, y cómo es de esperar, no contesta y va al punto.
—¿Tienen todo listo?
—Sí señor— respondimos al mismo tiempo.
—Esta noche sale nuestro vuelo— informo.
Cada vez que nos dan vacaciones (sean cortas o largas) tenemos la obligación de decir a dónde iríamos exactamente, era para que la organización estuviera al tanto si nos sucedía algo, ya fuera personal o que involucrara nuestro trabajo.
—Nos vemos la próxima semana— es lo último que dice.
¿Carlos dándole buenos deseos a alguien? Nunca se ha visto tal milagro, o por lo menos, yo no.
(...)
Estados Unidos
/San Diego/
Adara
Al día siguiente...
—Quiero...— se queda mirando sus cartas, analizándo lo que pedirá. —Rojo.
—No tengo— Siria lo mata con la mirada, por otro lado Nick se ríe al ver cómo toma cartas.
—Ja, bloqueo— encuentra la carta roja y se burla.
—¡Oye!— me quejo.—Era contra Nick, no contra mí.
—Fue la que me salió— se encoje de hombros.
Es el turno de Nate.
—No puedo creer que hayamos terminado así— tira la carta.
—Les dije que mejor hubiéramos ido a Las Vegas.
—Hey, nadie sabía sobre esto— Siria tira otra carta después de que pasara el turno de Nick.
Llegamos ayer a San Diego, todo estaba bien hasta que al día siguiente (hoy) al despertar nos dimos cuenta de que estaba nublado, después la lluvia se soltó y evidentemente no pudimos salir a disfrutar de las vistas que nos ofrece este lugar. Así que nos quedamos en nuestra habitación. Afuera la lluvia no daba tregua y los rayos y los truenos tampoco.
—Uno— digo cuándo llega mi turno.
Los tres me miran cómo depredadores y se dan miradas entre sí. Llega el turno de Siria y...
—Amarillo — pide.
—¡Malditasea Siria!— se ríe cómo villana mientras tomo las cuatro cartas y tiro el color que eligió.
El juego sigue y tomamos y tomamos más cartas hasta que juntamos las que estaban de fuera. Nos tardamos minutos en terminar la partida, la cuál ganó Nick.
—Eres un tramposo— reclama mi amiga.
—Gané limpio.
—Ajá.
—¿Para ustedes hacer trampa es utilizar los más cuatro?— levanta una ceja y se cruza de brazos.—Por qué si es así, que malos perdedores.
—Idiota.
—Dejemos esto por la paz— habla Siria.
—Tengo hambre— dice el castaño.
—Puedo cocinar algo— Nick se levanta con entusiasmo y antes de que entre a la cocina lo detenemos.
—Ni se te ocurra pisar ese territorio— lo señalo con el dedo índice.
—Cómo dice el meme: no pasa nada oiga. Si se incendia esto, pues— se fija por la ventana —Sigue lloviendo.
—No te hagas el gracioso. Mejor pide algo del restaurant— Siria le lanza el teléfono de la habitación.
—Ustedes no me valoran— termina llamando para pedir comida. Nos reimos al escuchar todo lo que pide, es cómo para halimentar a veinte personas. Aunque no nos quejamos, nos vamos a comer todo eso entre los cuatro.
—Juguemos de nuevo— propone el pelinegro.
—¿Para qué nos vuelvas a ganar? No gracias— negó su compañero.
—Mejor esperemos la comida y después jugamos.
Los días transcurrieron con normalidad. Después de ese día lluvioso pudimos salir a recorrer las calles de San Diego y pudimos entrar a muchos locales, la mayoría del tiempo fuimos a la playa y en una tarde fuimos a un partido de fútbol que los chicos querían ver.
Al principio nos negamos, pues nosotras no somos fan de ese deporte y no queríamos ir, pero al final nos convencieron diciendo que iríamos al centro comercial cómo Siria y yo lo habíamos propuesto antes. Por "casualidad" al día siguiente se quejaron, diciendo que nosotras nos aprovechamos, cuándo fueron ellos los que nos propusieron esa condición para ir al estadio, y cómo somos buenas amigas no íbamos a desaprovechar esa oportunidad.
—Por eso no me fío de las mujeres— se queja Nick, con la vista en el camino.
—Son malas— les sigue Nate.—Solo ven una oportunidad para aprovecharse y ¡Pum! te hacen hacer lo que sea.
—Son engañosas.
—¿Podrían dejar de quejarse?— mi amiga se lleva las manos a la cabeza.
—Les recuerdo que ustedes propusieron esto.
—Aprovechadas.
—Parecen disco rayado— hablo.—Desde la mañana siguen con lo mismo.
Al despertar dijeron que no se acordaban de nada, dijeron que habían tomado mucho alcohol y que uno borracho dice estupideces. Pero, ellos no tomaron alcohol, o por lo menos no el suficiente para embriagarse.
—Por eso nunca me voy a casar— me ignoran. Bufo y opto por mirar por la ventana mientras llegamos, Siria hace los mismo y nos volteamos a ver de vez en cuando al seguir escuchando las quejas del par.
(...)
—Bajen— ordeno y niegan.—¡No sean infantiles!
Teníamos cómo diez minutos en el estacionamiento peleando con los chicos porque no querían bajarse. Literal parecían dos niños haciéndoles berrinche a su madre cuándo esta no les quiere comparar algo.
Nick se encontraba aferrado al volante y Nate cerraba la puerta cada que Siria la abría.
—¡Ya salgan!— se enfada Siria.—Sí no salen...
—¿Qué?— la interrumpieron los dos.
—Sí no salen en este preciso momento, al regresar todos los de la organización se van a enterar lo de la noche innombrable— los amenaza.
Es cuestión de segundos para que la cara les cambie y para que los dos salgan fingiendo entusiasmo.
—Vamos chicas, hay que entrar ya— habla Nick.
—Sí, hay que pasarla bien aquí— le sigue Nate, se van al elevador y con señas nos piden que apresuremos el paso.
La noche innombrable
Cada que lo recuerdo me dan ganas de reír, fue hace un año cuándo hicimos un trabajo muy importante, decidimos festejarlo y fuimos a un antro. La cosa es que los chicos aquí presentes se emocionaron demasiado y bebieron hasta perder la cabeza.
Cuándo ya era muy tarde, decidimos irnos a casa, pero estos se negaron. Se los dificultó sacarlos de ahí pero lo logramos después de que buscaran pelea y los de seguridad nos sacaran.
Actualmente tenemos prohibido entrar a ese lugar.
Pero la cosa no termina ahí, ellos querían seguir con la fiesta. Así que cuándo nosotras estábamos dormidas se fueron de casa a buscar otro antro y si lo encontraron, pero era uno para gays. Ellos no se dieron cuenta, pero nosotras sí. Los dejamos un rato en ese lugar, tomamos fotos y videos y al día siguiente se los mostramos.
Fue la noche innombrable. Así la bautizaron, y cómo lo dice el título: esa noche no se menciona.
Las puertas del elevador se abren y lo primero que hacemos es irnos a una tienda de ropa.
—También hay ropa para caballero— nos dicen la muchacha al ver al par sin hacer ni decir nada.
—Pueden buscar algo— propone Siria.
No contestan y ella blanquea los ojos
Compramos muchas cosas, ropa, zapatos, maquillaje. Al final los chicos accedieron y también compraron ropa y zapatos. Ahora estábamos en una tienda dónde había joyas.
—¡Adara mira!— el chillido de Siria me sorprendió. Me acerque a dónde estaba y observé lo que tenía entre las manos.
—Uno para ti y uno para mi.
Eran dos collares. Eran dos piezas que formaban un corazón al unirlos, unos decía best y en el otro friends.
—Tú te quedas con uno y yo con otro.
—Vale...— los collares estaban lindos, no lo negaré, pero se sentía extraño ya que no estaba acostumbrada a ese tipo de cosas.
En cuanto los pagamos, Siria insistió en que nos lo pusiéramos ya. Ella se quedó con mejores y yo con amigas. Parecía niña pequeña viendo el collar a cada dos minutos.
(...)
Admirar el atardecer es algo que me gusta, la luz se va y llega la oscuridad. Me gusta más la noche que el día. Es lindo ver el cielo lleno de colores diferentes, y de repente, esos colores se pierden para teñirse en un n***o abrasador.
Estábamos los cuatro en la playa, yo estaba sentada en un muelle mientras los demás hacían una fogata. Hoy era nuestro último día de vacaciones, mañana por la mañana el vuelo salía a New York.
Percibo pasos tras de mí: Es Siria.
—¿Qué haces?— llega y toma asiento junto a mí.
—Nada— respondí.
—Mañana al trabajo otra vez.
—Ya sé— dejé escapar un suspiro.
—Me la pasé bien, fue bueno descansar un poco y pasar tiempo con ustedes— sonríe.
—Yo también me la pasé bien.
Escuchamos alboroto tras nosotras y nuestra mirada se va a los chicos que se esfuerzan en prender la fogata.
—Estoy segura que ellos también— comentó.
Nos levantamos y caminamos por todo el muelle hasta llegar con los chicos, que todavía peleaban con el fuego.
—Hacen fogatas en bosques y selvas ¿Y aquí no pueden?— tomo asiento en un tronco.
—El aire no nos deja— se quejó Nate.
—Nick, aléjate— habló Siria.—Tú y el fuego no se llevan nada bien— se burló.
—¿Nunca lo van a olvidar?— negamos.
Después de ver cómo los dos peleaban con la leña de la fogata, esta por fin se encendió y pudimos disfrutar del momento. Habíamos traído malvaviscos, frituras y refresco para comer.
—No me quiero ir— Dijo Nate, tomando de su lata de refresco.
—Ni yo— le siguió Nick.
—Al menos nos dieron una semana para descansar— comenté.—Después nos darán vacaciones largas.
—Falta mucho para eso.
—Los momentos llegan.