Estados Unidos
/New York/
Adara
Dos días después
7:00am
El día estaba calmado, era cómo si esperara el caos que se iba a formar en el momento en que pusiéramos un pie en la empresa.
Nos habíamos levantado muy temprano para hacer nuestras revisiones finales para que nada fallara. Todo estaba bien, todo pintaba que iba a salir bien.
Ayer habían llamado a Siria para decirle que estaba contratada y que hoy tenia que presentarse a las 7 de la mañana para comenzar con su trabajo. A mí también me llamaron, me dijeron lo mismo y tenía que estar ahí una hora después de la entrada de ella.
Antes de la hora acordada, Siria bajó de la camioneta y caminó dos cuadras para llegar a la empresa. Después de unos minutos, bajé yo y recorrí las pocas calles que me separaban de la empresa.
Company Anderson
Me detuve frente al gran edificio de grandes ventanales. Casualmente quedaban frente a la cafetería de Alondra, la cuál ya estaba abierta después de lo pasó con su hija.
Caminé al interior del gran edificio y me fui directo a la recepción para darle mi nombre a la mujer de ese puesto.
Se veía que el trabajo estaba más presente que nunca, las personas iban y venían con documentos y carpetas.
—Buenos días— saludé a una mujer morena, la cual me regaló una sonrisa cuando levantó la mirada al oír mi voz.
—Mi nombre es Diana— me presento.
—Oh ¿Eres la nueva asistente de la señora Victoria?— asentí.
—Ven por aquí— se levantó de su lugar y me guió hasta el elevador.—La señora Victoria me dijo que te llevara a tu lugar de trabajo, ya que todavía no conoces.
—Te lo agradezco— sonreí.
Abordamos y marcó el piso al que haríamos.
Las puertas estaban a punto de cerrarse, pero no lo lograron, una mano masculina había impedido que lo hicieran. En el momento en el que las puertas se volvieron abrir para que ese hombre entrara. Mi mal presentimiento se hizo presente de nuevo.
Era Liam Trembley
Sus ojos negros se toparon con el azul te mis pupilentes, fueron segundos en los que intercambiamos miradas.
Un escalofríos recorrió todo mi cuerpo, sentía sus ojos en mi, me miraba sin disimular, podría hasta jurar que la chica que me acompañaba también se dió cuenta. Nos miraba de reojo de vez en cuando.
Por un momento creí que me había identificado con la pelirroja que chocó con él en aquel aeropuerto. Pero toda esa sensación se fue al ver cómo las puertas del elevador se abrieron en el piso que la morena marcó, salimos de la caja metálica y hasta que las puertas se cerraron, dejé de sentir su mirada.
Tenía los ojos de un café tan oscuro, que bien podrías confundirlo con un n***o, y en el momento en el que posa su mirada en ti, sientes que indaga hasta lo más profundo de tu corazón y lo más oscuro de tu mente.
Recordé porque estaba aquí y me centre en lo que tenía que hacer. No debía deistrarme con estupideces, así que ignoré todo y me metí por completo en mi papel de secretaria.
—Aquí está— me señaló un escritorio.
—Este será tu lugar de trabajo. La señora Victoria llamó temprano para decir que llegaría tarde, pero que si iba a asistir a la reunión.
Solo asentí.
—Aquí tienes todo lo que debes saber y hacer— me entregó una libreta.
—¿Toma café?
—Sí, ahí dice cómo debes prepararlo.
—¿Podría hacerlo antes de que llegue y dejarlo en su escritorio?— tenía que entrar a esa oficina para buscar la llave de esa habitación. Ella era una de las personas que tenia acceso y contacto con ese espacio.
—Creo que no podrás hacer eso— dijo soltando una risita nerviosa. —La oficina de la señora Victoria está con llave, ella abre la puerta cuándo llega, dice que es por seguridad— la expresión le cambió, cómo si se hubiera dado cuenta de algo.
—Lo siento, no quiero decir que tu seas una mala persona...Al contrario, te ves muy amable y...
—Entiendo— la interrumpi.— Sólo es seguridad, lo entiendo.
Suspiró y me regaló otra sonrisa amigable. Después de decirme uno que otro dato sobre mi deber, se retiró porque la llamaron para que regresara a su lugar de trabajo.
—Las dos están en él piso de la habitación.
Escuché hablar a Nick.
Tomé asiento en "mi lugar" e hice algunas cosas que me marcaba la libreta. Después de unos minutos las señora Victoria llegó, era una mujer de unos 30 años, que para tener esa edad, de veía bien. Su cabello era rubio, cómo la peluca que yo portaba y sus ojos eran verdes, se encontraba bien conservada, tenía cuerpo de modelo y era muy alta.
Le llevé café cuándo me lo pidió y estuve quince minutos en su oficina tomando nota de muchas cosas que debía hacer.
—¿Le puedo ayudar con algo?— le pregunté cuándo la vi salir de su oficina.
—Así estoy bien. Tengo una junta y voy para allá— contestó con una sonrisa.
Cuándo la vi por primera vez, pensé que era de esas mujeres prepotentes, pero fue todo lo contrario.
—¿Necesita que vaya con usted para tomar nota?
—No, yo me haré cargo de ello.
Se fue, la vi perderse en el pasillo. Espere unos segundos para verificar que no se le haya olvidado nada.
—Se fue.
Me levanté de mi lugar y me acerque a la puerta de su oficina, está cedió cuándo la abrí. Entre y revisé los cajones del escritorio. Había un estante de carpetas de diferentes colores y allá arriba había otros cajones. Tuve que acercar una silla porque no alcanzaba.
Al revisar el último cajón, encontré la llave, tenía un llavero con un candado dibujado.
—¿Está es la llave?— la puse frente la cámara que tenia en el blazer para que los chicos la vieran.
—Esa es.
Dejé todo cómo estaba, acomodé la silla en su lugar y salí de la ofician directo al pasillo para ir a la habitación. Yo entraría a arruinar una de las maquinas mientras Siria se quedaba fuera, vigilando que nadie entrara.
Estaba a unos metros de llegar, cuándo cierta mujer de piel morena se me atravesó en el camino con un entusiasmo que no hacía más que causarme exasperación.
—¡Hola Diana!— saludó con entusiasmo.
—Hola.
Me había dejado a medio caminar a la habitación, estaba del otro lado del pasillo. Apreté la llave en mi mano, con disimulo para que no la mirara mientras hablaba y hablaba.
—Quería preguntarte si te gustaría ir almorzar conmigo. Eres nueva y no sé si ya hiciste amigos...
—Claro— accedí, rápido pero no tanto para que no sospechara nada.
Siria apareció en mi campo de visión, venía a nuestra dirección. Me preguntó con la mirada y lo mismo que escuché yo por el auricular, lo escuchó ella.
—Improvisación.
Traía consigo muchas carpetas, que si alguien la ve piensa que no mira nada.
Sigo poniendo atención a todo lo que dice la morena frente a mí. Siria llega hasta nosotras y choca su hombro con mío.
—Lo siento— se disculpa.—Me cuesta ver.
En ese choque de hombros "accidentalmente" le pasé la llave a ella disimuladamente para que entrara a esa habitación.
Pasó de nuevo por nuestro lado, con la diferencia de que ya no traía las carpetas. Desde mi lugar vi cómo abría la puerta y la cerraba para hacer lo que debía de hacer yo, pero por razones claras, no pude.
—¿Te parece si me esperas abajo? Tengo que ir por unos documentos— mentí.
—Oh, me parece bien. Allá te espero— se fue y me acerque a la puerta para inspeccionar que nadie viniera y entrara a esa habitación.
Las personas pasaban y de un escritorio cercano tomé una carpeta para fingir que lo revisaba.
Siria no se tardó ni cinco minutos en salir. Desde afuera podía escuchar un pitido que seguramente emitía la máquina que estropeó.
Salió, cerró la puerta y me dio la llave. Se fue por su lado y yo por el mío. Era cuestión de minutos para que los encargados de esa habitación se dieran cuenta de la falla y llamaran al técnico.
—Tú turno Nick.
El encargado de esa habitación, llamará al técnico que siempre atiende todo lo que está ahí adentro. La llamada que hará, llegará a Nick. Ellos pensarán que están hablando con el encargado de siempre, pero será Nick, usurpando la llamada.
Regreso a mi área de trabajo y me voy directo a la oficina para dejar la llave en su lugar. Cuándo salgo, veo como Victoria camina aquí con su celular en mano. No me miró salir porque llevaba su atención a la pantalla de aquel aparto.
—¿Sucedió algo?— pregunto.
—Nada, solo...sonó una alarma. Pero no es nada preocupante— contestó y se fue a su oficina.
Me quedé sentada en mi lugar, repicoteaba la punta de mis uñas en la madera del escritorio, esperando que dijeran que podíamos irnos. Pero lo que escuché fue totalmente diferente.
Una alarma
Mucho más ruidosa que la anterior.
—Tenemos que salir de aquí, tomé la tarjeta equivocada.
En el momento en el que escuché a Nick, me puse se pie inmediatamente. Victoria salió de la oficina y ni caso le hice cuándo dijo mi nombre varias veces. Me fui por el pasillo hasta llegar a la puerta de emergencias, Siria y Nick ya estaban ahí. Bajamos las escaleras, solo un piso para llegar al elevador escondido.
En cuanto salimos, había personas caminando apresuradamente, eran tantas, que sé nos dificultaba pasar entre ellas.
Me quedé atrás y de un momento a otro, sentí cómo me tomaban del brazo. Me dieron un jalón a dirección de una oficina e impactaron mi espalda en la madera de la puerta cuándo mi mismo cuerpo la cerró por el empujón que me propinaron.
—No sabia que la nueva era una ladrona.
La voz gruesa de Liam me sorprendió demasiado, no esperaba que fuera él quien hiciera esto. Mi cuerpo era prisionero del suyo, su mano todavía seguía en mi brazo y estábamos tan juntos, que su respiración y la mía se mezclaban.
Sus ojos me imacientaban, me miraba cómo si supiera absolutamente todo de mí.
—Por eso dicen que los apariencias engañan— trate de soltarme de su agarre, pero solo consegui que presionará más su cuerpo con el mio.
—Sueltame o lo pagaras muy caro— amanece. Sus labios se extendieron es una estúpida sonrisa burlona que me dieron ganas de borrarla de un puñetazo.
—Yo no peleo con princesas— por un momento pensé que me iba a besar, pero bajo su rostro hasta el mio y paso su nariz por mi cuello, apartando la peluca rubia por un lado.
Me estremecí por ese acto, pero no me permití perder el juicio por eso.
—Ni yo con idiotas— estaba tan concentrado en mi cuello que no notó que subí mis manos por sus hombros.
—Pero esta vez haré una excepción.
Le solté un golpe en su entrepierna que lo hizo apartarse de mi como si mi cuerpo le quemara.
No dejé pasar más tiempo, debía de salir de este lugar pero ya. Abrí la puerta pero volvió a jalar mi brazo, cerró la puerta y me empujo a ella, colocando sus manos alrededor de mi cuello. Sus ojos ardían en furia apretaba mi cuello pero no lo suficiente cómo para cortarme la respiración.
—Las ladronas cómo tú deberían ser castigadas— dijo estre dientes.
—Y los criminales cómo tú deberían estar en prisión— metí mis brazos por el espacio que dejaban los suyos.
De un arrebato sus manos dejaron mi cuello.
Con mi tacón de aguja le di una patada a su estomago para que se quitara de encima. No iba a permitir que me volviera a tomar de esa forma, así que rápidamente, tomé una de las sillas del escritorio y la hice trizas con su espalda.
Pensé que eso lo iba a distraer más que el golpe en su amigo, pero me equivoque.
En el momento en el que gire para salir, sus fuertes brazos rodearon todo mi abdomen, pegando mi espalda con su duro torso.
—Eres una tramposa— dijo en un gruñido junto a mí oído. Se le escuchaba enojado.
—Y de las peores— cómo estaba cerca de la puerta y el todavía me sostenía, subí mis piernas y así con falda entallada, puse mis tacones de diez centímetros en la puerta y me impulse ocasionando que los dos nos fuéramos hacia atrás.
Justo detrás había un sillón de espalda a nosotros, lo que ocasionó que trompezaramos y cayeramos de espalda a él.
En ese movimiento, me liberé de sus brazos y nos pusimos rápidamente de pie. No lo pensé dos veces y le solté varios golpes, el solo los esquivaba, no regresaba ninguno, era cómo sino quisiera lastimarme.
Pero ese pensamiento se fue a la mierda cuando se abalanzó contra mi y caímos de nuevo al piso. Su espalda impacto con el suelo, caí sobre el y rodó dejándome a mí abajo de él.
Tomó mis muñecas y las puso sobre mi cabeza.
—¡Sueltame!— le grite retorciendome abajo de él.
—¡No!
No tenía escapatoria, sus manos estaban aprisionado las mías y su cuerpo estaba junto al mío. Me moví con desesperación y una pregunta nació en mi mente.
¿Por qué demonios tiene la misma fuerza que yo?
Si hubiera sido alguien más, desde hace mucho tiempo le hubiera quebrado el cuello.
No me quedó de otra.
Cómo estábamos tan cerca, no fue difícil juntar mis labios con los suyos para sumergirnos en un beso lento pero agresivo y furioso después. Estaba tan concentrado en devorar mi boca que en el intento de liberar mis manos, cedió y las dejo libres.
Hombre tenía que ser.
Cruce mis piernas en su torso y de un momento a otro, era yo la que estaba sobre él cómo al principio. Le metí un golpe cerca del ojo, tenía la intención de darle otro pero tomo mi puño.
No sé cómo lo hizo, pero se puso de pie conmigo encajada en su cintura, me estrelló en una pared, dejándome sobre un mueble. Llevó sus manos a mi abdomen y quedé impresionada al oír cómo abrió mi camisa de botones de un jalón.
—Me estas jodiendo— dijo, intentando quitarme el blazer. Forcejeo con él para que no lo haga.
—Me provocas y después no quieres asumir las consecuencias linda.
De reojo veo un jarrón con flores, lo tomo y se lo estrello en la cabeza. Se la toma con las dos manos, retrocediendo.
Me bajo del mueble y salgo de ahí rápidamente. En los pasillos todavía hay personas pero empujo a quien se me cruce para salir de este maldito lugar.
No paso por alto los cuerpos sin vida de algunos hombres se seguridad.
Esto tienen nombre y apellido.
Trato de taparme la camisa rasgada con el blazer, llego a la oficina del elevador y cuando abro la puerta, veo a los chicos con manchas de sangre.
No nos preguntamos nada, ellos también me miraron raro al ver mis condiciones: no traía un zapato, mi camisa estaba rasgada, el labial corrido, la respiraciones agitada el cabello despeinado y la falda más arriba de dónde debería estar.
Nos subimos al elevador y cuando las puertas se cierran, sacamos la ropa que traía Nick en una maleta. Nos desvestimos y nos ponemos lo que había en el interior del bolso.
Me coloqué un pantalón azul cielo, una blusa blanca y una sudadera encima, me puse unos vans blancos y me quité la peluca rubia y los pupilentes azules.
Las puestas se abrieron y recorrimos el túnel con unas linternas para ver. Salimos al callejón, lo atravesamos y nos subimos a la camioneta gris. Nate se pone al volante y salimos de ahí.
Del otro lado del carril, patrullas de policías pasaron con las sirenas encendidas, dirigiéndose al edificio.
—Carlos nos matará— habló Siria.
No pienso en eso, pienso en todo lo que pasó con Liam Trembley en esa ofician.
Todavía traigo el corazón acelerado por la adrenalina de ese momento tan inesperado.