Estados Unidos
/New York/
Liam
Jodido.
Estaba completamente jodido.
Y no porque miré muchos cuerpos sin vida de los de seguridad por los pasillos, (señal que nos dejaron al asesinar de los nuestros). Tampoco por haber arruinado una de las maquinas en la habitació. Sino porque la tuve tan cerca, tan cerca que pude tenerla piel con piel (no de la forma que quería) y se fue. La maldita se fue. En el momemto en que estrelló ese jarrón en mi cabeza todo se me nubló, no podía distinguir nada y se fue, burlándose de mi una vez más.
Sabe perfectamente quien soy yo, se enfrentó a mí. No le importó eso, ella solo se defendió sin pensar que podía asesinarla en ese momento. No mentiré al decir que estaba tranquilo, no, ahora más que nunca la iba a buscar. No me importa si me tardo meses o años. La voy a encontrar y la voy a poner en el trono que la espera. En el trono que se merece.
Desde que pise la empresa, tuve una sensación extraña, que aumentó cuando entré al elevador y la vi a ella. No negaré que me sorprendió, ahora llevaba apariencia de secretaria, su cabello era rubio y sus ojos azules. Parecía una bruja que cambiaba de apariencia para engañar a todos.
Después de que ella y su acompañante llegarán a su piso, no me quedé con la duda y llamé a Ramiro. Le dije lo de mis sospechas y después de unos minutos me lo confirmó.
Era ella. Iba a ir por mi reina, claro que lo iba hacerlo. En eso una pregunta surgió en mi mente.
¿Qué hacía aquí? Era obvio que no era para algo bueno.
Me desconcertó oír la alarma de evacuación, y cuando la escuché solo ella se me vino a la mente. Ella era responsable de eso, estaba seguro.
Después de que se fue, salí de la empresa directo a mi casa, ahí se encontraba Enrique esperándome para hablar sobre lo sucedido. Cómo era de esperarse, fuera de la empresa había un desastre. La policía, la ambulancia y la prensa llegaron volando al lugar.
—¿Y ahora que fue lo que pasó?— la pregunta de mi padre fue lo primero que escuché cuando entré al salón principal.
—Quisieron robarnos— le contestó Enrique.
—¿Qué?
—Eso no lo sabemos, las grabaciones fueron borradas y no sabemos quienes fueron— mentí. Tal vez ella estaba sola o tenía compañía, pero eso no lo sabía con certeza. De lo que sí estoy seguro es que algo querían de ese lugar, presiento que ella robó la llave de la puerta.
—No puedo creer que quieran robarles a ustedes. ¿Qué sería?¿Dinero?
—Fue lo mismo que creímos nosotros— hablé.—Pero entraron a la habitación oculta. Ahí hay cientas de cosas, es difícil saber por cual iban.
—No permitas que te den otro golpe— me dijo Emir. Sé que con eso se refería al saqueo y destrucción del almacén dónde estaba el arsenal, muy en el fondo también hacia referencia a lo de Fernando.
Nos quedamos en la sala hablando de lo que pasó. Mandamos a que todos los trabajadores de ese piso fueran interrogados para ver si ellos sabían algo que nos podría servir. En la tarde llegó Victoria, diciendo que ella tenía sospechas de alguien y que estaba segura que era responsable.
—Diana Ruíz, mi nueva asistente— dijo Victoria.—Sospecho de esa mujer.
—¿Por qué?— pregunté.
—Cuándo sonó la alarma de emergencia ella salió rápido, la llamé y no me hizo caso.
—Creo que todos reaccionaron así.
—También la llamé hace unas horas para el interrogatorio, y el teléfono dice que está fuera de servicio ¿Sospechoso no?
Me quedé pensando. Si daban con ella antes de que yo diera primero esto se iba a descontrolar.
—Vas a ver que ya no va regresar a su trabajo— siguió.—Yo presiento cuando una persona trae malas intenciones y ella no me agrado en lo absoluto.
—¿Señor Liam?— entró una de las empleadas.—El señor Ramiro está en la entrada— comunicó.
—Llévalo al despacho, iré en un momento— se retira y sigo escuchando las suposiciones de Victoria y las quejas de mi padre.
—Los responsables van a salir— me levanté, acomodé mi saco y caminé a la salida.
—Y pagaran las consecuencias— escuché de lejos a Emir.
Caminé hasta mi despacho, en el ya se encontraba Ramiro sentado en una de las sillas frente a mí escritorio. En cuanto sintió mi presencia se puso de pie y se acercó a mí.
—La tengo, señor. Sé quien es esa mujer.
Respiré tranquilamente y le pedí que tomara asiento mientras yo servía whisky para los dos cada vez estaba más cerca. Cuando tomé asiento me extendió una fotografía. La cámara había captado la imagen de una hermosa mujer, su cabello era n***o, su piel blanca, sus ojos eran de un gris eléctrico muy intenso, sus labios rojizos y carnosos estaban extendidos en una sonrisa. Mismos labios que probé hace unas horas y que sin duda iba a volver a probar.
Está imagen no tenía absolutamente nada que ver con la castaña, pelirroja y rubia. Cómo era de esperarse era completamente diferente y más hermosa.
—¿Cuál es su nombre?— pregunté todavía con los ojos en la fotografía.
No estoy seguro si podré dormir con la imagen real de mi dulce tormento.
—Adara Atesh. Pertenece a la OANS.
—¿OANS?— en mi vida había oído esas siglas.
—Organizacion de asesinos nivel superior. Ella es del equipos principal del departamento de ejecución.
Por eso el asesinato, el robo del maletín, el robo de las armas y el robo de la llave y el daño en la habitación. Adara se dedica a eso. Es toda una criminal y a mi hechandome en cara que debería estar tras la rejas cuando es igual que yo.
—¿Sabe? Es curioso que todos la conocen cómo Adara Brown, cuando es familiar de los dueños de la organización.
—¿Por qué se oculta?— pregunté con confusión.
—Bueno...Los Atesh y ella no comparten lazos sanguíneos. Lo más extraño es que busqué su árbol genealógico y no apareció nada. Pero no me quedé con la duda señor, seguí investigando y resulta que no es una persona común y corriente.
—Explícate— pedí.
—Lo que le digo es 100% real. Ella no nació de una mujer. Ella fue creada en el laboratorio de esa organización. Santiago Atesh es el jefe de los médicos, él creó vida de una forma...peculiar.
Sé que suena loco, pero cómo le dije: es real lo que le digo.
—Sigue.
—Después de que la creó la sometieron a muchas pruebas, era toda un arma peligrosa. Su fuerza y sus sentidos son descumunales, es inteligente y evidentemente muy hermosa. Le sacaron provecho, la convirtieron en una asesina, en una ejecutora.
—¿Quién la adoptó?
—Su creador: Santiago. Pero frente a los ojos de los demás es Brown no Atesh, según que para protegerla porque es hija y sobrina de los dueños.
—¿Santiago tiene hermanos?
—Sí, es el Director general: Carlos Atesh.
Conocía más ahora, sé mucho más sobre ella y eso es un gran paso para atraparla. Sin embargo, ahora más que nunca tendré que ir con cuidado para atraparla. Por lo que dijo Ramiro ella no es normal y necesito conocer todo sobre ella.
—Quiero que consigas todos los datos posibles sobre esa creación, quiero saber absolutamente todo de Adara para saber como voy a golpear.
—Sí señor.
—Puedes retirarte.
Se va y me quedo solo con la fotografía de Adara en mis manos. Mi futura reina es digna de llamarse así, con tan solo ver su imagen puedo deducir que es capaz de doblegar a quien quiera.
Mi dulce tormento debe estar en la cima.
(...)
Adara
Horas atrás...
No queríamos entrar a la oficina de Carlos, ni de broma queríamos eso. Pero desgraciadamente teníamos que hacerlo. Éramos conscientes de que todo lo que haríamos iba tener consecuencias, y probablemente no eran buenas, pero como dicen: el que no arriesga no gana. Y nosotros arriesgamos, sin embargo, no ganamos nada.
Solo un regaño
Entramos a su oficina y lo vimos de pie frente a su escritorio, de brazos cruzados y con el ceño fruncido. Nos escaneo con sus ojos azules y suspiro abrumado
—No voy a preguntar que fue lo que pasó porque ya lo sé— habló. —Así que me voy a ir por lo importante ¿Qué harán ahora? Se les va a complicar porque ya los pusieron en alerta.
—Tenemos un plan B— comenté. Nos hizo una seña para que habláramos.
—Si la Polímata no está en la empresa entonces ha de estar en la casa de Anderson— habló Nate.
—¿Y si no está?
—Nos encargaremos de averiguarlo en estos días— comentó la castaña.
—Teníamos todo planeado por si esto pasaba— agregue.
—Quiero saber cómo entraran.
—En unos días Anderson cumplirá años, hará una fiesta y nosotros iremos, será fácil entrar sin levantar sospechas, habrá mucha gente y dudo que puedan estar al pendiente de todos.
—Solo una cosa— se acercó y volvió a pasar su mirada por los cuatro.—Sí no pueden con esto, quedarán fuera y otro equipo se hará cargo.
Iba a refutar, pero decidí no hacerlo y quedarme callada, lo menos que me apetece es discutir en este momento.
—Nos encargaremos de ello— dijo Nick seguro.
—Entonces vayan hacer su trabajo cómo se debe y dejen las fallas por un lado porque eso aquí no se acepta. No permitan que el puesto cómo el equipo principal les quede grande.
—Sí señor— contamos al mismo tiempo.
Salimos con un silencio incómodo, cada quien estaba en sus pensamientos. Solo estábamos teniendo un momento de silencio para acordar y plantear bien nuestro siguientes movimientos.
—Sigamos con lo nuestro— fue Nick el que tuvo la iniciativa de ir a trabajar. Nos fuimos a nuestra sala y recopilamos todo lo que investigamos los últimos días sobre el cumpleaños de Enrique.
—Su cumpleaños es el sábado y ese mismo día lo va a festejar.
—Son más de doscientos invitados.
—¿Dónde meterá a tanta gente?— preguntó Siria.
—En su penthouse, es muy grande.
—Detecto algo aquí— dijo Nick. Nos acercamos y miramos un punto rojo que parpadea en una de las habitaciones, que deduzco, es del dueño.
—¿Cómo vamos a entrar? Después de lo que pasó la seguridad va a estar triplicada— indiqué. Era un dato que teníamos que tener mucho en cuenta.
—De que entramos, entramos.
—Sí la Polímata está en su habitación es claro que no podemos entrar directo por la puerta— dijo Nate, con la vista en la pantalla que mostraba el departamento en tercera dimensión.
—¿Y cómo le vamos hacer?— pregunté.
—¿Vamos atravesar las paredes?
Los tres me voltearon a ver, cómo si lo que hubiera dicho fuera la mejor idea del mundo. Se miraron cómplices entre los tres, me miraron a mi y me sonrieron.
—¿Qué?— interrogue. Me daba miedo las ocurrencias de éste trío. Y algo me decía que lo que sea que se les ocurrió era muy descabellado.