Capítulo 25

2219 Palabras
Estados Unidos /New York/ Adara Estábamos a pocos días de la celebración de Enrique. Teníamos todo lo que necesitábamos, sólo teníamos que esperar el día. Thomson fue a la organización al ser informado de lo que había pasado, a pesar de que la Polímata es importante para él, no se puso histérico y no nos exigió nada. Es más, nos comentó que fue invitado a la fiesta y que yo podía ir con él como dama de compañía para que fuera más fácil recuperar lo que quería. Acepté ir con él, era una buena oportunidad. No iba a ir sola, Nate y Siria también irían cómo una pareja de invitados por si las cosas se tornaban oscuras. Por otro lado, Nick se quedaría en la organización, miraría todo a través de pantallas para avisarnos de lo que pasara. —¿Se te ofrece algo más?— preguntó Alondra, dejando una rebanada de pastel de chocolate frente a mí. —Es todo por ahora. Después de lo que pasó con su hija estuvo varios días sin venir a la cafetería. Si estuvo abierta, unos personas que trabajan aquí se encargaron de tenerla en pie mientras ella no estaba. También arregló su nueva casa y cuando estuvo lista ella y Dylan se fueron a empezar su nueva vida, dejando mi departamento. —Me recomendaron agregar otro postre a la carta. Desde hoy lo prepararon— habló. —¿A si? ¿Cuál? —Pastel de zanahoria —¿Por qué no me dijiste antes? Lo hubiera pedido— me lleve la última cucharada de pastel a la boca. —Puedo darte si quieres- propone. —Adelante— fue a la cocina y regresó con un plato de pastel que había mencionado. —¿No es mucha azúcar?— extendió el plato por la barra hasta dejarlo frente frente mí. Sabía que hacía referencia a la anterior rebanada, además de que era de chocolate. —No— me lleve un pedazo y me deleite con el sabor exquisito que disfrutaba mi paladar.—Es bueno. —Eres la primera que lo consume. —No seré la última— tenía un sabor genial. El pan era muy suave y esponjoso. La miro observar de tras de mí. —¿Pasa algo?— pregunto. —Hace días hubo un desastre en esa empresa— señaló el edificio frente a su local. —¿Sabes lo que pasó? —Dicen que la alarma de incendio se activo, todos pensaron que había llamas pero resultó que no. Que fue una equivocación. Hubieras visto el montón de personas que había afuera. Fue todo un caos. Así que supieron tapar muy bien lo que en realidad había pasado. —No me enteré— mentí. —Espero que todos estén bien. —Ojalá. Y dime...¿Cómo han ido las cosas? ¿Están bien en su nueva casa?— decidí cambiar el tema de conversación. —Todo bien, la casa es genial y ya nos estamos adaptando. —¿Y Dylan? —Dylan tiene mucho más espacio para jugar— la expresión sonriente le cambió totalmente.—¡Oh por dios, Dylan! —¿Qué? —¡Olvidé por completo que tenia que ir por él al jardín de niños! La niñera no iba poder ir. Y tengo mucho trabajo aquí. —No te preocupes, yo voy por él— ofrecí. —¿Sí?— asentí.—Muchas gracias Adara. -Por nada, ¿Quieres qué lo traiga aquí? —No, llévalo a casa. La niñera estará ahí, solamente me dijo que no podría ir por el porque estaba con su mamá en el hospital, pero que iba a estar es casa a la hora que Dylan llega. —Muy bien, entonces me voy— me levanté del banquillo y saqué dinero de mi cartera para pagar. Me despedí de ella y me fui a mi auto. Conducí por las calles de New York hasta llegar al jardín de Dylan, en la entrada había muchas mujeres esperando la hora de salida para llevarse a sus hijos. Me baje del auto, la mayoría de las mujeres tenían la vista puesta en el Ferrari rojo y en mi cuando bajé de el. Caminé hasta ponerme en el lugar donde esperan. Salió una de las maestras, nos saludo con un buenas tardes a todas y abrió la puerta para que los niños que venían detrás de ella salieran. —¡Adara!— gritó Dylan cuando me miró. —Hola— sonreí. Me puse en cunclillas para recibir el abrazo que me quería dar. —¿Nos iremos en ese auto?— preguntó cuando nos separamos. —Así es, ¿Te gusta? —¡Es genial!— exclamó con entusiasmo. Lo subí en el asiento del copiloto y le coloqué el cinturón de seguridad para después cerrar la puerta y subirme en el otro asiento. El resto del camino me habló de su día en el jardín, me comentó que había unos niños que lo molestaban y cómo la muy agresiva que soy le dije que le rompiera la nariz a todos y que no se dejara, pero antes le dije que los acusara con su maestra. Llegamos a su casa, la niñera nos esperaba en la entrada para recibir al niño. Se despidió de mi con un abrazo y se fue con la chica al interior del inmueble. Regresé al auto y llamé a Alondra para decirle que Dylan ya estaba en su casa con la mujer que se encarga de cuidarlo. Retomé el camino y me conducí entre el trafico para ir a la organización. Después de unos minutos atascada en el tráfico pude conducir bien. Coloque música a todo volumen y cantaba cada canción que se reproducía. Iba cantando y "bailando" en el asiento hasta que mi vista se poso en el espejo lateral de mi puerta. Había dos autos negros tras de mi. No quise pensar que me seguían pero cuando di varias vueltas ellos seguían detrás. Decidí acelerar y tratar de perderlos entre los demás autos pero ellos también aceleraban y esquivaban los demás transportes para no perderme de vista. Gire en una esquina y acelere, miré el espejo y ahí venían. Se acercaron tanto a mí que uno de ellos le dio un leve empujón a mi auto. Por un momento me distraje viendo por el espejo, que no vi el camión que se atravesaba en mi camino. Giré el volante, subiéndome a la banqueta, arrasando con todo lo que había en ella, desde botes de basura, hasta algunos letreros, las personas se quitaban tirándose hacia un lado mientras mi auto pasaba ahí a mucha velocidad. Me metí a la carretera de nuevo ganandome muchos pitidos de parte de los conductores. Cuando miré de nuevo por el espejo solo había un auto, el otro había desparecido, pero no por mucho tiempo. Sentí un impacto del lado del copiloto que hizo que mi auto diera vueltas en el asfalto. Intenté ponerlo en el camino de nuevo pero la fuerza me ganó y terminé entrando a una tienda de flores, atravesado el vidrio y llevándome todo lo que había dentro del local. La bolsa se abrió y cuando quise reponerme todo me dio vueltas, la cabeza me palpitaba y de un lado de mi cabeza corría sangre. Me quite el cinturón y solté un jadeo de dolor cuando me moví, me dio una punzada el doble de dolorosa en la cabeza. Los autos estaban estacionados afuera, bajé del auto con mi arma y llena de furia le disparé a los hombres que también se habían bajado, le di a uno en un brazo y a otro en una pierna. De lejos escuché unas sirenas, un mareo me invadió y caí rendida en la oscuridad. (...) Abrí lentamente los ojos, mi vista tardó unos segundos en aclararse para observar la habitación blanca en la que estaba. En uno de mis brazos había suero, el pitido de una máquina señalando los latidos de mi corazón me martillaba en los oídos enviando un leve dolor a mi cabeza. Estaba en un hospital, no tenían la menor duda. Después del desastre que hice en aquella tienda han de ver llamado a la policía y la ambulancia. No sé que sería con las personas que me persiguieron. Al parecer querían algo de mi pero gracias a la ambulancia no se acercaron más. Me fastidia que esos hombres hayan provocado esto, no se quien diablos eran. Lo más probable es que quieran asesinarme. La puerta es abierta y por ella entra una enfermera. Me mira y sonríe. —Me alegra que ya hayas despertado linda— se acercó.—¿Te sientes bien? ¿Te duele algo? —Me duele la cabeza. —Toma esto— me extendió una pastilla y sirvió un vaso con agua. —¿Cuanto tiempo llevo aquí?— me bebí todo el agua, tenía demasiada sed y le pedí más. —Tienes cinco horas— abrí los ojos y la boca sorprendida, se suponía que debía estar en la organización. —Afuera hay unas personas. —¿Qué? —Así cómo lo oyes. Dijeron que eran tus amigos y uno de ellos tú padre y tío— era imposible que no se enteraran que estaba en un hospital. —Por cierto, esto es para ti- de su uniforme blanco sacó un sobre, me lo extendió y le di las gracias. Me pareció extraño, lo abrí y cómo era de esperar, dentro había una carta. La desdoble y observé la letra elegante que estaba plasmada en el papel. No sabes cuanto lamento lo que pasó, no era mi intención lastimarte. Al contrario, solo quería atraparte para tenerte conmigo y darte todo lo que te mereces. No creas que no hice pagar a las personas que causaron tú dolor. Nadie tiene derecho de lastimarte, tú que eres toda una reina tienes que ser respetada cómo se debe. Mando esta carta para disculparme y decirte que pronto nos veremos. Así es linda, eres inteligente y sé que ya sospechaste que alguien va detrás de ti. Dejo en claro que tarde o temprano tú estarás junto a mí y serás completa y exclusivamente mía. Así que te pido que no pongas resistencia y que vengas conmigo mi dulce tormento. Termino de leer y arrugo el papel entre mis manos, tenso la mandíbula y la cabeza me palpita de nuevo por ese acto. —¿Quién te dio esto?— pregunto, calmado la chispa de ira que nació en mi interior. —Estaba en recepción, decía tú nombre. Malditasea Ahora resulta que hay un loco maniático tras de mí, menuda mierda. De ahora en adelante tendré que cuidarme porque hay un demente que me quiere secuestrar para estar con él. Es totalmente ridículo. La enfermera termina de hacer lo que sea que estuviera haciendo y después entran mis amigos, Carlos, Santiago y un hombre con bata blanca que supongo es el doctor. Los chicos me preguntan cómo estoy mientras los hermanos hablan con el hombre de bata alejados de nosotros. —Dios santo Adara nos diste un buen susto— exclamó Nick. —No es para tanto— el tono con el que dije eso creo que no fue el mejor, sonó molesto y Nick desvío la mirada. —Perdón—me disculpe. Él no tenía la culpa de lo que había pasado.—No me siento muy bien- me regaló una sonrisa. —Solo fueron unos golpes— dijo Nate. —Son cosquillas para Adara. —Pues mira lo que hicieron esas cosquillas— señaló Siria mi frente, donde tenía un parche gracias al golpe del impacto del auto con la pared de la tienda. Siguieron hablando y mejorandome el ánimo, pero tal ánimo se fue a la mierda cuando me sacaron del hospital y me dijeron que debían revisarme en la organización. Discutí con los médicos del laboratorios diciendo que me sentía bien y que no me dolía nada. Cosa que yo misma desmenti al dar jadeos de dolor y tomarme la cabeza con ambas manos. Me metieron a una cápsula que poco a poco fue elevando mi cuerpo hasta casi dejarme parada. La habitación en la que me tenían se torno oscura, dejando solamente la luz de la cápsula. Miraba mi reflejo en el cristal, cerre los ojos y una luz lineal de color azul recorrió lentamente mi cuerpo de cabeza a pies. Salí de ahí y me sentaron en una silla para ver una pantalla grande frente a mí. Santiago me puso un oftalmoscopio en mi rostro para revisar que tal estaba mi vista. En ningún momento miré borroso o algo parecido. Así se fueron todo el día: pruebas de reflejos, oído, fuerza etc. Al final dijeron que no tenía nada grave, me dijeron que las pastillas que me dieron en el hospital no las tomara y me dieron unas que ellos tenían exclusivamente para mí. Me llevaron a mi habitación y dijeron que debía estar en descanso. Ya acostada en mi cama decidí calmar mis pensamientos, solo pensaba en lo sucedido y en la carta. Suspiré fijando mi vista en el techo y me tranquilice porque lo único que estaba ganando con esos pensamientos era que el dolor de cabeza se intensificará y me pusiera más molesta de lo que estaba.
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