Capítulo 26

3037 Palabras
Estados Unidos /New York/ Adara Nate y Siria caminaban junto a mí. Nate llevaba un traje azul sin corbata y Siria un vestido azul ajustado. Yo por mi parte vestía un vestido rojo, entallado y con una abertura en la pierna derecha. Mi peinado era un recogido que dejaba sólo unos cuantos mechones sueltos de mi cabello. Al salir del área oculta nos encontramos con Thomson. El británico me brindó su mano y la tomé para dirijirnos al auto que se puso en marcha junto con el de Nate y Siria. —Te ves preciosa bella Lilith— dijo desde el otro lado del asiento.—Es un honor para mí llevar tu compañía. Sonreí por sus palabras. En todo el trayecto tuvimos una conversación agradable, el tipo era simpático y no era incómodo estar con él después de cómo lo pintan. Convivimos un poco, la última interacción "larga" por así decirlo, fue cuándo llevé la cabeza de Castillo a su casa. Hoy íbamos por la revancha, llevamos toda la energía positiva para conseguir la Polímata, la celebración de Enrique había empezado hace una hora aproximadamente. Estaba todo calculado, no podemos fallar de nuevo alertando a todos y salir de ese lugar sin la tarjeta. Llegamos al edificio, el auto se estacionó frente a la entrada. Había más personas entrando y otras saliendo, parecía alfombra roja por todas las personas elegantes. Thomson se bajó del auto y tendió su mano para que yo bajara. Ya fuera el auto se retiró y nosotros caminamos hsta uno de los elevadores. Detrás venían mis amigos, quienes hicieron cómo si no nos conocieran abordando el elevador junto al nuestro. Los elevadores conectaban con el penthouse y cuando las puertas se abrieron lo primero que vimos fue la multitud en el lugar. Caminamos, uno junto al otro, tomada de su brazo. De reojo miré cómo Siria y Nate entraron de la misma forma sólo que ellos se fueron del lado contrario al nuestro. Thomson se puso a conversar con un hombre, también había una mujer con la que intercambie una que otra palabra de vez en cuándo. A cómo iba pasando el tiempo más personas y parejas iban llegando. —Vamos Adara— oí a Nick. Me disculpé con las tres personas, diciendo que iría al tocador y que regresaría en un momento. Caminé entre la gante hasta llegar a las escaleras, las suubí y caminé por el pasillo hasta toparme con un hombre en traje n***o que cuidaba una puerta (era la habitación de Enrique) Me acerque más y en cuánto se percató de mi presencia dió pasos hacia mí. Tenía una expresión seria, de esas que dicen háblame o tócame y te mato. —¿Se le ofrece algo señorita?— preguntó con voz neutra. Tenían la típica pose de guardaespaldas. —Busco el tocador— respondí. —Es por allá— señaló el pasillo que va a la derecha.—Última puerta. —Gracias— le di la espalda y empecé a caminar a la dirección que ya conocía. Cuándo entré lo primero que hice fue ponerle seguro a la puerta. No quería que nadie entrara de sorpresa. Puse mi bolso de mano en el lavabo, me deshice del vestido y los tacones. Debajo del vestido traía un traje de una tela delgada, muy sutil porque no se marcaba cuando traía el vestido. Lo acomodo bien, subo las mangas y pongo bien la parte baja en mis piernas. Del bolso saco lo que voy a necesitar: Una especie de taladro pequeño, a la hora de encenderlo para quitar tornillos da giros y no emite ni el más mínimo sonido, en ves de hacer orificios, retira lo que quieras, y una pequeña pantalla que Nick me dio para detectar la tarjeta. Subí al lavabo y con el taladro quité los seguros de la ventanilla de los conductos. Quito los dos de abajo, con esos me basta para que mi cuerpo pueda pasar por él. Cuando dije que la única manera era atravesar las paredes a los chicos se les ocurrió la "maravillosa" idea de pasear por los conductos de ventilación hasta dar con la habitación. Dijeron que yo era la más pequeña de los cuatro y que iba a pasar por ahí libremente, sin dificultad. Así que aquí estoy: arrastrándome por los conductos recibiendo órdenes de Nick. —Derecha y recto. Giro cada vez que me lo dice hasta llegar a la habitación de Anderson. Me voy acercando y a cómo lo voy haciendo escucho jadeos de ese lugar. Anderson está con una mujer, este la folla contra un mueble mientras esta da chillidos. Lo que me faltaba, ver pornografia en vivo y directo. —Creo que tendrás que esperar— escucho decir a Nick con tono burlón. Tuve que esperar hasta que terminaran para poder salir del conducto. Se arreglaron la ropa, salieron y cuando Nick me dijo que ya estaban lejos pude salir. Puse mis pies en el mueble que estaba debajo de mi con cuidado de no tirar nada y no caer. Ya en la habitación saqué el detector, lo active y lo pasé hasta por el más pequeño rincón. —Anderson va para allá. Me moví rápidamente hasta la cama y me escondí debajo de ella. Cómo dijo Nick, Enrique entró. Desde mi lugar podía ver sus zapatos pasearse por el lugar hasta volver a salir. En el momento que iba saliendo debajo de la cama, inconscientemente pasé el detector por la pared, este emitió un pitido y en la pantalla indicaba que lo que buscaba estaba del otro lado de la pared. —Creo que lo encontré. Di suaves toques a la pared, el sonido que emitía era cómo si golpeara madera. Pasé la llema de mis dedos por ese lugar y una de ellas dió con un orificio que no se veía a simple vista. Presione más y me pareció tomar una especie de palanca. Jale lo que sea que fuera y lo que era pared pude identificarlo cómo una puerta. Había muchos cables y pequeños focos de color rojo y azul. Pasé de nuevo el detector, de izquierda a derecha y al bajarlo, éste emitió el mismo pitido de hace un momento. —¿Las alarmas están desactivadas?— pregunté. —Estoy en eso...listo. Oprimí un botón para que el compartimento en donde estaba la tarjeta saliera. Pero lo que salió era una pantalla dónde debía poner una contraseña. —¿Nick? —En eso estoy. Nos quedamos un momento en silencio hasta que él lo rompió. —Pon: 139642 —Incorrecto— le hago saber cuando el aparato se ilumina de rojo. —994702. Inserto los números y la pantalla ahora se ilumina de verde. El compartimento se abre, Nick vuelve a decir que la alarma está desactivada y tomo la tarjeta de 5×3 centímetros dejando todo cómo lo encontré. —La tengo. Me levanto del suelo y guardo la Polímata en mí cinturón. Me voy al mueble de nuevo y subo hasta el conducto cerrando la ventanilla. Regreso por dónde mismo y dejo la ventanilla cerrada. Bajo del lavabo y acomodo el traje para que no se vea al ponerme el vestido, coloco mis tacones, reviso mi maquillaje en el espejo y salgo de ahí con mi bolso. Busco con la mirada a Thomson a cómo voy bajando las escaleras. Lo veo hablando con un hombre alto de traje n***o que me da la espalda. Esquivo a las personas y cuando estoy cerca de ellos Thomson se da cuenta de mi presencia desviando sus ojos del hombre a mí. —Te presento a mi acompañante— le dice. El hombre se da la vuelta y siento cómo si me cayera un balde de agua fría cuando me topo con los ojos oscuros de Trembley. En ese mismo instante el recuerdo de esa oficina se me viene a la mente. Sus labios, su cuerpo y la manera en la que me trató y habló. Me mira atentamente recorriendo mi cuerpo de pies a cabeza, lo hace con "disimulo". Tal ves Thomson no se dió cuentan pero yo sí. —Un placer conocerla— sus ojos me inquietan porque no me abandonan en ningún momento.—Liam Trembley— extendie su mano para saludarme. —Adara Brown— me presento con mi nombre "real" tomando su mano para darle una leve sacudida. —Tú acompañante es muy hermosa, Thomson— se dirige al Británico soltando mi mano.—¿Trabaja usted cómo dama de compañía?— pregunta con un deje de curiosidad plasmada en su voz. —Así es— contesto. No se porque siento que detrás de esa mirada "normal" de esas que le da a todas las personas, se esconde otra muy diferente. —Me gustaría que fuera mi compañera— por alguna extraña razón siento que lo dice con dobles intensiones. Su mirada me penetra demasiado, me da la necesidad de desviar la mía pero mi orgullo no me lo permite. —Lo siento mucho Trembley, pero Adara es mía por está noche— Deja de mirarme para poder ver a Thomson, la mirada se le oscurece más de lo que la tiene y parece que en cualquier momento le va a saltar al Británico. —Lo siento Thomson, pero me gustaría que la señorita Brown me permitiera una pieza— se dirige a mí. Extiende de nuevo su mano. —Disculpa— le digo a Thomson y sólo me sonríe. Tomo la mano del Canadiense y me guía hasta la pista de baile. La mano libre de él se posa en mi cintura y me da un suave jalón para que me acerque más. La canción cambia por una lenta, dónde más parejas nos hacen compañía para bailar cómo lo hacían antes. A pesar de la inquietud y mal sensación que me da tan solo su mirada, acepté bailar con él ¿Por qué? No lo sé, fue cómo si reaccionara automáticamente. Bailamos por la pista dando vueltas, nos movemos al ritmo de perfect de Ed Sheeran complementandonos el uno al otro con los pasos que damos cómo si supiéramos el próximo movimiento del otro. Sus ojos negros no se despegan de mi y viceversa. No decimos nada solo nos observamos en silencio cómo si estuviéramos admirando al otro. En mi caso es cierto, detallo sus facciones lentamente recorriendo mi vista con detenimiento. No me da ninguna vergüenza mirarlo cómo si nos conociéramos de toda la vida. Además el hace lo mismo viéndome hasta el escote de mi vestido rojo. El hombre no disimula para nada y que baje la cabeza para verme por la altura descumunal que se carga no le ayuda en lo absoluto. Es muy alto, mis ojos llegan hasta su barbilla y yo tengo que levantar la cabeza para poder verlo. La canción finaliza y no suelta mi mano hasta llevarme dónde está Thomson. —Debo admitir que hacen una buena pareja— dice él. Nos quedamos los tres junto, después Enrique se unió a saludar y conversar un poco, pero después se fueron porque tenían cosas que hablar. —Ya la tenemos— le dije sutil a Thomson. Con lo de Trembley no le pude decir. —Hay que irnos— me colgué de su brazo y nos dirigimos al elevador para salir de este lugar. —Creo que tenemos problemas— dice Nick. El elevador se abrió y de el salieron dos hombres vestidos igual al que cuidaba la puerta. Se acercan a nosotros y lo único que se me viene a la mente es la Polímata. —Necesitamos que la señorita nos acompañe— habló uno de ellos. Intercambiamos miradas, de reojo miré a Siria y a Nate a la distancia que miraban a la escena con disimulo. —He revisado todo y es imposible que se dieran cuenta. —¿Hay algún problema?— preguntó Thomson, guardando la clama. —Solo necesitamos que la señorita nos acompañe. —¿Cuál es el asunto?— hablé por primera vez. —Necesitamos que venga con nosotros— repitió dando un paso a mí. —Sí no me dicen para que, no iré. —Una persona quiere hablar con usted— uno de ellos me toma del brazo. Inmediatamente el foco de mi cabeza se enciende. Una persona quiere halar con usted. No se dieron cuenta del robo de la tarjeta, se dieron cuenta de que yo estaba aquí. Ese demente está entre las personas y no dudó en enviar a sus hombres. —No voy a ir con ustedes— me zafo de su agarre. —Ya escucharon a la dama— Habló Thomson, poniéndose a mi lado y pasando su brazo por mi cintura. —Tiene que venir con nosotros— demando el mismo hombre. Las puertas de los dos elevadores se abrieron, de ellos salieron cinco hombres de cada uno, rodeandonos a nosotros. —No queremos problemas— hablé, paseando mi mirada por los doce hombres a nuestro alrededor, para entonces ya teníamos la atención de todas las personas. —Son ordenes. Viene con nosotros por las buenas o por las malas. —Creo que serán por las malas— le solté un golpe en su entrepierna que lo dobló hasta el suelo. Los demás hombres se pusieron en alerta y se nos vinieron encima con el propósito de agarrarme. Le solté un golpe a uno en la mandíbula que lo envió al sueño. Gire en mi eje y le di una patada en las costillas a otro de los hombres. Todas las personas estaban alteradas y corrieron a los elevadores y a la puerta para alejarse de está escena. Thomson, Siria y Nate también peleaban a mi lado deshaciéndose de los tipos. Dos de ellos me tomaron de mis antebrazos. A uno lo tome de la corbata, dándole un jalón para impactar mi rodilla en su rostro y al otro le encaje el codo en la garganta. Saqué mi arma del cinturón de en mi pierna y le disparé a varios en la cabeza. Ellos no se quedaron en atrás y también empezaron a disparamos. Nos fuimos tras los pilares, disparando desde ahí, cargaba mi arma y los demás me daban cargadores de repuesto. —Saquen a Thomson de aquí— le dije a mis compañeros. —No te vamos a dejar— contestó Siria. —Tendrán que hacerlo— tomé la Polímata y se la dí para que se la llevara con ellos.—Yo los cubro— iba a replicar pero no le di tiempo, salí de mi escondite con una glock en cada mano disparando a diestra y siniestra. De reojo vi cómo entraban a uno de los elevadores y cómo éste cerraba sus puertas. Estos desgraciados me quieren a mí, esto es conmigo. Me quedé sin balas y lo primero que hice fue tirarle a uno de los hombres con ella, dándole en la frente y mandandolo directo al suelo. A otro le pegue con ella en la cabeza cuando se acercó. Quedaban cinco hombres que estaban dispuestos a atraparme y llevarme con ese demente. Uno de ellos me tomó la muñeca de la mano dónde tenía el arma, la otra mano la colocó en mi cintura. Presionó mi muñeca provocando que soltara la pistola. Me deshice de su agarre en mi cintura y gire dejando una pierna alrededor de su torso mientras me enganchaba en su espalda para después quebrar su cuello. Cayó sin vida frente a mis pies. Tres de los hombres que quedan se lanzaron a mí con golpes a mano cerrada, esquivé la mayoría, impidiendo que alguno llegara a mi rostro. Los tres estaban contra mí y me obligaban a retroceder. Llegué hasta una mesa y de ella tomé una charola que contenían copas de vino, le di a uno con ella derramando el líquido en su traje, al otro le voltee el rostro con ella, destavilizandolos un poco. Él otro se lanzó a mí, ocasionando que los dos nos fuéramos contra una mesa que tenía una escultura de hielo partiéndose contra el suelo en cientos de pedazos. Quedó sobre mí he intento atrapar mis muñecas con unas esposas. —¡Vendrá con nosotros!— exclama, enojado. Tuve forcejeo con él para evitar que dejara inmóvil mis manos. Me cansé de la situación, agarre uno de los pedazos de hielo y le pegué con el tan fuerte que le provoqué una herida de la cuál salía sangre. Lo quité de encima mio, estaba inconsciente por el golpe. Me levanté del suelo, frente a mí había una mesa con cuchillos, tomé uno, me subí a ella y salte entre las demás para subirme en los hombros de uno de los tipos. Intenté encajar el cuchillo en uno de sus ojos, pero alzó sus manos, atrapando las mías para jalarme y bajarme de él. Aterricé de pie de espalda a él, todavía tomaba mis manos. Levanté mis brazos junto a los suyos para agarrar impulso de bajarlos y pasarlo por mi espalda tirandolo al suelo, me fui contra el y le corte la garganta. El otro hombre corrió a mí con la intención de herirme. Pero lancé el cuchillo, dió vueltas en el aire y al final se clavó en su garganta. Sentí una patada en mi espalda, giré y miré al hombre que le aventé la glock en la frente. Intentó darme otra en el abdomen pero tomé su pierna con ambas manos, las llevé a su pie y le dí un giro que lo hizo gritar de dolor, le había quebrado el pie. Le regresé el golpe dándole una patada a su estomago, su cuerpo impacto contra el ventanal, lo quebró y cayó desde la altura del penthouse. Mi pecho subía y bajaba con agresividad, el dolor de cabeza regresó y me daba punzadas que me ponían de malas. Observé todo a mi alrededor: el ventanal estaba hecho trizas, todos los hombres estaban muertos tendidos en el suelo con un charco de sangre. Las mesas estaban volcadas y había copas, comida y cubiertos regados por todas partes. Era todo un caos, todo estaba destruido. Ahora más que nunca tendré que cuidarme y buscar a ese demente para acabar con él.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR