Estados Unidos
/New York/
Adara
—Estoy muy satisfecho con el trabajo que hizo su equipo— habló Thomson, dirigiéndose a Carlos y paseando su mirada por nosotros.
—Nos esforzamos para que cada equipo tenga un buen rendimiento— contestó el pelinegro.
—Se han ganado mi respeto. La OANS es perfecta para nosotros— con esas palabras se refiere a los suyos: personas del mundo criminal que cuentan con nosotros cuándo quieren hacer algo "malo".
Se despide de Carlos y gira a nuestra dirección.—Espero nos volvamos a ver— extendió su mano a mí y cómo la vez anterior: dejó un beso en ella
—Hasta pronto, Bella Lilith.
Se fue satisfecho por lo que hicimos. La Polímata era de él de nuevo y era su turno de cuidar de ella para que ni Trembley, ni Anderson, ni nadie más se la quitara. Debía andarse con cuidado cuando ese par se enteren de lo que hicimos (sino es es ya saben).
Carlos nos felicitó en su oficina, diciendo que teníamos que seguir así y que no nos dejáramos quitar el lugar dándonos un sermón de veinte minutos.
—Lo bueno que vamos a descansar— habló Nate.
—¿Descansar?— exclamó Carlos.
—Nada de eso, el trabajo aquí nunca se congela. Tienen más cosas que hacer.
Intercambiamos miradas. Tener trabajo tras trabajo es común aquí. Debes de acostumbrarte si o si, no queda de otra.
Tener que trabajar tanto no me afecta, me gusta lo que hago y siempre estoy dispuesta para cualquier cosa. Se podría decir que los chicos son un poco perezosos, pero al igual que yo, les gusta su trabajo y cada quien es feliz en el área que mejor domina.
De uno de los cajones Carlos sacó una carpeta. La extendió a nosotros y fue Siria quien la tomó.
—Analicen lo que hay ahí. Tienen todo el día de hoy. Desde mañana se pondrán a trabajar en eso. Otra cosa, no trabajaran solos, más equipos se unirán a la causa.
—¿Lo que haremos será grande?— pregunté.
—Sí, mañana los equipos incluido ustedes sabrán todo a detalle. Lo que harán será importante y debe salir bien.
La OANS dará un golpe muy fuerte.
Nos vamos de su oficina. Caminado en el pasillo le damos un vistazo a los papeles que contiene la carpeta. Leemos con atención lo que tienen plasmado y nos quedamos en silencio procesando lo que quieren que hagamos. Es una locura, desde hace mucho tiempo no contratan a la organización para hacer éste tipo de trabajos.
—El asunto se va poner duro— exclamó Nick.
—Esto es...ni tan siquiera puedo decir que es— habló Siria, sorprendida por lo que decían esos papeles.
—¡Esto es genial!— completó Nate.
—¿Estas loco?— preguntó Siria por su entusiasmo.
—Sí— contestó el castaño.
—Pues llámenme loca a mi también— dije.—Porque esto es una maravilla—
Nate y yo chocamos los cinco, encantados por lo que debíamos hacer.
—¿Cómo pueden estar de acuerdo con algo así?— protestó Nick.
—Por dios Nick, ya lo hemos hecho antes— Nate puso los ojos en blanco.
—No es cierto— se metió Siria.
—Sí lo es. Ya lo hemos hecho antes, solo que ahora lo haremos en mayor cantidad. Además, recuerden que siempre hay razones para hacerlo.
(...)
Entro al salón de tecnología, me acerco a una computadora y busco pacientemente las grabaciones en el penthouse de Anderson. Las miro una y otra vez pero no hay nada, les presto mi mayor atención pero no capto nada extraño. Decido entrar en las grabaciones de las calles en dónde estos tipos salieron, miro cada cámara incluyendo las de la tienda de flores pero el resultado es el mismo: nada.
Suspiro y dejo caer mi espalda en la silla. No doy con nada y ya empiezo a desesperarme, debo saber quién me busca para poder acabar con él de inmediato, no voy a permitir que me joda la existencia solo por que está encaprichado.
Recuerdo lo del hospital, la carta que envió y opto por revisar las grabaciones del hospital para ver si hay algo. La enfermera dijo que la carta estaba en recepción y observo atentamente ese puesto. Un hombre llama mi atención, camina cómo si nada y se detiene frente a la mujer que trabaja en ese lugar.
—Buenas tardes— saluda.
—Buenas tardes ¿En qué le puedo ayudar?
—Busco a Fernanda Mendoza.
—Un momento por favor— la mujer busca en la computadora y en eso el hombre deja el mismo sobre que me llegó a mí con sutileza sobre el mueble.
—Lo siento señor pero esa persona no se encuentra aquí, tal vez se equivocó de hospital.
—Eso debe ser...muchas gracias.
Se despide y se va, a los quince minutos la mujer se da cuenta del sobre, lee el nombre y se lo da a la enfermera que me atendió.
Entro de nuevo a las cámaras de las calles y lo sigo por todo el camino. Tiene el cabello n***o, no es muy musculoso pero si es alto. Camina hasta un callejón y busco la cámara del otro lado que tuvo que grabarlo. Espero diez minutos y él tipo no sale, me devuelvo a la anterior y nada. Desapareció.
—¿Qué haces?— me sobresalto y giro en la silla para tapar la pantalla. Estaba tan concentrada que no me había dado cuenta que Nick estaba aquí.
—Nada.
—¿Qué es eso?— se acerca y me levanto para que no lo vea.
—Nick, son cosas mías.
—¿Qué escondes?— insiste, buscando la manera de ver lo que hay en la pantalla.
—Ya dije que nada.
—Ajá— Me quita y observa la imagen congelada del hombre entrando al callejón.
—¿Quién es él?— pregunta.
—No sé.
—¿Espías a alguien que no conoces? ¿Qué te traes Adara?
—Nada— regreso a la computadora y me salgo de todo dejándola limpia para después apagarla y quitar la USB que había puesto.
—A mi puedes contarme lo que sea— iba hablar pero me interrumpe.— Y no me digas que no pasa nada de nuevo porque no es así.
Suspiro. No me dejará en paz si no le cuento. Le digo que se siente y lo que le voy a contar no se lo puede decir a nadie porque el problema crecerá.
—Alguien me busca.
—A todos no busca la policía...
—No, no creo que esto sea obra de la policía.
—¿Cómo estás tan segura?
—Las personas que provocaron el accidente no eran policías. Cuando estuve en el hospital me llegó una carta de un hombre diciendo que iba a estar con él— escucha atentamente.—Y el enfrentamiento en la fiesta de Anderson no fue por la Polímata. Fue por mi, esos hombres estaban decididos a llevarme con su "jefe"— Se queda en silencio procesando todo, está inclinado hacia enfrente con los codos en sus piernas y sus manos en su barbilla.
—Supongo que quieres saber quién es.
—Sí. Revisé lo que ha pasado hasta ahora pero lo único que encontré fue a ese hombre, que fue el que llevó la carta. Nick, esto no puede salir de aquí, si Atesh se entera, ahora si me va a suspender para siempre— Basta y sobra con lo que dijo de la Organización Australiana cómo para que venga otro loco a buscar lo que tengo.
—No te preocupes que no diré nada.
—Gracias.
Si alguien quiere extraer lo que tengo ni Carlos ni Santiago lo van a pasar por alto. Me quitarían de mi puesto diciendo que es peligroso arriesgarme que alguien me secuestre y trate erróneamente mi cuerpo para conseguirlo. Tal vez el interitus no pueda estar en otro cuerpo más que el mio, pero eso no quita que otras personas lo deseen para su beneficio o que quieran que yo trabaje para ellos.
—Te ayudaré— oí la voz de Nick.
—Te ayudaré a encontrar ese hombre para que puedas estar tranquila.
—Gracias.
—Lo primero que haré es investigar quien es ese hombre que dejó la carta, después...
Lo interrumpo.—Después lo buscaré y haré que me diga todo lo que sabe.
—Manos a la obra entonces.