Estados Unidos
/New York/
Adara
Camino por los pasillos de la organización, directo a mi lugar de trabajo para reunirme con mis compañeros después de hacer mi parte del trabajo.
En todo el día no hemos parado de trabajar, vamos de aquí allá para tener todo en orden. Ya casi se llega nuestra hora de salida pero creo que nos quedaremos un rato más aquí para tener bien claro lo que haremos.
Cuándo llego a la sala encuentro a los chicos en sus puestos, tomo asiento en mi lugar para iniciar.
—¿Tienen todo?— pregunto.
—Listo— contestan.
—Company Anderson tiene un grupo de técnicos, es una empresa— Inicia Nick.—Hasta han ingresado a esa habitación. Puede ser una vía para entrar a ese cuarto y conseguir la Polímata.
Yo podría entrar ahí para obtenerla, sé cómo es y cómo se usa.
—Bien.
—Mandé nuestra solicitud de empleo— habla Siria.—Investigué y hay cupo para dos secretarias. Estoy segura que nos aceptarán, necesitan asistente para dos figuras importantes de la empresa y últimamente han tenido muchos proyectos.
—Identifiqué en dónde exactamente sale el túnel— habló Nate.—Va y da a un callejón, pueden salir por ahí para no llamar la atención.
—El departamento de tecnología y el de transporte colaboró conmigo. Estamos preparando la camioneta para llevar todo lo que vamos a necesitar— concluí.
—Hay que ir con Carlos para explicarle todo.
Salimos y nos fuimos a dónde Carlos para tenerlo al tanto de todo. Al instante nos recibió y le dijimos todo lo que haríamos.
Le explicamos lo de la empresa, lo de la habitación y nuestras sospechas de que ahí esté.
Siria y yo entraríamos a la empresa cómo secretarias.
Explicamos el plan que teníamos para que Nick entrara a esa habitación y sacara la Polímata. Nate se quedaría en la salida del túnel para recogernos, además de que el estaría viendo todo en las cámaras para ponernos en alerta por si pasa algo. Después de salir se encargaría de borrar las grabaciones y regresariamos a la organización.
Nuestro plan fue aceptado por el y nos dijo que entre más pronto lo lleváramos a cabo, mejor.
Ya era de noche cuándo decidimos ir a descansar. Teníamos planeado regresar a la casa, pero decidimos quedarnos en nuestras habitaciones aquí en la organización. Los siguientes días iban a estar pesados porque teníamos que revisar todo detalladamente para que saliera bien.
En el pasillo Nick y Nate se fueron al área de dormitorios masculina, dejándonos solas a nosotras.
—Equipo principal en acción de nuevo— dijo Siria a mi lado.
—Espero todo salga bien.
—Así será. Bueno, Adara te dejo, iré a verme con Axel.
—Ya vas enamorada— me burle.
—Tonta— río.
Los chicos habían tomado el camino de sus habitaciones y Siria había ido a ver a su "enamorado". Yo por mi parte decidí ir al exterior a tomar un poco de aire.
Tenía una corazonada, una presentimiento. No tenía claro si era bueno o no...pero decidí ignorarlo.
(...)
Liam
Sostengo las dos fotos de la mujer que me robó la mente. No hay día que pase en el que no piense en ella, está presente en cada instante.
Es estúpido que esa mujer invada mis pensamientos, por el simple hecho de que no se ni un carajo de ella. Ha pasado mucho tiempo y todavía no he podido saber quién es.
Mi desesperación va creciendo y cómo dije: es estúpido, pero inevitable.
No solo me desespera el no saber nada de ella, también me desespera que mi familia ande tras de mí jodiendo a cada nada sobre ponerles de frente al asesino.
O mejor dicho asesina.
Todavía no saben que fue una mujer, eso ya lo sabrán cuándo la tenga conmigo.
Pero eso no quita que cada día tenga un dolor de cabeza por dos razones. He escuchado a mi padre decir que acabará con el malnacido que se metió con su sangre. Es algo que me molesta pero no he dicho nada. Tenerla a ella, hacerla mi esposa, mi mujer, mi reina, es algo que sólo Enrique y yo sabemos y me importa una mierda lo que los demás digan y quieran.
—Primero castaña, después pelirroja.
¿Ahora qué?¿Rubia?— hablo solo, mirando las imágenes que me ha brindado esa mujer.
El sonido de la puerta siendo abierta llama mi atención. Levanto la mirada de las fotografías y veo cómo Enrique entra.
—¿Por qué no tocas?¿No te enseñaron?— señalo con molestia.
—No quiero hacerlo— se encoje de hombros.
Cínico.
—¿A qué vienes?— pregunté, dejando boca bajo las fotografías en la madera del escritorio.
—Vine para que me confirmes tu asistencia a mi fiesta de cumpleaños.
—No me la perdería.
—Más te vale— amenazó.
Nos quedamos un rato en silencio, mi mente viaja de nuevo a esos posibles escenarios que tendré en el futuro con esa mujer misteriosa que llama mi atención en un parpadear.
—¿Pensado en ella de nuevo?— la pregunta y la voz burlona de Enrique me sacó de mis sueños despiertos.
—No sé cómo voy a saber dónde está— suspiré, frustrado.
Han pasado meses, no sé ni una mierda de ella y a cómo van las cosas, creo que no sabré nada.
—No te desanimes, ya la encontrarás— toma las fotos que dejé en el escritorio y las mira con atención.
—Debe ser espectacular— alabó, observando con atención las fotografías.
Me levanté de mi lugar y se las quité de un movimiento brusco.
—Oye tranquilo. Todavía ni la conoces bien y mira cómo te pones— dijo con burla.
—Idiota— dejé las imágenes en el escritorio de nuevo.
Enrique tenía razón, todavía no sabía cómo era y me ponía de todas las maneras posibles cuándo de ella se trataba.
Tomamos whisky y nos pusimos a conversar de temas variados. Me recordó que en dos días tenía que ir a una reunión en la empresa y que era necesaria mi presencia, dijo que teníamos mucho trabajo y que todo iba muy bien con los proyectos que teníamos en proceso.
—No se te olvide lo de mi fiesta de cumpleaños— me recordó de nuevo.
—Dile al tío Emir y a la tía Béatrice que están invitados. Ah, y lleva a la linda Ana para que se distraiga un poco— se levantó de su lugar, listo para irse después de estar una hora aquí.
—Les haré saber a mis padres.
—¿Y a la linda Anna?— no alcancé a contestar, el sonido de la puerta siendo abierta y después cerrada me interrumpió.
—Me gustaría ir— los dos nos fijamos en la rubia que entró.
Otra que no toca.
—No sabia que ya se venía tu cumpleaños— le habló a mi amigo. Se acercó a nosotros, rodeo el escritorio y se sentó en mis piernas.
—Lo será— contestó el rubio.
Después de que intercambiaron un par de palabras se fue, diciendo que tenía mucho trabajo pendiente.
—Te he extrañado— pasó sus manos por mi cuello y dejó castos besos en mis labios.
—Tengo que irme— alejé sus mando e hice el intento de quitarla de encima mio pero se negó.
—Quiero esto— pasó una de sus manos por mi m*****o, se humectó los labios, queriéndome convencer de follarla sobre el escritorio de nuevo.
Lastima que sus intentos de seducción no me provoquen nada. La termino quitando de todas formas para levantarme de la silla giratoria.
—¿Qué te pasa?— preguntó, extrañada.
No contesté, solo tomé mi saco y me lo coloque para salir de aquí.
—No te sientes ahí— dije cuándo quiso sentarse en mi silla. No me gusta que nadie se siente ahí, ese lugar solo lo ocupo yo.
Me dirijo a la salida y antes de salir, oigo su voz chillona tras de mí.
—¡¿Quiénes son ellas?!
Giro y veo cómo me enseña las fotografías que dejé en mi escritorio.
—Dame eso— ordené, serio.
—¿Quiénes son?— preguntó de nuevo. Se le vía enojada, su rostro estaba rojo y tenso de la furia.
Se quedó esperando una respuesta, respuesta que seguirá esperando porque no estoy dispuesto a darle explicaciones.
Sabe que tiene prohibida las escenas de celos, que las haga solo me molesta.
—No repetiré otra vez. Dame las fotografías, Anna— extendí mi mano.
—No te las daré hasta que me digas quienes son.
Tensé la mandíbula, enojado.
No me quedó de otra que tomarla por la fuerza. En un movimiento rápido, la puse contra la puerta sin ninguna delicadeza para quitarle las imágenes.
—Cuándo ordeno algo, se hace— la aparto y salgo de la oficina metiendo las imágenes en el interior del saco de mi traje.
Salgo de la casa y me monto en la camioneta negra que me espera para continuar con la búsqueda. Tengo que saber quién es la mujer misteriosa, si o si.