Estados Unidos
/New York/
Adara
Departamento de tecnología.
Nick se entretiene y se enfoca en enseñar a los nuevos a usar cada aparato, diciendo que es, para que sirve etc. Es un cerebrito para éste departamentos, además de que le gusta y tener la oportunidad de mostrarle a los demás lo pone cómo a un niño en una tienda de dulces. Por otro lado Siria, Nate y yo hacemos lo mismo. Estamos sentados frente a grandes pantallas que muestran millones de programas que debemos de manejar y técnicas que cada uno de nosotros debe de saber.
Después de haber explicado bien, pasamos de uno en uno para que lo haga y explique. Cabe destacar que desde antes de llegar aquí, ellos ya cuentan con conocimiento.
Un poco de todo.
Como siempre, las personas encargadas de evaluar, hacen su trabajo desde lejos, observando muy bien los movimientos de cada uno de ellos. Hay algunos que saben lo necesario, otros que no saben tanto y otros que se desenvuelven bien en éste departamentos.
Todo equipo debe de tener a un integrante que sepa demasiado sobre esto, en nuestro caso, Nick es ese integrante que es un genio para esta área.
La hora de descanso se llega y todos nos retiramos. La mayoría se va a la cafetería a probar bocado y otros se van a sus habitaciones.
—Tengo hambre— se queja Nick cuándo llega a mí lado. —¿Qué les parece si cocino algo?— propone.
—¿Para que nos dejes sin organización?— pregunto, recordando el accidente de la vez pasada en nuestra casa.
—No gracias— habla Nate.
—Idiotas— bufa.
—Déjate de cosas Nick— ríe Siria.
—Mejor pide algo en la cafetería.
—La última vez no salieron bien las cosas— nos subimos en el elevador.
—De los errores se aprende— trata de justificarse.
—¿Y qué aprendiste la última vez?— pregunto.
—Qué no debo de dejar que Nate me ayude— lo dice con simpleza, cómo si Nate hubiera sido el detonante de sus travesuras.
—¡Oye!— dice indignado. —Tú tuviste la culpa— lo señala.
—Parte de ella es tuya porqué entraste ayudar e hiciste todo lo contrario— le reclama. Siria y yo solo intercambiamos miradas, aguantando la risa. Serán muy adultos y todo, pero en realidad aveces parecen niños de cinco años. Se pelean cómo años atrás cuándo recién nos daban entrenamiento.
—Y no hiciste nada— prosigue. —Ahora comprendo lo del dicho ese...¿Cómo era?— se queda pensativo. — ¿Más ayuda el que estorba?
—Más ayuda el que NO estaba— lo corrige Nate.
Las puertas se abren y salimos para ir a la cafetería.
—Pero me entendiste.
—Chicos vayan pidiendo el almuerzo— los manda Siria, distrayendolos de su discusión de niños.
—¿Por qué no vienen con nosotros?— se queja Nate.
—Adara y yo tenemos cosas que hablar— me sorprende, que yo sepa no he hecho nada malo.
—¿Sabes que se siente horrible excluir a alguien?— comenta Nick.
—Es platica de chicas.
—Nos vamos— mencionar eso siempre los asusta. Una vez tuvimos una platica de chicas frente a ellos y se convencieron de que nosotras las mujeres somos difíciles de entender cuándo de problemas o temas de mujeres se trata.
Se van y se pierden entre la multitud.
—¿Qué pasó?— pregunto cuándo me jala a un rincón.
—Axel me habló— habla con entusiasmo. —Dijo que le gustaba y me invito a salir— sus ojos brillan con emocion ¿Y cómo no? Si le habló el chico que le gusta desde hace mucho tiempo.
—Saldremos está noche— chilla cómo niña pequeña.
—Siria— llamo su atención. Es probable que lo que le diga no le agrade en lo más mínimo, pero es cómo mi hermana y no soportaría que alguien le hiciera daño.
—Dime.
—Me alegra que el chico que te gusta te haya hablando— asiente repetidas veces, emocionada. —Pero...— me interrumpe.
—Ese pero no me gusta.
—Lo siento, pero no creo que el esté realmente interesado para bien en ti.
—¿Por qué lo dices?
—Sabes cómo es. Es todo un mujeriego.
—Lo puedo cambiar.
—Nada garantiza que esté enamorado de ti. Sabemos la fama que tiene, y no es muy buena— trato de persuadir sus pensamientos hacia él.
—¿Crees qué no soy capaz de enamorar a un chico?
—Yo no dije eso— niego. —Pero fíjate. El es un hombre que anda con una y con otra. Tú eres hermosa e inteligente, cabe destacar que perteneces al mejor equipo de ejecución en la organización— Sus ojos reflejan confusión, presiento que muy en el fondo sabe que tengo razón sobre Axel.
—Es difícil confiar en las personas. Y mucho más cuándo saben lo que eres. Pero tú sabes lo que haces—.
—Le daré una oportunidad— decide.
—Okey. Recuerda que si te hace algo, aquí estaré yo para sacarle los ojos— ríe.
—Estás loca.
—Lo estoy.
—Me invitó a salir por la noche— Sus ojos desbordan felicidad.
—¿A dónde irán?
—No lo sé— muerde la uña de su dedo pulgar. —Dijo que sería una sorpresa.
—Deseo que todo salga bien— lo deseo de todo corazón, la quiero mucho y anhelo que pueda estar bien con él y que me equivoque respecto a sus intenciones.
Nos vamos a la mesa dónde nos esperan los chicos. Al sentarnos nos dan la charola que contiene jugo de naranja y ¿Ensalada?
—No me jodan— protesta Siria.
—¿Qué es ésto?— observo con desagrado la cosa verde en el plato.
—Sus almuerzos fit— se ríe Nick, acompañado de Nate.
Mi amiga y yo intercambiamos miradas y en un movimiento rápido les quitamos las hamburguesas que habían escogido para ellos.
—¡Oigan!— Dicen al mismo tiempo.
—Nosotras no queremos esto— alejo la charola con comida para conejo.
—Limosneras y con palo— se queja Nick.
—Limosneras y con GARROTE— lo corrige el otro.
—Pero me entendiste.
—Nos acabamos de dar cuenta que Nick es malo para los dichos.
No quieren la ensalada así que no tienen de otra más que levantarse y comprar otras dos hamburguesas. Nos pasan por enfrente y se sientan en la mesa continua.
—¿Qué hacen?— pregunto.
—Platica de hombres— contesta Nate.
Siria y yo solo reímos por las ocurrencias de éste par. Sin duda no los cambiaríamos por nada ni nadie.
La hora del almuerzo se pasa y todos nos reunimos de nuevo. Ahora todos salimos al campo, al aire libre para lo que se viene.
—¡Armen filas!— ordena Samuel, el que se encarga de la formación física.
Se forman extensas filas. Todos firmes, todos rectos, esperado la orden de su superior.
El campo está lleno de obstáculos, llantas que saltar, levantar y rodar hasta el otro extremo, hay cuerdas y muros que deben trepar, muros que deben esquivar, deben sumergirse en el lodo y nadar en el agua.
—Este es el punto de salida— habla Samuel. —Deben de cruzar todo el campo de batalla para llegar al final. Pero antes, cada uno de ustedes debe de dar tres vueltas al perímetro del campo, corriendo. Después inician aquí.
El horror y la pereza se refleja en algunos de los rostros de los novatos. Tienen prohibido refutar ya que si lo hacen, tendrán un castigo no muy bueno.
—5...4...3...2...1 ¡Ahora!— los gritos de Samuel hacen que todos se muevan a correr alrededor del campo. Son tres vueltas que deben de dar para después enfrentarse a los obstáculos.
—Que recuerdos— suspira Nick.
—Nosotros dimos cinco— se queja Nate y Samuel lo alcanza escuchar.
—¡Cállate Miller!
—A ese hombre no se le quita el mal genio— murmura Nick y también lo escucha.
—¡Miller y Patterson al campo!— se miran entre ellos y el grito que da Samuel los obliga a entrar al campo y correr con los otros.
Son los primeros en terminar las vueltas y cuándo piensan que es lo único que harán, Samuel los manda a entrar al área de obstáculos. No les queda de otra más que obedecer.
Saltan las llantas que están esparcidas, levantan una y la empiezan a rodar al otro extremo, llegan a una cuerda y suben por ella hasta llegar a un pasamanos.
Después decienden por un tobogán que los lleva directo al agua. Salen de la mini alberca y esquivan muros hasta llegar a uno que deben escalar. Lo trepan con facilidad y bajan para seguir corriendo. Llegan a una red, dónde deben de pasar por debajo de ella y sumergirse al lodo.
Salen irreconocibles y siguen corriendo hasta un espacio dónde lanzan flechas que debe de esquivar.
Los demás los siguen, iguales o peores que ellos. Logran esquivar las flechas y llegan hasta el final.
—¡Novatos!— grita Samuel— ¡De nuevo!— parece que se van a desmayar con la orden.
Por otro lado los chicos se acercan a nosotras y se nos es imposible no reírnos.
—Eso les pasa por no dejar la boca cerrada— dice Siria.
—Ya van a saber para la otra— reímos y ellos nos matan con la mirada.
—¡¿Creen que porque ustedes son princesas no lo harán?!— nos callamos con el grito de Samuel. —¡Al campo!
Nos miramos entre nosotras y me encojo de hombros yéndome a las llantas. Siria me sigue y repetimos el proceso de los demás. Al llegar al lodo nos partimos de risa y seguimos adelante sucias y apestosas.
Nosotros estamos acostumbrados a éste tipo de cosas.
Hemos cruzado selvas, desiertos, mares. Hemos luchado entre tormentas, sismos y sobre el insoportable sol cuándo menos lo esperamos. Hemos caído de las alturas, cómo también hemos nadado en océanos. Hemos saltado desde rascacielos y nuestros cuerpos han recibido miles de balas.
Hacer ésto no es nada.
Hacer ésto es cómo una pequeña y simple introducción de lo que deben de hacer.
Hacer esto solo son cosquillas. Porqué lo que recibes allá afuera, son golpes y todos debemos enfrentarnos al cruel mundo que devora a los más débiles.
Al terminar, los chicos se aguantan la risa y las burlas para evitar que Samuel los mande de nuevo. Minutos después la clase termina y nos vamos todos a nuestras habitaciones.
Al llegar a la mía me voy directo al baño para tomar una ducha y retirar toda la suciedad que cargo. Entro a la lluvia artificial y me deshago de todo rastro de lodo.
Al salir ya con mi pijama me encuentro con Siria sentada en mi cama. Viste un vestido color azul que le queda ajustado de la parte de arriba y de la cintura para abajo es suelto.
—¿Ya te vas?— pregunto.
—Sí— se levanta y juega con sus manos.
—Estás inquieta.
—Y nerviosa— da grandes bocanadas de aire.
—Tranquila— pongo mis manos en sus hombros tensos y siento cómo se relaja.
—¿Y si sale mal?
—Pues salió y ya.
—Qué buena eres para dar consejos— dice con sarcasmo.
—Lo siento— río.
Nos miramos por breves segundos y nos reímos.
—Sí necesitas que le patee el trasero solo llámame— le guiño un ojo.
—Okey— sonríe. Se va a la puerta, la abre y antes de salir se gira a verme.
—Te quiero— habla.
—Y yo a ti— le sonrío. Se me vienen encima y nos fundimos en un abrazo.
—Todo saldrá bien— le animo cuándo nos separamos.
—Eso espero— murmura. —Eso espero— se va, dejándome sola y ansiosa por saber lo que pasará está noche.
Me voy a la puerta y la veo caminar por el pasillo.
—¡Debes contarme todo!— grito.
—¡Chismosa!— me río y regreso a mi habitación para cepillar mi cabello. Termino y me tiro en la cama boca abajo, doy un suspiro y me volteo fijando mis ojos en el techo.
Espero que todo le salga bien y que Axel no sea un hijo de puta como lo pintan todos.
Apago la luz y cuándo estoy apunto de quedarme dormida, a mí celular le entra una llamada. Me apresuro a buscarlo pensando en Siria pero cuándo lo encuentro es Alondra el nombre que iluminan mi pantalla.
—¿Bueno?— contesto.
—Adara...— susurra.
—¿Alondra? ¿Eres tú?
—Ayúdame Adara, mi hija se volvió loca— escucho su llanto y me apresuro a cambiarme de ropa.
—¿En dónde estás?
—En mi casa— escucho cómo algo se rompe contra el suelo y el grito que da mi amiga.
—Apresúrate— es lo último que oigo antes de que otro grito cruce el celular.