España
/Cádiz/
Siria
Bajo los escalones de uno por uno hasta llegar al primer piso de la casa, me adentro al pasillo que da a la puerta del despacho de Sorní y me atrevo a tocar cuando llego a ella.
—Adelante— responde del otro lado. Abro la puerta lentamente y entro a la habitación dónde los dos hombres yacen sentados, uno frente al otro. Hay cuatro hombres más aquí aparte de ellos dos. Dos de ellos son de Trembley y los otros dos de Sorní.
—Trae dos vasos de whisky Carmín— ordena cuando me ve. Obedezco haciendo lo que pidió, sirvo los dos vasos con el líquido y se los coloco sobre el escritorio.
Mis ojos conectan unos segundos con los de Trembley, es imposible no admirar al dios griego sentado elegantemente portando un aire de superioridad y peligro.
Me pilla mirándolo y aparto mis ojos de inmediato.
—Ven cariño— Sorní toma mi muñeca y me jala a él provocando que caiga en sus piernas. Rodea mi cintura con un solo brazo y acepto sus labios cuándo se inclina a besarme.
Esto es asqueroso.
—¿Cómo está Emir?— le pregunta.
—¿Me llamaste para hablar de él?
—Solo preguntaba.
—Pues no preguntes.
Carácter agrio es lo que tiene éste hombre. Observas sus expresiones y te da la idea de que no siente nada por la máscara de hielo que creo, siempre trae.
A pesar de que ya había oído hablar de él, nunca imaginé que lo iba a tener de frente. Y mucho menos que la organización a la que pertenezco le iba a robar algo que sin duda, lo pondrá furioso.
—Bien Trembley, aquí está lo tuyo— de un cajón saca una carpeta con papeles que los arrastra por toda la mesa hasta quedar frente al mafioso.
Siento cómo Sorní pasea sus manos por mis muslos descubiertos gracias al vestido. Les da un pequeño apretón y deja un rastro de escasos besos por mi espalda dejando mi cabello de lado.
Por otro lado Trembley toma la carpeta y lee los papeles con paciencia y detenimiento.
—Eso es lo que queremos y necesitamos.
Habla Nate por el auricular. Es la carpeta que tenemos que tener en nuestro poder lo más pronto posible antes de que se den cuenta de quienes somos realmente.
—¿No confías en mi?— dice Sorní, ofendido al ver lo que hace el mafioso.
—¿Te parece que confío en la gente?—No despega los ojos de los papeles, los lee con atención sin ninguna prisa.
—¿Aéreo?— levanta una ceja.— Dijiste que seria por mar.
—Cambié eso. Lo analicé mejor y llegué a la conclusión de que por aire sería mejor. Yo se lo que hago, no te preocupes.
—Sí tú lo dices. Te atienes a las consecuencias si no haces lo que te corresponde— decide firmar los papeles después de leerlos completamente. Sorní le ofrece un bolígrafo pero Trembley lo ignora y saca el suyo del saco de su traje.
—Todo saldrá bien— dice Sorní con una sonrisa. —La carga saldrá de aquí por la noche, nos encargaremos de que llegue intacta.
—Más te vale.
—¿Tienes algo que darme?— pregunta ansioso.
—La mitad— coloca un maletin sobre la mesa. Me incita a que le alcance el maletin y lo hago levantándome un poco. Lo pongo frente a él y lo abre al instante, rabiando por dinero.
—¿Y la otra mitad?
—Tendrás que ir por ella— pone otro maletin sobre el escritorio y lo abre para meter los papeles que firmó.
—Debo irme— se levanta y se ajusta su saco.
—Creí que te ibas a quedar más tiempo.
—Tengo otras cosas que hacer.
—Esta bien. Fue un gusto hacer tratos contigo— me da un pequeño empujón para que me levante. Él también se levanta y se pone frente a Trmnley. Le extiende la mano para despedirse pero la retira cuando no ve ninguna intención de parte de él corresponder.
Qué grosero.
—Me saludas a tu madre. ¿Sigue igual de hermosa?— el comentario no le agrada.
—No lo sé, deberías preguntarle a mi padre, con gusto te responderá— dice venenoso.
—Era una broma— ríe nervioso. Estaría muerto si se mete con Emir Trembley, el padre de éste hombre da miedo.
Opta por ignorarlo igual que las veces anteriores, nos da la espalda y sale con los hombres tras de él sin despedirse.
—No puedo con éste tipo de personas— se queja Sorní.
—¿Qué tipo de negocio hiciste con ese hombre?— hablo por primera vez.
—Uno que no es te tú incumbencia— regresa a su lugar y me sienta sobre él de nuevo.
Deja besos por mi cuello.
—Solo era curiosidad.
—No andes de curiosa— me toma del cabello y lo jala hacia atrás. —No me gustan las mujeres así.
—Lo siento— finjo vergüenza. Me gustaría arrancarle los ojos aquí mismo.
—Ya que estás aquí, complaceme— me dan ganas de vomitar pero es algo que debo hacer para no levantar sospechas.
Por el momento sabemos que será por aire la transportación, se llevará a cabo está noche y que tenemos en la mira el maletin.
Sus manos recorren los costados de mi cuerpo hasta subir hasta mi espalda y bajar el cierre de la ajustada prenda, deja al descubierto mis senos y se prende de uno jugando con el. Sus manos no se quedan quietas, tocan mis muslos y sube lentamente mi vestido.
Este tipo de "cosas" nunca me han gustado hacerlas, a pesar de que estamos entrenadas (en él caso de las mujeres) para estas situaciones, siempre le huyo a esto.
La única que es capaz de hacer esto es Adara, según ella para "conseguir lo que quiera" que, aunque este en total desacuerdo con ella, la acepto cómo tal y viceversa, nos queremos igual y nos respetamos mutuamente por nuestras ideas diferentes.
Después de haber "complacido" a Ernesto Sorní, salgo del despacho acomodando mi vestido y mi cabello, aún tengo el mal sabor en
la boca por esto, aunque no me arrepiento porque era necesario.
Subo las escaleras y entro a mi habitación, dónde en ella ya se encuentra mi compañero.
—Será aéreo— dice.
—Sí. La carga sale por la noche— doy vueltas por la habitación.
—¿Te pasa algo?
—Me siento incomoda. Odio hacer éste tipo de cosas— suspiro. —Igual no importa, era mi deber.
—Claro que importa— se acerca a mí y me estrecha en sus brazos. Siempre nos han visto como sus hermanas y nos tratan cómo tal. —Sí no querías hacerlo lo hubieras dicho.
—Lo sé.
Claro que sé que podía decir que no estaba de acuerdo con hacer esto, sin embargo lo hice por asuntos personales.
—Metió los papeles en un maletin. Color n***o, estoy cien por ciento segura que con contraseña. Tenía una cerradura con combinación para que colocara la clave.
—Necesitamos saber que tipo de maletín es— se aleja de mí.
—¿Tenemos tiempo?.
—No, Trembley se va hoy, en unas cuantas horas más.
—No tenemos tiempo— murmura con la vista en la pared.
—¿Quieres que haga algo?— Me mira de una forma extraña, no me dice con palabras lo que quiere, pero me lo dice con la mirada.
—Bien.
—Lo siento pero...
Lo interrumpo.
—No hay problema, yo lo hago. Lo entretengo y tú entras a su habitación.
—No volverá a pasar.
—Siempre dicen lo mismo— tomo un vestido limpio del clóset para después entrar al baño y cambiarme.
—Solo cinco minutos— dice cuando salgo.
Asiento y me voy directo al primer piso, en las escaleras me encuentro con una mujer del servicio, le pregunto dónde está Trembley y me dice qué en la sala principal. Bajo por completo las escaleras y entro al salón, está de espaldas a mí.
Se gira listo para irse.
—Hola— me le cruzo en el camino para que no se vaya.
—¿Se te ofrece algo?— contesta con tono serio.
—Quería saludar— tomo un mechón de mi cabello falso de forma coqueta.
—Pues ya lo hiciste— pasa por mi lado y me atrevo a tomarlo del brazo para qué se detenga.
—Ernesto me dijo que lo atendiera si se le ofrecía algo— hablo al ver cómo me mata con sus ojos negros. Se queda viendo mis ojos por unos segundos, me altera el hecho que desconfíe o algo parecido y nos descubran.
—¿Pasa algo?— pregunto con una sonrisa, escondiendo mis nervios.
—Tus ojos me recuerdan a alguien— lo dice de una forma...¿maravillado? Pero a la vez enojado.
—¿Alguna ex novia?— digo cuándo se zafa de mi agarre y camina a las escaleras.
—No.
—¿Novia?— le sigo el paso hasta alcanzarlo y ponerme frente a él para que no siga caminando.
—Futura— murmura lo suficientemente alto para oírlo. Aunque lo dice en un tono molesto e indignado se le nota algo que no puedo descifrar.
—¿Puedo ofrecerte algo?— digo con dobles intensiones.
—Sí.
—¿Qué?— me acerco a él.
—Que dejes de obstruir el puto paso— me ofende un poco que no haya caído en mi juego. Me empuja sin sutileza y pasa de largo, empieza a subir las escaleras cuando Nate las desciende.
Me tranquiliza verlo.
—En el mismo lugar de siempre— murmura cuándo pasa por mi lado.
Hago tiempo en irme a poner algo más decente y salir. En el camino veo cómo unas maletas son sacadas al salón prncipal, pregunto a la empleada y me dice que Trembley se irá dentro de poco.
Llego a la playa de está mañana y me dice que no pudo abrir el maletín, además de que pensó que podía ser peligroso robar los papeles cuando hay muchos hombres dispuestos a asesinar si pasa algo. Así que llamamos a la OANS e informamos a qué hora saldrá el mafioso de aquí, le damos los detalles del maletín. Nos dicen que ya no regresemos a esa casa y que nos vayamos de ahí.
(...)
Estados Unidos
/New York/
Adara
Las personas en la sala del área oculta vienen y van planeado lo que haremos a continuación. Los chicos llamaron e informaron que Trembley saldría dentro de poco. Lo cuál nos obliga a hacer todo en tiempo récord para realizar el plan.
—Tenemos 7 horas y 20 minutos para ponernos en acción. Son las once y media— informa un hombre sentado frente a una computadora.
—Los documentos los trae en un maletín de color n***o, es claro que trae una cerradura de combinación por seguridad. Pero eso no nos va a detener— habla Carlos. En una de las paredes yace una pantalla grande, dónde aparece el maletín que debemos obtener, enseñándonos las características de él.
—Llamada de los chicos— dice Nick. Todos se acerca a él y Carlos le ordena que conteste.
—¿Qué sucedió?— pregunta Carlos.
—Trembley se irá a la una de la tarde— informa Nate.
Lo que sucedió fue lo siguiente:
Carlos ordenó a los de tecnología a que revisaran la lista de pasajeros del avión dónde el mafioso va. También ordenó que Nate fuera otro pasajero y Siria una azafata para que fueran en el mismo avión y no perdieran de vista el maletín para estar seguros de que no lo cambie, y que lleve lo que buscamos.
El avión llega aquí a las ocho de la noche, para eso Nick y yo debemos estar ya en el aeropuerto. Aunque no es cualquier aeropuerto, es uno dónde las personas más ricas e importantes pueden viajar. Así que nos infiltraremos como personas de negocios para pasar desapercibido.
Nos la pasamos toda la tarde planeado y analizando todo, a las cuatro de la tarde llega un hombre, nos entrega la copia del maletín para cambiarlo. Es exactamente igual, por lo cuál, será difícil diferenciarlo con el verdadero.