Capítulo 11

2935 Palabras
Estados Unidos /New York/ Adara 7:15pm Estamos a 45 minutos de robarle al líder de la mafia Canadiense: Liam Trembley, un hombre que se mueve tanto en el mundo criminal, cómo en el mundo de negocios de forma "legal". Heredero de la empresa de Emir Trembley, el antiguo líder del clan. Actualmente se encuentran aquí, en Estados Unidos, llevan meses por estos lugares, no sé sabe si vinieron de vacaciones o si se traen algo entre manos. —Todo listo— Dicen desde el pasillo. Le doy una ultima observación a mí atuendo. Visto un traje color n***o, de tres piezas, luzco cómo una empresaria, cómo toda una mujer de negocios. Mí apariencia y mi identidad cambiaron de nuevo, ahora soy Miranda Jones. Una joven mujer empresaria que acaba de llegar de un viaje de negocios. De cabello rojizo y ojos verdes. Salgo de la habitación para cruzar todo el pasillo, más personas se unen a mi lado revisando hasta el más mínimo detalle para que todo salga bien. A lo último me encuentro con Luis, quien se acerca a colocarme el auricular para estar comunicados. Carlos me da el maletín, es una copia exacta del otro. —Te verías bien como empresaria— alaba al verme en traje. —Lo mío es asesinar. —Y lo has dejado claro muchas veces. Salimos del área oculta para abordar el auto, lo conduce un integrante de otro equipo (se hará pasar por mí chófer) Nick y yo vamos en la parte de atrás, revisando cámaras del aeropuerto y recibiendo instrucciones. Entraremos antes de que Trembley baje del avión, revisaremos el perímetro y nos aseguraremos de que no lleve hombres de respaldo. Por otro lado, Nate y Siria van en el mismo vuelo, hasta ahora no ha habido contratiempos. Han informado que no se le despega del maletín y que todo va igual. Unos minutos después llegamos al aeropuerto para millonarios cómo Trembley. Nos haremos pasar por dos personas más del montón que llegan aquí. Nos bajamos de la camioneta. Nick se va por su lado y yo por el mio, fingiendo que no nos conocemos y que no vinimos juntos. —El maletín sigue con Trembley. Hablan por el auricular. Camino por todo el lugar arrastrando una maleta con ruedas hasta quedar unos metros del pasillo de dónde Trembley debe salir. —Sus hombres ya llegaron por él en una camioneta. Las personas empiezan a salir del pasillo, mi vista no se aparta de la puerta hasta que veo al hombre de la fotografía que nos enseñaron. En vivo y directo Liam Trembley se ve mucho mejor, porta un traje color n***o, su cabello castaño está bien peinado. Camina con seguridad con su maleta en una mano y el maletín en la otra. Su imagen grita poder y peligro a simple vista, el hombre es atractivo y una no es de palo y mucho menos inocente. —Actúen rápido, sus hombres van a él. A medida que me acerco mi corazón empieza a latir con más rapidez, una sensación extraña se instala en mí y una voz interna me dice que no me acerque, que salga corriendo de ese lugar y que me esconda muy bien. Llego más a él y... Me hago la despistada para chocar con su cuerpo. Actúo como si perdiera el equilibrio, los maletines se enredan y van directo al suelo junto con mi maleta. —¡Lo siento tanto!— me disculpo, en un movimiento rápido y casi inexistente, cambio de posición los maletines. —Fue mi culpa, venía distraída y no me fije por dónde caminaba— Nos agachamos para recoger los maletines del suelo. Festejo en mi interior cuándo toma el equivocado, dejándome a mí el que queremos. —Le ofrezco una disculpa— finjo estar apenada.—No fue mi intención— Sus pozos negros me miran fijamente, su rostro serio no muestra ninguna expresión. —A la otra fíjate por dónde caminas— dice con voz varonil. Su tono hace que se remueva algo en mi interior. —Lo lamento tanto— lo veo a los ojos. Mis ojos verdes solo reflejan pena y arrepentimiento por lo sucedido. —¿Eres nueva?— su pregunta me sorprende, creí que se iba a ir y ya. —Eh...no— digo, fingiendo titubeo. —Pareces nueva— su ronca voz me descoloca un poco. Siempre he pensado que la voz de los hombres es lo que más atrae a una mujer. Y hoy, en este preciso momento, lo he confirmado. —Tenia mucho que no estaba aquí— me encojo de hombros.—¿Usted es de aquí? —No. —¿Cuál es su nombre? —Liam, Liam Trembley. —Una disculpa Liam. Mi nombre es Miranda Jones— me presento con mi nombre falso.—Un placer conocerte— sonrío amigable. Le extiendo la mano para saludarlo, se queda viéndola unos segundos y cuándo creo que no va a corresponder, decido alejarla pero tal movimiento me lo impide al tomarme de la mano, dándole una suave sacudida a modo de saludo. —Debo irme— me suelta y me pasa por un lado sin decir nada más. En verdad esté hombre tiene un genio de mierda, es fastidioso y amargado, y estoy segura de que no solo conmigo, sino que con todas las personas es igual. Decido irme también, cantando victoria en mi interior. Camino dirigiéndome a la salida, le paso por un lado y sigo mi andar, mis tacones de aguja resuenan en el piso con mi caminar. Siento sus esferas negras en mi espalda siguiendo mis movimientos. Sonrío para mis adentros. Llamar la atención es mi actividad favorita. Salgo del aeropuerto con su mirada siguiendome, subo a la camioneta que se pone en marcha cuando cierro la puerta. —Tengo el maletín. —Los demás ya salieron. Dejamos al mafioso y al aeropuerto atrás. Cruzamos las calles de New York para ir al punto de encuentro. Quedamos que Nick, Nate y Siria se quedarían cerca por si sucedía algo, se fueron cuando les dieron luz verde para abandonar el lugar e ir dónde quedamos que me iría con ellos. —Tenemos compañía— dice mi compañero, Javier. Giro en el asiento para ver por el vidrio trasero como una camioneta negra se acerca a nosotros. —¿Es Trembley?— pregunto cuándo el auto es sacudido por el golpe que nos da. —No, no lo es —¿Y quién carajos es?— nos vuelven a chocar. —Son...de la organización de Australia. —¿Qué es lo que quieren? —¡Salgan de ahí!— ordena, ignorando mi pregunta. —¡Acelera!— grito cuando bajan la ventanilla y un hombre sale con un arma disparando a nuestra dirección. —¡Intenta perderlos y no vallas al punto de encuentro!— me quito el blazer n***o del traje, me deshago de la peluca soltando mi cabello para recogerlo en una coleta alta. Debajo de los sillones saco dos glock 18C, listas para ser disparadas. —¡Abre el techo corredizo!— no van a venir a estar jodiendo y esperar que no hagamos nada. Salgo por el y dejo escapar una tanda de balas, la primera en salir va directo a la cabeza del tipo que cae del auto rodando por el asfalto de la calle. Los demás autos escapan del espectáculo para no salir heridos al igual que las personas que van por las banquetas. —¡Van refuerzos! —¡Es solo un auto! Imitan mi acción, otro hombre sale del techo corredizo del auto disparando más. No tardo en darle un tiro en la cabeza que lo regresa por dónde salió. Cargo las dos armas para seguir disparando, decido darle a las llantas pero un hombre con una bazuca me gana. Apunta a mi cabeza, con la intención de darme a mí. Dispara y entro al interior del auto antes de que me vuele la cabeza. Me da tiempo de tomar una granada de mano y quitarle el seguro. Si ellos tiran a matar, nosotros también. Salgo de nuevo por el techo, el hombre se sorprende al verme, hago un lanzamiento calculador, la granada entra por el techo corredizo y... —¡Acelera!— le pisa al acelerador. La camioneta tras nosotros explota, haciendo una gran nuve de fuego y humo. —Creo que si vamos a necesitar refuerzos— dice Javier. Tres camionetas más se acercan a máxima velocidad a nosotros. Vuelven a impactarnos por la parte de atrás. Qué hagan eso me está hartando. Salgo a disparar directo a las llantas, pierde el control y se van directo contra una cafetería haciendo destrozos por doquier. —¡Dos de cuatro!— río. Nunca me cansaré de decir que amo mi trabajo, tal vez no sea el más honrado pero cada quien se dedica a lo que más le gusta. —Sus compañeros van a ustedes, por el norte. Hablan por el auricular. —¿Qué traman?— pregunto al aire. Una de las camionetas se desvía, dejando solo a una. —¿Se rindieron?— pregunta Javier. —No creo. Me preparo para dejar salir otra tanda de disparos, planeo hacer lo mismo pero las dos personas que me disparan no me lo permiten. Dirijo mi vista al frente, autos y un gran trailer esta frente a nosotros, ellos recibieron el impacto de la bazuca, nos obstruyen el paso. Una idea me nace. —No te salgas del carril y acelera— indico. Los de atrás también aceleran para no perdernos de vista. Mientras nos acercamos al desastre de autos chocados, preparo una ametralladora que si o si, matará a los que nos persiguen. —Cuándo diga frena lo harás— ordeno. —Saldrás del auto y te iras con el maletín hacia el norte, por ahí encontraras a los demás— coloco el maletín cerca de él para que lo tome y se vaya. —¿Entendido? —Sí. Termino de organizarme, el auto sigue tras nosotros y no deja de disparar. No sabemos lo que quieren y que es lo que buscan. Por un lado me alivia que no sea Trembley quien nos persiga para recuperar lo que le robamos, pero por el otro me produce estrés no saber. —¡Frena!— da un frenon inesperado, chocamos con el trailer y el auto de atrás choca con nosotros. —¡Vete!— toma el maletín y sale corriendo a dónde le indique. —¡¿Qué estás haciendo Adara?! Escucho la voz de Carlos. Salgo del auto con la ametralladora en mano, desencadeno una ola de disparos que arremata con los cristales del auto. Las personas dentro intentan defenderse disparando a mi dirección pero ninguna bala llega a mi cuerpo. Mato a todos y a cada uno de los que estaban en su interior. —¡Tienen el maletín, repito, tienen el maldito maletín! —¡¿A dónde van?!— me molesto. —Se dirigen al Río Hudson Me trepo al techo de la camioneta para subir por el techo del cajón del trailer y correr por el, el trailer quedó a medio camino de pasar por debajo de un puente, en un salto me trepo a el y corro por la banqueta como alma que lleva el diablo. Me jode qué no puedan hacer nada bien, por eso dicen que mejor hagas las cosas por tu propia cuenta si quieres que todo salga como quieres. Me cruzo en plena calle para detener un auto, frena cerca de mi y el dueño se baja enojado por eso. —¡¿Estas loca?!— regaña. —¡Si lo estoy!— grito.—¡Deme las jodidas llaves!— le apunto con el arma y al instante se le bajan los humos. Extiende su mano para darme las llaves, se las quito bruscamente y subo sin perder el tiempo, piso el acelerador y me dirijo a dónde dijo Carlos. Ha de pensar que esto se fue a la mierda, pero conmigo al mando no sucederá. Esquivo autos, me paso semáforos en rojo y causó que otros choquen, algunas personas que iban cruzando la calle se lanzan lejos del auto que manejo. Los alcanzo en tiempo récord, es la camioneta que se desvió con la que me encuentro. Ahora es mi turno de embestirlos por atrás. Se percatan de mi presencia y empiezan a disparar al instante. Bajo la ventanilla del piloto y le vuelo el arma a una tipo que me disparaba dándole en la muñeca. Insisto golpeándo la parte trasera del auto repetidas veces hasta que la defensa queda enganchada en él. Se mueven de un lado a otro para deshacerse de mi, pero no lo logran. —¡Adara deja eso y ven aquí! Ignoro la orden de Carlos, no dejaré que se lleven lo que conseguimos. Los disparos de parte de ellos se detienen, cosa que aprovecho para salir por la ventanilla y brincar al techo del otro auto. Se alarman y empiezan a disparar, les regreso las balas y estoy segura que que le di a alguien de ellos. Bajan la ventanilla del lado derecho y me a riesgo a entrar por ahí sin previo aviso. —¡Sorpresa! Las personas dentro no me reciben bien. En movimientos rápidos me deshago de sus armas, le doy un tiro a uno de ellos quedando con dos; uno que forcejea conmigo en los sillones de atrás y el otro que va al volante. Intenta meterme un tiro pero lo golpeo, lo que provoca que la bala la reciba la cabeza del piloto, se enfurece y está apunto de dispararme cuando el auto choca con otros. Se le cae el arma y se le va bajo los asientos. Es mi oportunidad de matarlo pero cuando decido usar mi arma, no tiene balas. —¿La princesita está en problemas?— se burla el tipo. —También tengo esto— saco una navaja y se la encajo en el abdomen. Se queja de dolor y me da golpes en las costillas. El auto se mueve bruscamente, no tenemos nadie que tome el volante y toma la dirección que quiere. Lo siguiente que veo es cómo el auto pasa el límite se la banqueta y cómo nos impactamos contra el agua. —¡Adara! La voz de Carlos es lo último que oigo. Bajo el agua el tipo intenta ahorcarme, toma el cinturón de seguridad del asiento y lo pone contra mi cuello. Veo como el maletín sale por la ventanilla frente a mí. Aprieta más y me desespero al no encontrar la navaja, se me fue de las manos cuando entramos al río. Toco todo hasta que la siento, ya en mi mano la clavo en su pierna. Me suelta y me da movilidad para girar y metersela en la garganta. Salgo por la ventanilla y veo a todos lados buscando el maletín, lo veo que va al fondo del río. Me apresuro a nadar, el auto me ayuda a impulsarme. Muevo brazos y piernas con esfuerzo hasta poder tener el maletín en mis manos. Cuándo lo consigo nado a la superficie con rapidez para tomar aire. Al salir doy una gran bocanada de aire, toso un poco y nado a la orilla. El sol ya se fue y es de noche. A lo lejos escucho las sirenas de las patrullas de la policía. Salgo del río toda empapada, sin zapatos, con golpes en el rostro y una pequeña cortada en el brazo izquierdo, pero con el maletín en mano. Una camioneta de la organización se detiene frente a mí, de ella sale Nick, quien me ayuda a subir al auto. Dentro me encuentro con mis amigos. —Toma esto— me da una toalla. —Creo que no le entró agua— digo, refiriéndome al maletín. —Eso no importa, ¿Estas bien? —Sí. —Pareces Cenicienta— dice Siria desde el asiento del copiloto. —¿Por qué?— pregunto confundida. —Saliste de la organización elegante y limpia y regresaste mojada y golpeada. —Jaja que gracioso— digo con sarcasmo. —Siria tiene razón— ríe Nate. —Callen— manda Nick. Al llegar a la organización bajamos del auto y muchas personas se acercan a nosotros. —¡¿En que estabas pensando?!— pregunta molesto Carlos cuándo se posa frente a nosotros. —En traer lo que querías. —¡Te dije que no hicieras nada! —¡Y lo hice! ¡¿Y qué?! Las instrucciones estaban claras, querían el maldito maletín y se los traje ¡¿Qué más quieren?! —¡Te expusiste! —¡Fui yo, no tú! —¡Eres una irresponsable! —¡Pues está irresponsable te trajo lo qué querías! —¡Estas suspendida! —¿Qué?— digo incrédula. —Lo que escuchaste. Un mes de suspensión desde ya, no iras a la operación— se da vuela y se va sin darme tiempo a renegar. Mi coraje crece y me voy directo a mi dormitorio, no dejo que los médicos me hagan un chequeo. Los chicos me siguen por los pasillos intentando que hable con ellos pero es algo que no consiguen. Les cierro la puerta en la cara y me voy directo a la regadera para estar más cómoda. Son unos malagradecidos Les traigo lo que quieren y me pagan así, es injusto, hice lo que dijeron antes de salir. —Consigan y traigan ese maletín a como de lugar. Todos son una bola de ineptos e imbéciles.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR