Capítulo 4

2031 Palabras
Estados Unidos /New York/ Adara Observo mi reflejo a través del espejo, dos mujeres pertenecientes al departamento de camuflaje arreglan mi cabello y mi maquillaje. Ayer por la tarde entre las dos me tiñeron el cabello de castaño y nos pusimos de acuerdo con el vestido que iba a usar. —Listo— habla una de ellas. Me levanto de la silla y entro al vestidor para colocarme un vestido color n***o, largo, con una abertura en la pierna izquierda y hombros descubiertos. El vestido es hermoso, se ajusta bien a mi figura y hace resaltar mis curvas. —Se ve hermosa— dice la otra cuándo salgo. —Gracias. Me acerco al espejo de cuerpo completo, paso mis manos por la tela para quitar algún arrugo en la prenda. Me pasan los accesorios, me coloco pendientes, una pulsera y un collar. Aunque para mí los accesorios son la belleza que sostiene Oswaldo, el jefe del departamento de armamento. Las dos mujeres se van. Camino a él y me entrega un pequeño cinturón. Lo pongo en mi pierna contraria a la descubierta y en el pongo mi arma, una Beretta M9, con un cargador y una de mis navajas favoritas para degollar. —¿Dónde está la asesina estrella?— entra Luís, el encargado de tecnología. —Te ves preciosa— me toma de la mano y me obliga a dar una vuelta en mi lugar. —Vas con todo— sonrío por su comentario. Luis es un poco alegre, lo conozco desde que tengo memoria, ha sido mi amigo desde hace mucho tiempo. —Te pondré esto— se acerca y coloca un auricular en mi oído. —No dudes en comunicarte con nosotros si pasa algo. Asiento. —¿Tienes el cargador?— entra Carlos. —Sí. —No dudes en usar el arma si las cosas se salen de control— asiento. —¿Todo está en su lugar?— pregunta de nuevo. —Sí. Salimos de la habitación para cruzar el pasillo e ingresar al elevador. Cuándo un equipo, bina o una sola persona, debe hacer algún trabajo, ingresa al área oculta. Es una parte de la organización dónde los asignados a la tarea tienen privacidad ya que solo las personas autorizadas saben lo que harán. Salimos por la parte trasera. Mi mirada recae en un auto deportivo color blanco. Es idéntico al que maneja Adriana. Hacen una pequeña revisión para después, Nick y yo subir al auto. —Ten cuidado— dice, con la vista en el camino. —No te preocupes— Nick y Nate son muy sobreprotectores con nosotras dos. Hubo una vez en la que iba a recibir una tanda de disparos pero Nick se metió y los recibió él. —Solo llama si necesitas algo. —Todo estará bien— pongo mi mano en su brazo. —No te preocupes— repito. Cruzamos toda la ciudad para llegar al otro extremo. Ubicamos el vecindario privado, desde aquí se escucha la música del lugar. Entramos y visualizamos todos los autos elegantes que han llegado. —¿Nos burlaremos de todo ésto?— pregunto. El lugar se ve que tiene mucha seguridad. —Solo es un fachada— responde. Quito el cinturón y abro la puerta para salir. —Llama si necesitas algo— asiento y cierro la puerta. El portón que da con la propiedad se encuentra abierto para que las personas ingresen caminando, los autos deben quedar fuera. Camino por el sendero, con cada paso que doy logro escuchar más fuerte el bullicio y la música. Desde mi lugar escucho como Nick da la vuelta y se retira. Subo los escalones que dan con la puerta principal. —Buenas noches— saludo al hombre que está en la puerta. No se ve muy amable y sus modales me lo confirman a no corresponder mi saludo. —¿Invitación?— saco la invitación dorada de mi bolso con la mirada del hombre sobre mí. Se la entrego y la lee atentamente. —Bienvenida, señorita Lennox. Me permite el paso y entro sin perder el tiempo. Al entrar mis ojos conectan con el ambiente, hay muchas personas. Hombres vistiendo trajes haciendo algún negocio mientas sus mujeres presumen lo costoso de sus vestidos joyas y zapatos. El lugar está bien iluminado y los ventanales dan una buena vista al jardín y la música es agradable. Esta noche no soy Adara, una mujer que asesina a sangre fría. Esta noche soy Adriana Lennox, una chica pura e inocente, hija de un empresario de la Ciudad. Camino mezclandome entre la gente, un mesero pasa por mi lado con una charola de copas de champagne y tomo una en el aire. —Estoy dentro. Hablo por el auricular. —Castillo aún no llega. Ubico un sillón en una esquina, me dirijo a el y tomo asiento para esperar a la presa. Pongo firme mi espalda y cruzo las piernas (la descubierta sobre la otra). Recorro con la mirada todo el lugar, a unos metros está la familia Castillo, solo falta el hijo mayor que se presente. Pasan quince minutos y Fernando no llega, solo me queda ser paciente y esperar que él mismo entre a la cueva del lobo. —¿Adriana?— unos ojos azules me miran emocionados. —Hola— saludo. Es hora de entrar en el papel. —Creí que no ibas a venir— se acerca y se sienta aún lado de mí. —Creíste mal— digo con amabilidad. Virginia White, esposa del anfitrión de está fiesta. Investigué un poco a Adriana Lennox y me enteré que ella y esta mujer tiene una buena amistad. Por lo tanto, me di la tarea de investigar sobre su relación para que no haya desconfianza de su parte hacia mi. —¿Cómo has estado? ¿Cómo va la universidad?. —Estoy bien, gracias. Y lo de la universidad ¿Qué te puedo decir? Es un poco cansado y estresante pero nada que no pueda manejar— sonrío. —¿Y tú madre? ¿Cómo sigue?— la madre de Adriana ha estado muy grave en estos últimos tres meses, tiene algo muy complicado pero hasta la fecha, no se ha muerto. —Está mejor— finjo tristeza. —Dale mis saludos. —De tu parte. Y dime, ¿Cómo van las cosas por aquí?— cambio de tema. —A ti no te puedo mentir— deja escapar un suspiro. —Ultimamente he tenido problemas con Uriel— Uriel White, hijo menor de Virginia y Mauricio. —Es tan rebelde y le ha dado por decir que ya no quiere estudiar. —Ten paciencia, apenas tiene 17 años, seguro que es la etapa. Recuerdo que yo era igual o peor— reímos. —Espero sea eso. Nos quedamos un rato platicando sobre muchas cosas, me dice que su hija mayor se casará en unos meses y que me llegará la invitación para que asista al evento. —El objetivo está adentro. Repito, el objetivo está dentro Hablan por el auricular. Dirijo mis vista a la puerta principal; Fernando Castillo entra al salón con aires de grandeza. Trae puesto un traje color azul, su cabello está bien peinado. Recorre con la mirada todo el lugar hasta que encuentra a su familia. El hombre no es nada feo y las mujeres que lo miran no le son indiferentes al lanzarle miradas con dobles intensiones. —¿Te importa si te dejo sola?— la pregunta de Virginia me saca de mis pensamientos. —No, claro que no. —Debo saludar— se levanta y camina hasta el grupo en el que está su marido y la familia Castillo. Hago lo mismo y me levanto del sillón, me dirijo al baño y frente al espejo reviso que el auricular y el cinturón estén en su lugar. También reviso mi vestido, mi peinado y mi maquillaje antes de salir. Regreso al salón y... —¡Hola!— la voz entusiasmada de Dalia llama mi atención. —Que tal. Dalia es una de las mejores amigas de Adriana, es de su misma edad y estudian en la misma universidad solo con diferente carrera. —Doy gracias al cielo por haberte encontrado— levanto una ceja. —¡Estoy aburrida y contigo siempre me divierto. ¿Soy su payaso o qué? —Se nota que no te gusta este tipo de ambiente— digo riendo. —Lo único que me gusta de esté tipo de eventos es el alcohol, la comida y los hombres guapos— guiña un ojo. —No cambias— pongo los ojos en blanco. —Nunca. Ven— me toma de la mano y me jala hasta la barra. Pide dos copas de vino y me da una cuando el mesero las pone frente a ella. —Me quiero ir— reniega. —¿Viniste sola?— asiento. —¿Nos vamos? —No puedo— vengo hacer algo y no me iré hasta que lo haga. —¿Por qué?— está chica jode mucho. —Mi padre me dijo que estuviera un tiempo considerable— me encogo de hombros. Mi mente máquina muchas mentiras a la hora de hablar. —Pero...si nos vamos ¿Quien le va decir a tu padre que te fuiste antes de tiempo? —Dalia, sabes que no me gusta desobedecer a mi padre. —Lo sé— pone los ojos en blanco. —Eres una blanca paloma. Adriana lo es. ¿Yo? No lo soy. Sonrío. —¿Quién es él?— pregunta con la vista tras mi espalda. Giro y veo a Fernando caminar a nuestro lugar con los ojos puestos en una persona. Camina con tanta seguridad y elegancia. Es un hombre muy atractivo y las mujeres le hinchan el ego cuando pasa por su lado y suspiran. —Buenas noches señoritas— saluda cuándo llega hasta nosotras. —Buenas noches— respondemos al mismo tiempo. Yo lo veo fijamente mientras mi compañera lo mira embobada. —Señorita— se vuelve a mí. —¿Me permite un baile?— extiende su mano a mi lugar, sin pensarlo dos veces, la tomo. No imaginaba que el solo iba a venir a mí, en el momento en el que se percató de mi presencia no dudo en acercarse a coquetear. Parece que algunos hombres no tienen cerebro y se dejan llevar por un espejismo. Me guía hasta la pista de baile dónde hay más parejas bailando, posa sus manos en mi cintura y yo las pongo en sus hombros. Mi pecho roza con el suyo, nos movemos al compás de la música dejándome girar por el. Sus ojos miel conectan con los míos y me sonríe. Se inclina a mi oído derecho para decirme algo, reacciono al instante logrando que se incline al izquierdo ya que el auricular lo tengo en el derecho. —Es usted muy hermosa— susurra. No espera respuesta de mi parte, se endereza de nuevo y me guiña un ojo, coqueteando. La belleza de la femenina es una gran ventaja para manejar a los hombres a nuestro antojo, es algo que he podido sacarle provecho a lo largo de mi vida. Sin embargo, para otras es una maldición que lo único que provoca es la desgracia para aquellas que violan, acosan, secuestran o asesinan. La canción cambia y el hombre no me suelta, por el contrario, me pega más a él, baja su rostro al mío y deja un pequeño beso en la comisura de mi boca. Es increíble la confianza que se toma para hacer tal cosa. —Deberíamos ir a un lugar más privado. —¿Qué quiere decir con eso?— hablo cerca de sus labios. —Tú y yo solos bonita. La canción termina y me separo de él saliendo de la pista de baile. Camino hasta las escaleras, cuándo estoy a la mitad de ellas veo sobre mi hombro como aparta a otras personas del camino para alcanzarme. Cuándo se trata de asesinar no hay nadie que me gane, es mi actividad favorita, me divierte tanto que hago un desastre en el lugar y esta no será la excepción.
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