Capítulo 6

1995 Palabras
Estados Unidos /New York/ Liam Trembley Las camionetas negras ingresan a la mansión de los Trembley, andamos hasta estacionarnos frente a las dos puertas que dan entrada a la casa. El lugar está lleno de otros autos, hay personas vestidas de n***o entrando y saliendo. Unas lloran al ser conocidos de los Castillo mientras otros están serios en comprensión a la perdida de la familia. Al entrar, con cada paso que doy, escucho el llanto dolido y desconsolado de Wendy Trembley de Castillo, que, junto a ella llora mi madre y todos los familiares por la perdida de Fernando, mi "querido" primo. El salón está lleno de personas vestidas de n***o, el ataúd yace en en el centro y al rededor hay coronas de flores. Aún lado de el, Wendy llora abrazando el ataúd, aferrándose a lo que queda de su hijo. Está cerrado y no está permitido abrirlo ya que le arrancaron la cabeza y la imagen será desagradable si deciden hacerlo. La noticia fue inesperada, no diré mentiras al decir que me dolió, me daba igual lo que pasara con ese hombre. En realidad me da igual lo que pase con quién sea. Si lo mataron de una forma tan despiadada como para dejarlo sin cabeza, es seguro que algo hizo, no dejaron su cuerpo sin cabeza por bonito. —Que bueno que llegaste— se acerca Emir Trembley, mi padre. Me indica que salgamos del salón y me guía al jardín. Prende un cigarro y le da un par de caladas antes de hablar. —El asesino le cortó la cabeza. —Lo sé— meto mis manos en los bolsillos de mi pantalón. —¿Ramiro te lo dijo?— inquiere. Asiento. —Ese hombre es un chismoso. Ramiro es un hombre que trabaja para mí, con el pasar del tiempo se ganó mi confianza. Es mis oídos y mis ojos en dónde sea. —Mi hermana está muy triste— da una calda. —Se nota— se a dónde quiere llegar con esto y me molesta que se ande con rodeos. —Quieren al asesino— sus ojos negros al igual que los míos me miran, esperando que en mi haya comprensión, sin embargo, lo único que encuentra es indiferencia. —¿Y? —¿Eres pendejo? —Lo pareces tú, te andas con rodeos y no me dices las cosas como son. —Más respeto que soy tu padre— pongo los ojos en blanco. —Déjame adivinar. Quieres que yo lo busque. —Eres inteligente. Quieren que les traigas al culpable y lo pongas frente a ellos. Me importa una mierda lo que Wendy, su esposo o él, quieran, no es asunto mío. Es algo que no me concierne, bastante tengo con mis líos como para andar por el mundo buscando a un imbécil que mató a otro imbécil. —¿Por qué debería hacerlo?— pregunto. —¿Y por qué no? —Por el simple echo que no me importa lo que le pasó. —Eres igual a mí— da otra calada. —Peor— sonríe. —¿Qué gano yo haciendo eso? —¿Siempre pides algo a cambio? —Sí. —Por una vez en la vida no hagas las cosas porque te convengan. La familia es importante, es primero. ¿Crees que no tenemos derecho a saber quién lo asesinó? —No empieces por favor— cuando saca el "lazo" entre la familia siempre dice cosas que simplemente me valen. —Nos debemos ayudar entre sí. —Si tu lo dices... —¿Lo harás? —Tal vez. —¿Si o no? Nada de tal vez. —Tal vez— repito y lo dejo con la palabra en la boca. Camino y entro de nuevo a la casa, me harta tener que ver a todos llorando por la perdida de ese hombre, así que camino por el pasillo y entro al despacho, me acerco a la licorería de este lugar y me sirvo un vaso de whisky. Me siento en un sillón, de espalda a la puerta. Doy un trago y cierro los ojos para buscar un poco de paz, cosa que sin duda, no tengo. Últimamente he tenido mucho trabajo y me he mantenido ocupado. En unos días habrá un tráfico de armas, ando supervisando que todo esté en orden, no quiero sorpresas de nadie a la hora de recibir y transportar la carga. El tráfico se hará en unos días más y todo debe salir perfecto, no quiero que la ley se entrometa en esto. Le doy otro trago a mi bebida, disfrutando de su sabor. Escucho como abren la puerta y caminan a mí. Pasa por mi lado y se sienta en la mesita en medio de los sillones, se talla las palmas de las manos en las piernas como signo de nerviosismo. —¿Qué pasó mamá?— hablo primero. Sus ojos evitan hacer contacto con los míos. Se a lo que viene y me jode que la manden a pedir este tipo de cosas. —¿Tu padre te hablo de Fernando?— sus ojos rojos por el llanto deciden mirarme. —Si. —¿Ayudarás? —No. —¿Por qué? El era tu primo. —Tu lo has dicho, era. Ya no lo es— doy otro trago a mi bebida. —No seas inhumano. —Así soy yo— me encogo de hombros. —El está muerto ¿Para qué quieren encontrar al asesino? Eso no hará que el vuelva. —Liam por dios— dice incrédula. A lo largo de los años mi carácter, personalidad y humanidad ha cambiado y para nada bueno. —De pequeños jugaban juntos. —Estas hablando en tiempo pasado de nuevo... —No seas así— me señala. —Eres el único que puede ayudarlos. —Tienes razón, puedo, pero no quiero— tomo lo que queda de whisky de un solo trago. —¿Por qué? ¿No te importa? —No. —¿Qué pasa contigo?— se inclina y toma mis manos. —¿Debería de pasarme algo?— levanto una ceja. —No, pero... —Dejemos el tema aquí— separo mis manos de las de ella y me levanto. —¿Lo harás? —¿El qué?. —¡Liam!— me reprende. —¿Que gano yo haciendo eso? ¿Eh?— no acepto tener que hacer algo y no recibir nada a cambio. Dejo el vaso vacío en el mesa. —¿Por qué eres así? —Porque así me criaron querida madre— me levanto y le extiendo la mano para que lo haga también. —Vamonos ya será el entierro— miro la hora en mi reloj. —Hazlo por mí— me pide en el pasillo. —Eso es chantaje. —Por favor...no solo a ellos les duele haber perdido a su hijo, a nosotros también. —A excepción de mí, claro está. —Contigo no se puede hablar— se va molesta, adelantándose a llegar al salón. Todas las personas que nos acompañarán salen de la casa y suben a sus autos. Abordamos las camionetas negras y emprendemos el viaje al cementerio. El camino se vuelve aburrido por la lentitud de los demás autos que van haciendo homenaje al muerto. Al llegar, bajamos y todos nos acercamos a la tumba, el padre empieza hablar. A la hora de bajar el ataúd, Wendy lloró y gritó. Hizo un gran escándalo que solo nos hizo pasar vergüenza (por lo menos a mí sí). Gritaba cosas sin sentido y las personas la miraban con lástima. Odio que las personas tengan que esperar que su ser querido éste agonizando o muerto para decirles lo mucho que lo querían y todas esas cosas. En un acto patético porque simplemente esa persona ya no está y es imposible que lo sepa. Regresamos a la mansión y me voy directo al despacho, dónde después mis padres y los padres de Fernando entran. —¿Y ahora qué?— pregunto. Cómo no funcionó de venir de uno por uno, ahora se unen. —Queremos que nos ayudes— Wendy es un mar de lágrimas. —¿Siguen con lo mismo?— digo exasperado. —Por favor— pide su esposo. —Estaremos en deuda si nos ayudas. Se quedan unos minutos en los que me duele la cabeza al oír todo lo que dicen los cuatro. Al final termino aceptando diciendo que me den tiempo para quitarlos de encima mío. Se larga y me dejan solo para llamar a Ramiro y ordenarle lo que tiene que traer hoy mismo. Horas después llega y lo hago pasar al despacho para que me diga todo lo que supo. —¿Qué sabes del asesino?— pregunto. —¿Asesino? Querrá decir asesina. La sangre se me calienta al oír aquello. Lo mató una mujer. El asesino es nada más y nada menos que una maldita mujer. De seguro le abrió las piernas para llamar la atención y como el pendejo que es, se dejó engatusar. —¡¿Una mujer?!— no acepto que una mujer sea más astuta que un hombre. O mejor dicho, no acepto que una mujer sea más astuta que un Trembley. —Así es señor. No me enoja que lo haya matado, me enoja que haya sido una jodida mujer quién haya hecho esto. —¿Quién fue? —Adriana Lennox— me pasa una fotografía de la mujer. Tiene el cabello castaño, le cae por la espalda y es portadora de ojos miel. —¿Era una invitada? —Sí. Estaba todo planeado, en el instante que entró, las cámaras de seguridad se apagaron. Después del asesinato abandonó el área y después de cinco minutos de haber desaparecido, las cámaras se activaron de nuevo—. Todo esté maldito truco estaba planeado, se nota que iba por Fernando, que el era la presa. —Está señorita no contó con algo. —¿Con qué? —La oficina de Mauricio White tiene una cámara de seguridad escondida. No la captaron y grabó todo lo que pasó en ese momento. Le ordeno que me muestre esa grabación. Coloca la pantalla de la computadora frente a mí. Ingresa una USB y reproduce el vídeo. La mujer entra y al poco tiempo lo hace Fernando, se da cuanta que está tras la puerta y se le acerca para besarla y tocarla. Me sorprende lo que hace acontinuación, en un movimiento rápido corta su garganta, se sienta en sus piernas y pasa su lengua por la herida. No escucho lo que dicen pero me basta con la imagen. Vuelve acercar la navaja y corta más su garganta, después con fuerza arranca su cabeza, sonríe, disfrutando lo que hizo. Guarda la cabeza en una bolsa negra de plástico y se prepara para irse pero la puerta es abruptamente abierta. Aparece un hombre de los de seguridad, le dispara pero no le hace nada, después ella saca su arma y con un solo tiro le basta para atravesar su cabeza. Recoje con rapidez sus cosas y se va por el balcón, la puerta vuelve hacer abierta y por ella entran más hombres que no le hacen ni una mierda. Se larga, orgullosa y feliz por haber logrado lo que quería y con la cabeza de Fernando Castillo Trembley. Ese vídeo me transmite miles de sensaciones que no sabría cómo explicarlas. Ni yo mismo se que es lo que sentí al ver cómo disfrutaba el sufrimiento de otra persona. Ver cómo jugaba con Fernando me había prendido en sobremanera, y es que j***r, nunca, jamás, había visto a una mujer hacer tal cosa. Fue algo...placentero y sorprendente. Y entonces lo supe, supe que ella debía de estar conmigo, que ella sería la indicada para el lugar de Reina que estaba vacío. Tan solo con ese vídeo supe lo que representaba. Peligro Misterio Sangre Muerte Tormenta Astucia Belleza
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR