Cuando me decidí por salir, Simón iba a mi lado, de alguna manera me hacia sentir con seguridad que nada malo me pasaría. En estos momentos, era lo que más necesitaba. No estaba mentalmente estable. Abrí la puerta y me conseguí con un Michael lleno de ojeras pero con una enorme sonrisa y un hermoso ramo de flores. Se notaba cansado, preocupado. —Esto es para ti...—Dijo sonriendo y entregándome aquel hermoso ramo de rosas. Lo sentía incluso, un poco nervioso. —Oh... Gracias por venir y por preocuparte, ya estoy bien.—Dije aceptando aquel gran y lindo ramo de rosas que venían de él. Aún seguía molesta con él, despareció de la noche a la mañana; y era cierto no podía culparle de lo que me había sucedido, pero hubiese evitado gran parte si él hubiese estado ahí para llevarme. —Lo sie

