Había despertado, sentía mi cuerpo adolorido y fuera de sí. Los recuerdos de lo sucedido me invadieron como una ola. Mis lágrimas se hicieron presentes y mi pulso volvía a elevarse. Cerraba los ojos con fuerza, anhelando estar en casa y poder borrar todo aquello que me tocó vivir. Intenté moverme pero no podía, abrí mis ojos y me encontré con paredes blancas, rodeada de cables y aparatos que no dejaban de sonar. Miraba mis brazos llenos de moretones y mi labio dolía. Solo esperaba que fuese un lugar seguro y lejos de aquel sujeto que por poco, acabó con mi vida. ¿Dónde me encontraba? Y vino a mi, el recuerdo de una silueta que se había vuelto mi esperanza en ese último minuto de desesperación. Miré mi cuerpo y llevaba una bata azul; ya sabía con exactitud dónde podría estar, en u

