Desperté temprano, mañana cálida y soleada, sería un buen día al parecer.
Como de costumbre apagué la alarma, me di una ducha rápida, cepillé mis dientes y cambié mi ropa en menos de media hora.
Bajé las escaleras, caminando de paso firme hacia la cocina, pasé por un desayuno e irme al instituto.
Mi madre ya estaba allí desayunando, besé su frente, pasé por una galleta y me fui camino al instituto.
Mi camino fue a paso lento y aburrido, había un clima muy frío, muy contrario al que ví por mi ventana al despertar.
Así transcurrió el camino con música que recién escuchaba.
Vi las grandes puertas del instituto e inmediatamente me arrepentí de venir.
Busqué mi horario y me dirigí a mi casillero, los cuales estaban identificados con decoraciones particulares de cada estudiante, mientras el mio solo lleva trazos negros con mi inicial "M", claramente de Mía.
Ya era tarde para ir a clases, tenia clases de Matemáticas. Odio los números, por algún motivo soy buena con teoría, pero muy mala con los números.
Miré la hora y me di cuenta que hace 15 minutos que comenzaba la clase... Y siendo sincera no tengo la mejor excusa, tampoco la mejor razón por la cual llegué tarde.
Fingí que no me daba cuenta de lo tarde que ya era para entrar, me armé de ánimos y pasé al aula.
-Buen día Profesora. -Dije animadamente.
-Señorita Miller, algo tarde ¿no? -Dijo a malas ganas.
-Disculpe profesora, mi despertador no sonó a tiempo.- Mentí, me había despertado súper temprano, sólo que me hice todo lento, sin ánimos. Pero vamos... ¿A quién le gusta ir a clases?
-Que sea la última vez. Tome asiento.- Dijo muy seria.
Miré y solo quedaba un puesto libre, al lado de la persona mas amargada y silenciosa del instituto, una persona que siquiera mira al resto a la cara. No muchos saben su nombre y otros solo evitan saberlo, digamos que es muy asocial.
La hora pasaba rápido, lo cual para mí era buena señal, no había llegado cuando ya quería salir de regreso a casa.
La clase seguía y seguía, jugaba con un bolígrafo en mi manos, haciendo garabatos y escribiendo sin fin mi nombre una y otra vez.
Minutos más tarde llegó la directora, miré inmediatamente mi vestimenta; me encontraba con una camisa descubierta en toda mi espalda y short rasgados, y aunque la mayoría de las mujeres visten del modo que deseen, sin seguir algún código o régimen, solo a mí la directora me molesta.
Por algún motivo, sobre el cual no tengo información, mi madre y ella se la llevan mal desde hace mucho tiempo atrás. Nunca pregunté la razón del mismo, nunca fue mi mayor prioridad saberlo. Pero vaya que era pesada.
-Miller.-Dijo lo directora.
-¿Sí?-Dije tranquila.
-A la dirección, ahora.-Esta mujer a tenido miles de problemas personales con mi madre. Pero mi pregunta es, ¿Tan problemática puede llegar a ser una persona por una simple cosa?
Me levanté de mi lugar, recogí mis cosas y le seguí el paso a la directora.
Al entrar a la dirección miré cada cosa sobre el escritorio, todo ordenado perfectamente. Tiene obsesión con el orden y la limpieza. Todo debe ser muy correcto. Quizás sea su problema, mi madre nunca fue correcta y nunca intentó que yo lo fuese. Solo se encargó de hacerme feliz a mi manera.
-¿Y ahora que hice?-Dije a malas ganas, siempre me trae a coordinación o reuniones sin sentido solo para molestar a mi madre.
-No me hable así, señorita Miller.- Dijo seria. -No sea mal educada. ¿Es que no lo ves? Pareciera que nunca tuvo algún carácter en casa.
Y mi sangre hervía, mi pulso se disparaba, estaba a una palabra más de explotar.
—Quería decirle que entre todos los profesores/educadores de este instituto, hemos tomado una decisión forzosa pero decisiva, sobre la cual ya no hay vuelta atrás; por la suma de sus malos comportamientos y atrevimientos sin más, usted queda expulsada apartir de hoy. Puede recoger sus pertenencias del casillero, despedirse de sus compañeros y marcharse. —Terminó con una risa maliciosa.
Estaba expulsada, y es que para ser sincera, una persona con tanto odio y rencor, había tardado en poner claro quien tenía el control.
Ésta mujer ya no encontraba las maneras de hacer molestar a mi madre, pero tendré presente que es lo que esta mujer ha querido desde un inicio, hacerme sufrir y esta vez no le daré el gusto.
-Gracias directora.-Dije con una sonrisa. -Ya quería salir de este instituto que no hace más que juzgar a sus alumnos, haciéndoles creer que no sirven para surgir y ser mejores de lo que hoy en día son. Oprimiendo sus verdaderos talentos y queriendo cortas a todos con un mismo molde. Hasta luego, realmente soy yo quien se retira.—Terminé por decir.
Me levanté de mi lugar, moví levemente mi brazo, llevándome conmigo al suelo varias cosas de su ordenado escritorio.
Entre risas me disculpé y sin mirar atrás salí de allí, escuchando varios gritos de su parte.
Uno llamó mi atención. -"Miller, eres peor que tu madre."
Y con esa no me iba a quedar; grité con toda mi alma e ira : -¡Al carajo tú y tu madre! -. Al fondo escuché múltiples regaños más, pero qué igualmente ignoré. Iría de una vez a casa.
-¡Mamá! ¿Estas en casa?-Dije entrando y notando que no hay nadie en casa.
Esperaré que llegue para decirle, ahora solo queda dormir hasta el almuerzo. Porque siendo sincera no tengo más nada por hacer.
Desperté y ya eran las 1:30pm, escuché la puerta principal ser abierta y entonces bajé paso a paso las largas escaleras.
Debe ser mamá... Y si, era ella, hora de contar todo lo que sucedió.
-Mamá, hoy la directora sin motivo alguno me ha sacado del aula, excusando por mi vestimenta y "mal comportamiento", en resumen solo me ha dicho que he sido expulsada del instituto...- Dije con nerviosismo. Esperando su respuesta o alguna inmutación de molestación, pero al contrario sonrió y me abrazó. ¿Qué pasa? ¿Esta es mi madre?
-Entonces no tengo que retirarte del instituto, estaba por hacerlo. Nos mudamos, Mía, te lo diría hoy, me ascendieron en el trabajo, nos vamos a California.-Dijo muy feliz.
California.... Califor... ¡CALIFORNIA!-Grité tantas veces en mi cabeza que ya parecía loca. Lo que me espera.
-Mamá, esto es... ¡Genial! ¿Cuando nos vamos?-Pregunté.
-En 5 días partimos, nuestras cosas serán llevada dentro de 3 días, el trabajo cubrirá cada gasto, tanto mio como tuyo, ya hasta compraron la casa donde viviremos, hija.-Dijo con lágrimas de felicidad.
-¡Oh! A empacar todo. Vamos, nos queda poco tiempo.-Digo casi que pegando brincos de felicidad.
Sería una gran experiencia, nunca me había mudado, nací y crecí aquí, dejar todo atrás es muy difícil para todos, por el simple hecho de no saber que te espera allí afuera, se vuelve un propio reto.
Pensar demasiado todo aquello que se viene, teniendo emociones flotando por todos lados y solo esperando el lado positivo de todo.
¿Estaría lista para un cambio?