POV TERCERA PERSONA Mireya estaba desconsolada. Sentía que la soledad la abrazaba como una sombra implacable, mientras su mente se llenaba de preguntas que no dejaban de asaltarla desde aquel incidente de la semana pasada. Una pregunta, en particular, se repetía como un eco interminable en su cabeza, clavándose en su pecho como un puñal: ¿Dónde rayos está? En un arrebato de frustración, agarró su teléfono y lo lanzó contra la pared. El dispositivo se desarmó al impactar, sus piezas esparciéndose por toda la habitación como un rompecabezas. Desde un rincón, la voz firme pero cálida de su tía rompió el silencio. —¿Vas a quedarte aquí? Vestida y alborotada. Vámonos al palacio y averigüemos qué está pasando. Mireya levantó la vista hacia ella. Era una mujer robusta, de unos treinta años,

