– ¿Aún te sientas mal? ¿no crees prudente que llamemos a un doctor? – Xavier hace saber su preocupación luego de que al aterrizar en suelo francés, las náuseas me atacaran debido a ello. Al ser su primera vez conmigo en una oleada de malestares. Solo lo acallo, higienizando mis dientes en el baño privado del aeropuerto –. Bien, cariño. ¿Qué necesitas entonces? ¿qué quieres que haga por ti? En realidad, solo quería que se retirara. No era nada bonito, que la persona con la cual piensas casarte y que, además de ello te atrae; ¡te vea en una situación tan vulnerable! Pero, una pequeña sensación más grande que esa me incitaba a pedirle que me abrazara el resto del camino. Guiándome de ese instinto, le brindo mi neceser y lo insto a envolverme entre sus brazos. Al salir del habitáculo, somos

