Un mes había pasado desde que me casé con Xavier. Nuestra relación no era traumática, ni mucho menos teníamos diferencias; de hecho, todo a nuestro alrededor reflejaba paz. Tenemos conversaciones largas. Y hablamos de todo. Se preocupa por mí alimentación, nos dedica tiempo y tal como lo había prometido no me había dejado sola en ningún momento. – Encantadora, hada – el sonido de su voz me llama. Volteo en su dirección, está desnudo, puesto que anoche luego de llegar de un compromiso real; mi excitación me pudo y él no dudó en complacerme –. ¿Cómo estás? En su totalidad me encuentro bien, asimilo. El embarazo no me ha dado tantas molestias. De hecho, además de ciertos dolores de vez en cuando, que creo y son normales, las criaturas están creciendo excelente. Eso dice el doctor y es

