Capitulo Trece

1894 Palabras
Tomo asiento en una de las bancas del parque descansando un poco de la caminata. Es una tonta tradición de caminar el primero de cada año, tal como lo hacen las parejas ignorando la nieve, concentrándose solo en ellos mismo. Deseaba hacer eso cada año luego de casarme… no se pudo. Luego de que mis pies comiencen a entumecerse, decido que lo mejor es ir a casa. Pueda que sea una mujer adicta al trabajo; sin embargo, también conozco mis prioridades y mi prioridad tiene nombre, Julie. Además, es el primer día del año y lo mejor es que puedo pasarlo con mi princesa. —¿Mamá…? —habla mi pequeña confundida cuando entro a nuestra pequeña casa. Dejo el bolso en el sofá acercándome a la mesa donde ella se encuentra. Tiene la atención fija en una revista. —Hola, cariño. —Dejo un beso en su frente. Julie me mira como si estuviera buscando algo mal en mí, debe ser la hora a la que he llegado, son las dos de la tarde. Normalmente, mi hora de llegada es a las cinco, aun cuando es inicio de año. —¿Todo bien madre? Paso las manos por su cabello inclinándome un poco a ver lo que hay en la revista. Millones de mujeres posando a la cámara, algunas con bikinis, otras con vestidos. Mi pequeño retoño es lo opuesto a mí, además sentirse atraída por el modelaje es una dura en las ecuaciones, pero no le gusta forzarse a nada con lo que no se siente a gusto, quiero decir que no le gusta hacer uso de las matemáticas. Yo me vi metida en tantas situaciones a pesar de no sentirme a gusto, eso arruino mi vida, por lo tanto, no quiero que mi pequeña se fuerce a cosas con las que no se siente bien, todos tenemos nuestros gustos, en especial, tenemos ese don de elegir con que no sentimos especiales. Estoy orgullosa de ella, de lo que es y de lo que ha logrado. —De maravilla. —Dejo mi barbilla en su cabeza—. ¿Qué tal estuvo tu día? Ladea el rostro intentando echar la cabeza hacia atrás de tal forma que pueda verme a la cara. —¿La verdad o la mentira? —Suelto en medio de un suspiro. —Julie… —La maestra quiere que participe en el concurso de matemáticas. —¿No están de vacaciones? —cuestiono confundida al mismo tiempo que tomo asiento a su lado—. ¿Dónde está el problema? Sus manos juegan con el lápiz de un lado a otro al mismo tiempo que asiente con la cabeza. Julie es demasiado expresiva, me recuerda a mi juventud, por desgracia la vida misma se encarga de endurecernos el caparazón, de arrancarnos nuestra esencia y nuestra capacidad de confiar en que los demás sepan cómo nos sentimos. —Esa es la razón, debo empezar a estudiar antes de iniciar las clases si voy a participar en el concurso. —Se muerde el labio, eso lo hace cuando teme que la reprenda—. No quiero hacerlo. Ahí está el problema. Como ya lo dije, mi pequeña es buena en cálculo, pero al contrario de sentirse orgullosa se siente agobiada porque todos siempre esperan que sea la mejor en esa materia. Me recuerda a como me siento últimamente, todos esperan que mis diseños superen a los anteriores. Soy buena en el diseño, pero últimamente siento que mi inspiración ha comenzado a desaparecer, lo que me agobia porque las personas esperan que cada diseño sea mejor que el anterior. A veces desearía ser una mujer normal que ama el diseño, pero que no tiene que prepararse para complacer a medio mundo. Lo sé, exagero. ¿Qué haré? Me pongo de pie volviendo a dejar un beso en su cabeza. —Entonces no lo hagas, cariño. Nunca forzaría a mi hija a hacer algo que no desea. Dicen que los hijos somos el reflejo de los padres, yo no lo siento así. Yo quiero ser el reflejo de lo que mis padres me negaron, apoyo. —¿Te he dicho que eres la mejor madre del mundo? —cuestiona mirándome con amor, ese amor que nunca nadie podrá reemplazar. Sacudo la cabeza en negación—. Eres la mejor madre del mundo, soy afortunada de tenerte a mi lado. Sonrío encantada por sus cumplidos. —En realidad, la afortunada soy yo. —Pellizco sus mejillas. No voy a mentir y decir que me sentí emocionada por estar embarazada. Hay muchas mujeres que al enterarse de que son madres piensan en lo maravillosa que será la etapa, yo solo pude ver mi vida destruida, incluso por mi mente paso la idea de un aborto. Hoy en día lo aborrezco, pero en aquel momento era la mejor solución de no ser porque Danna me ayudo, estoy segura de que las cosas hubieran sido diferentes. —Mamá… —gruñe llevando las manos a la zona afectada—. ¿Por qué llegaste temprano? —cuestiona cambiando de tema. Me encamino hacia la cocina sirviéndome un poco de té. El frío que alcanzo a soportar mi cuerpo afuera está empezando a entrar en mis huesos. —Estuve con tu tía. —Hablo sirviendo otro poco de té para ella, luego me dirijo a la sala dejando su vaso de té frente a ella—. No termino muy bien. —Suelto volviendo a sentarme solo que esta vez lo hago frente a ella. Estoy segura de que ella lo intuyo. Julie tiene quince años y es ver una versión de Aimée en aquel tiempo. Le gusta arreglarse más de lo normal, su cabello es largo castaño con un toque de rayos claros, son naturales, pero estoy segura de que las de mi hermana no son tan naturales. Llevo años sin verla y me gustaría decir que la extraño, pero no. El caso es que hay una gran diferencia entre ellas y es que mi pequeña tiene nuevos valores, los mejores valores que le he podido enseñar. En la parte física, tienen muchas similitudes, pero adoro que no tengan nada que ver. Mi hija tiene el color de piel claro que de verdad no quiero saber a quién lo heredo y lo demás tampoco. Me basta con saber que es mi hija, mi razón de ser. —¿Qué sucedió esta vez? —cuestiona con burla. Sacude la cabeza en negación cortándome—. No me digas, Mina te sigue diciendo que tu vida es perfecta en comparación a la de ella ¿No es así…? Quizás suene extraño hablar de estos temas con una pequeña de quince años, pero esta es la relación que tengo con mi hija. No soy su madre, soy su mejor amiga y ella, aunque es pequeña, es mi mejor amiga. Me escucha y en muchas ocasiones me aconseja, es mi pequeño complemento. Nunca nos ocultamos cosas o por lo menos siempre nos decimos aquello que no nos hace daño. Yo solo trato de protegerla de todo lo malo y esa es la razón por la que me he callado muchas cosas. —Algo así. —Suelto cansada. Julie toma mi mano. —¿Cómo soportas eso? —Tu tía Mina, no es mala. Mi hija rueda los ojos. —¿Quién dijo que lo fuera? —Julie… —Me refiero a que siempre la escuchas, pero de la nada ella arremete contra ti nada más porque tienes una vida diferente a la de ella. Sé que Mina no es mala, pero siempre se trata de justificar “con tu vida es perfecta”. —Finaliza imitando la voz de mi hermana—. No acepta que su vida es como es por culpa de ella. Ese acto me hace sonreír y no porque tenga razón, es porque sus gestos son inocentes al mismo tiempo que serios. —Eres buena imitando voces. —Bromeo. —Y tú eres buena cambiando de temas. —Me pica—. Tú no tienes la culpa de que su esposo, le ponga el cuerno. A mi hija no se le puede escapar algo. —Mi vida no es perfecta. —Le recuerdo. Sus ojitos cafés me miran con amor y con un poco de enojo que debe ir dirigido a su tía. No entiendo por qué sigo justificando esos arranques, quizás, solo tengo miedo de dejar mi pasado en olvido. —Eso lo sé, no tienes que decírmelo a mí. En realidad, no tienes que decírselo a nadie. —Mina, no lo entiende. —Suelto con pesar. —Ella lo entiende, el problema es que quiere disfrazar su dolor para no sentirse tan avergonzada. Por un momento me quedo mirándola, es loco lo que pienso, pero a veces creo que mi hija tiene uno que otro parecido a Cambri. Su personalidad es demasiado sincera, no duda decir lo que tiene en su cabeza, que yo recuerde ninguna de la familia, fuimos así. Debe ser que comparte mucho tiempo con ella. —No considero que sea eso. —No entiendo por qué te niegas a aceptar que tu hermana no es la misma y que ella está como esta es porque que quiere, además de que siempre… Dejo salir un fuerte suspiro, lo dije Julie, tiende a ser muy sincera, lo que puede ser una cualidad como también un defecto. —¿Qué haces? —señalo la revista con la cabeza cambiando de tema. Ya no quiero seguir hablando de Mina. Me gustaría ayudarla, pero ella no quiere ser ayudada, así que mejor nos ahorramos problemas con mi cuñado. La última vez que lo vi se comportó como un idiota tanto que me hizo recordar a Charles. Se encoge de hombros. —Matando el tiempo. —Voy a ducharme y me ayudas con la cena. Que no quiera que su vida sea igual a la que tuve, no quiere decir que no le enseñe las cosas esenciales que se le deben enseñar a un joven, sea hombre o mujer, cocinar, lavar, barrer son cosas esenciales para la vida. Asiente al mismo tiempo que me sonríe divertida. —Mamá… —¿Dime? —Yo que tú dejaría de ver a Mina por un tiempo. —¿Por qué? Es estúpido de mi parte preguntar eso porque yo misma conozco la razón. Mi hija tiene razón, Mina ya no es la hermana que me ayudo en mis momentos más difíciles. Estoy segura de que ella en parte debe pensar que soy una persona horrible, algo me dice que Edith se ha encargado de ello, y de verdad… esto no tiene por qué importarme. —Porque no te hace bien madre, cada vez que vas a verla terminas afligida. Tiene toda la razón. —Ya lo meditaré, cariño. —Dejo un beso en su cabeza. No espero nada más para encaminarme hacia mi habitación. Julie no lo sabe, pero es imposible que deje de ver a mi hermana, sobre todo ahora que no pasa un buen momento. Sí, nuestra relación no es como lo era hace años, pero nunca voy a olvidar la mano que me dio de comer cuando la necesite y una de ellas fue Mina. Quizás no se opuso cuando Charles me corrió de la casa, pero cuando viví allí Mina fue mi apoyo más sincero.
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