Mis pies se detienen en la puerta de la salida.
Como es normal en mí recorro todo con la mirada de una forma que nadie se estaría dando cuenta que analizo todo lo que hace. Hoy la nieve es fuerte y cae por montón como si de una nevada se tratara, es normal que esto pase un primero de enero.
Estoy seguro de que en los próximos días las nevadas no nos dejarán avanzar, si no me apresuro a cumplir con mi deber las calles serán cerradas y todos tendremos prohibido salir de nuestro hogar.
Mido la distancia de donde estoy hasta mi auto, está un poco lejos por lo que termino corriendo hasta donde se encuentra estacionado, a pesar de lo rápido que corrí parte de mi traje, termino por empaparse por la nieve derretida y no me molesta, al contrario, se siente refrescante.
¿Qué haré con mi vida?
¿Acaso a esto le puedo llamar vida?
Antes de arrancar el auto, el sonido de mi celular comienza a sonar.
Contesto sin ver el identificador.
—¿Aló?
—Debo suponer que estás de mal humor.
Sonrío al escuchar su voz.
—¿Por qué he de estarlo?
—Porque siempre que contestas sin ver el identificador estás de mal humor.
—Que bien me conoces, garrapata.
—¿Vamos por unos tragos?
Ella siempre aparece en el momento indicado, a veces me siento culpable por ocultarle tantas cosas, yo que me moleste porque me ocultara que era la hija de Antonio.
—¿Dónde te caigo?
—En el bar de Gael.
Suelto la carcajada al mismo tiempo que niego.
—¿Hasta qué horas tienes permiso?
—No hagas que me arrepienta.
—Voy en camino, garrapata.
Arranco mi auto dirigiéndome al club de Gael.
Recuerdo cuando empezó ese club.
Actualmente, se le conoce como la zona negra, es el club de los mafiosos, la mayoría de personas que van allí tienen que ver con ese mundo al que la familia Fonseca pertenece. Muchas de esas personas han intentado bajar del pedestal a Gael, pero el hombre todo lo ha conseguido por su esfuerzo, así que es imposible quitarle lo que le pertenece y claro, ahora con la ayuda de su esposa es imposible, sobre todo porque tiene el respaldo de la organización Fonseca, que con los años se ha extendido y ganado mucho territorio y fama.
—Para que soy bueno. —Hablo sentándome a su lado.
Ladea el rostro levantando un vaso de Whisky.
A pesar de los años no deja de lado esa sonrisa llena de burla, esa que te dice, puedo jugar con tu vida. Lo bonito es que tiene un brillo especial, ese brillo que no tenía cuando la vi por primera vez.
Debe ser la felicidad de tener un hogar.
—¿Acaso no puedo invitar a mi amigo a tomarnos unos tragos? —suelta con una ceja arqueada.
Si tan solo supiera la verdad de todo.
¿Me seguiría considerando amigo?
Me siento culpable por no tener la confianza y el valor de contarle mi verdadera historia, pero hay cosas con las que no me siento a gusto hablando de ello.
—¿Segura que es eso? —asiente al mismo tiempo que le pide al chico mi trago—. Confío en ti.
Suelta una carcajada mientras sacude la cabeza, eso me quiere decir que hay algo de lo que quiere hablar y no solo que me extraña. Ella no lo sabe, pero también la extraño, ya nada es como cuando teníamos veinte, hay mucha responsabilidad en todos.
—¿Qué tal estuvo el año nuevo? —cuestiona bebiendo de su trago. Mi silencio le da una respuesta. Suelta un suspiro mientras sacude la cabeza—. Es por esa razón que te llame.
Frunzo el ceño confundido.
—¿Por…?
—Porque lo pasaste solo.
Sacudo la cabeza intentando restarle importancia.
—No estuve solo.
—Quizás estuviste con algunas mujeres, pero no tienes ningún vínculo emocional con ellas. A veces en esos días especiales queremos pasarlos acompañados de las personas que nos importan.
Ya no me sorprende la madurez que ha tomado con los años.
—Puedo vivir con ello. —Bebo de mi trago.
—Yo no. —Confiesa.
—Ya pasaste por ello. —Le recuerdo.
Asiente llevando la mirada a la pista.
—Y fue horrible, no quiero pensar como lo pasaste.
Trato de no matarme la mente en ello para que no duela.
—No tienes nada de que preocuparte, garrapata. —Llevo una de mis manos a su cabello revolviéndolo—. ¿Acaso me vas a buscar pareja? —cuestiono a modo de broma.
Deja salir esa risita de picardía.
—No estaría mal.
—¿En serio? —cuestiono horrorizado.
—Nunca haría tal cosa, pero no me gusta que estés tanto tiempo solo. —A pesar de que no conoce la verdadera historia y solo soy un conocido, se preocupa por mí. Tal vez no hice todo mal—. Cuando te sientas mal puedes ir a casa.
—Y que Gael me quite la cabeza, no gracias.
Toma mi mano envolviéndome en ese calor fraternal que una vez añore ofrecerle a Lucie. Estoy tan sensible que me han dado ganas de llorar. Cada vez que voy a verla me siento tan detestable, siento que merezco estar solo por no hacer algo por ella.
—No estás solo. —Me recuerda.
—¿A qué viene todo esto?
—A que llevas un par de años distanciándote de nosotros. —Lo ha notado—. No importa que cada uno de nosotros tengamos nuestro hogar, tú eres parte de la familia.
Qué bonito se oye.
—Lo tomaré en cuenta.
—Eso espero porque si te vuelvo ver en un bar haciendo lo que hiciste anoche te agarro de las orejas y te meto en una ducha con hielo.
Abro mis ojos con horror.
—¿Qué hice anoche?
—No quieres saberlo.
—Quiero saberlo.
—En un par de semanas lo sabrás.
Ella conoce muy bien que cuando me emborracho con la mezcla de las bebidas termino recordando en un par de semanas.
—Gracias por la ayuda.
—Siempre. —Levanta el vaso brindando conmigo—. Espero que los inversionistas no miren esos videos porque de verdad… —sacude la cabeza.
Oh, no.
Joder.
—¿Hubo videos?
—Muchos. —Asegura.
Ya pondré a mi abogado a trabajar en eso.
No está tan mal compartir con ella.
Exactamente, llevo seis meses en los que solo la saludaba y me marchaba, pero no porque tenga su hogar y pasar tiempo con ella, es porque la culpa está empezando hacer de las suyas. Puedo ocultarle todo a cualquier persona, pero a ella lo he hecho porque es una promesa, no es una promesa que le hice a alguien, es una promesa que me hice a mí mismo.
¿Estaré haciendo bien…?