ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO POR TU AMOR
SEGUNDA PARTE:
CEMENTERIO DE HUESOS ESCARLATA
***Capítulo n°17***
Las acciones de las personas se reflejan en los resultados.
Hay personas que no saben entender los sucesos de las cosas, no lo valoran. Simplemente ven el final. Sin entender el proceso.
Los esfuerzos, las capacidades, los sentimientos de lucha, las motivaciones. No se tienen en cuenta.
Que es lo que los impulsan a arremeter contra sus propias ambiciones hasta lograrlas, hay veces que no se tienen en cuenta, y solo se catalogan por suerte, no por esfuerzo propio.
Todas las personas, son como las mariposas, nuestro aleteo se puede sentir al otro lado del mundo.
Nuestro esforzado aleteo, incondicional, e insistente indica que pequeñísimas variaciones que pueden parecer inocuas, con el tiempo generarán enormes cambios.
Somos semillas. Florecemos con le tiempo. Damos frutos...
Diego se encontraba esperando, sentado en uno de los hermosos jardines del castillo del
Reino Night The Black, el Rey Patricius Mortalonne Franciss IV. Había aceptado al Rey Carmilion y al Rey Tardian, para hablar sobre El Reino Mignawich.
Por pedido de Tardian, El Rey Patricius habían considerado una posible alianza de guerra. Pero se debía esperar el veredicto...
Perdido en sus pensamientos sobre su mujer, y los conflictos reales, no sintió la presencia de la persona que se acercó a él.
_Es muy sexy un hombre pensante._
Diego se sobresaltó al sentir la mano fría femenina.
_Egnir..._ Diego se incorporó, en señal de respeto. _My Lady Egnir._
_Tranquilo guarda la formalidad._ Hizo un gesto mostrando los bancos vacíos de frente a Diego. _¿Puedo sentarme?._
_Si..._
_¿En que piensa Sir Diego?._
_¿Yo debo guardar la formalidad, pero... usted no?_ Diego enarcó una ceja, en señal de duda.
_Soy una mujer casada. No puedo permitirme tratar a otro hombre con la confianza abiertamente. Pero si puedo dejar que me trate, quien yo quiera que lo haga, de esa forma._ Mostró una dulce sonrisa, y su anillo de casada. _Responder una pregunta con otra, no es de caballeros._
Diego río por lo bajo.
_Pienso en mi esposa._ Diego sintió curiosidad. _¿Usted es la esposa del Rey Tardian?._
_Casada, bajo juramento, y muy feliz._ La mujer sonrió, sonrrojandose.
Ambos quedaron en silencio. Diego por su parte se acomodo en su banco. Apoyándose en sus brazos extendidos hacia atrás, tiró la cabeza cómodamente apoyándose en sus propios hombros.
La dama simplemente observaba el bello paisaje.
Los jardines eran obras de arte de cada castillo. Cada región tenía un toque personal y hermoso. Demostraban los valores de su propia cultura.
Los Reinos tenían su propia personalidad que regía de sus Reyes. Resaltaban su originalidad de maneras perfectas.
Diego había tenido muchas oportunidades de presenciar jardines reales. Pero este, era particular. Ya que, no solamente contaba con una inmensidad de plantas, flores, esculturas. Si no, que, contaba con animales. Cisnes, patos, ganzos, y flamencos. Las bellas criaturas deambulaban por el paisaje libres.
_Son hermosas. ¿No?._
_Si..._
_Sir Diego. ¿Conoce la ciudad?._
_No..._
_¿Quiere conocerla conmigo?._
Diego dudó. Pero cuando iba a rechazarla. Lo interrumoio.
_Tranquilo. Mi marido sabe perfectamente que se cuidarme sola. Ante algún ataque masculino._ Guiño su ojo. _Espero no tener que demostrar mis habilidades. Ante usted y ante nadie._
Diego río.
_Honestamente no iría si de mi dependiera. Pero necesito despejar mi mente. Todo esto está carcomiendo mis pensamientos._ Diego se incorporó sentándose de una manera más adecuada y educada.
_Hay algo que está dando vueltas en mi mente desde que Tardian firmo el tratado con El Reino Carmesí. ¿De verdad no sabían la existencia del pacto destructor de Reinos que hizo Julius?._
_No._
_Sir Diego entiende la importancia del derrocamiento de Julius. ¿No?. Ya no pasa, por la simplicidad de devolver un derecho. Es mucho más importante que eso. Las tierras. Los Reinos que han traído paz al mundo se verán derrocados y unificados por un solo poder absoluto. Y no, necesariamente el de Julius._
_¿Que querés decir?_ Diego dudo ante la confirmación de La mujer. _¿Que Julius gobierne como absoluto es aceptable.?_
_Sir Diego, ante catástrofes o malicia, es preferible una ya conocida. Si Burkarian accede al mundo entero. ¿Que crees que pasaría?._ Egnir hizo una pausa. _Tu conoces perfectamente a ese monstruo. ¿Que crees que pasará?._
_No opino al respecto._
_¿No opina porque no quiere?. ¿O quizás, porque no puede?._
Diego quedo en silencio, bajo su mirada esquivando la intimidante de Egnir.
_Vamos._ La mujer extendió su mano. Mirándolo fijo a los ojos. Diego por su parte la correspondió dudoso y cautivado por la hermosa expresión de la mujer. _No necesita hablar más de la cuenta Sir Diego. Quiero conocer la ciudad de este Reino tan bello._
_¿Entonces puedo ser como soy?. ¿Porque es comprensiva?._
_Sir Diego si quiere hablar, hable. No quiere hacerlo, no lo haga. No es que sea comprensiva. No me interesa. Ahora lo que quiero es un compañero para ir a la ciudad. ¿Me acompaña?._
_Si, My Lady._
Mientras tanto en la ciudad del Reino Night The Black una niña de unos aproximados doce años corría por su vida, por los callejones de la gran ciudad.
_¡¡¡Maldita mocosa, vuelve aquí!!!_ Seis hombres la corrían para atraparla.
La niña por su lado, corría sin mirar atrás. Los miedos e inseguridades la consumían a cada paso que daba. Solo en su mente tenía el nombre que esa mujer le había dicho. "Diego, el poderoso".
En lo que la pobre niña huía, tropezó con bolsas de basura, cayendo de lleno al suelo. Dañando sus piernas.
Allí se vio el terrible panorama que estaba por ocurrir.
Seis hombres mayores se acercaban a una inocente. Sedientos de carne fresca. Cual lobos al acecho de un tierno conejito.
La niña ante el terror comenzó a tirarles basura que había en el callejón. Los animales vagabundos que estaban allí huyeron todos a excepción de un cachorro que al igual que ella se acurrucó en su falda en busca de protección y amor.
La niña miró al animal. Un pequeño cachorrito marrón de cabellos largos, ojitos llenos de tristeza, tras el abandono. Su aroma a suciedad, huesos a flor de piel. La niña se vio reflejada en ese animal. Lo abrazo. Dándole de su propio calor.
"Diego, el poderoso".