TRE EL CIELO Y EL INFIERNO POR TU AMOR.
SEGUNDA PARTE:
CEMENTERIO DE HUESOS ESCARLATA.
***Capítulo n° 18***
Diego y Egnir estaban caminando por las calles del Reino Night The Black. A la simple vista de los dos, el Rey Patricius Mortalonne Franciss IV. No hacía nada para evitar que los extranjeros vieran las diferencias sociales.
Por un lado se veía la pobreza sin límites, y por el otro, riquezas sin tapujos. Las clases sociales se definían obviamente por la cuna. Y por ellos mismos sin ningún regente que controle esta desigualdad.
Las diferencias culturales, también eran demasiado evidentes. La explotación laboral y de personas era al rojo vivo.
Egnir se sentía incómoda y nerviosa, ya que, la belleza del lugar era opacada totalmente por el maltrato.
Hombres adultos que eran llevados en carretas por niños. Uno tiraba de las sogas mientras que el otro corría al compás, para luego cambiar los roles. Para aguantar el trayecto del viaje. Y cumplir la tarea y el rol que les tocaba. Pero lo más triste era, que si uno de los niños no cumplía su función. El hombre cómodamente sentado los azotaba.
Se podía visualizar, prostíbulos, en donde el sexo femenino no se definía por la edad, simplemente porque sea mujer. Se podían presenciar gritos desde las ventanas de mujeres y niñas, o adolescentes.
Egnir cerro los ojos fuertemente.
_¿Esto te impresiona?._ Diego era frío.
_Si. Solo pensar, que es así con un "Julius" controlado. Imagínate si se desata. Todo será un caos._
_Lady Egnir._ Diego se paró frente a ella. Señalando todo el paisaje. _Esto es el ser humano._ Giro sobre sí mismo señalando a las personas del lugar. Que lo observaron con disgusto. _Abuso, maltrato. Desigualdad. Miedo. Crueldad. Dolor. Esto que estás viendo es la naturaleza humana. Ya es terrible sin la ideología de Julius. ¿Desatarse?. Esto ya está desatado. Con o sin Julius. El corazón de la gente esta podrido. Y si tu ideología es cambiar esto. Tiene que haber un monstruo peor. Pero... No con intenciones egoístas..._
Egnir al escucharlo comprendió, que tenía razón, simplemente miró al costado.
_Exacto. Eso hace un ser humano. Mirar al costado. Seguir caminando, no intervenir. Es parte de nuestra capacidad de ignorar...._
Egnir abrió sus ojos de sobremanera. Mirándolo fijamente, sorprendida y aturdida.
Diego se dedicó a caminar por la cuidad.
La cuidad era hermosísima, con una infraestructura dedicada, como definida, las riquezas en las construcciones eran más que evidentes, los conjuntos de edificios contemporaneos y calles mantenían un estilo de piedra, mármol, paredes talladas en hueso con decoraciones en yeso.
Los alumbramientos de las calles adornadas con piedras preciosas.
Ya con solamente los adornos de la cuidad. Podían parar el hambre de más de la mitad de la población de ese Reino.
La ciudad era regida por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedicaba por lo común a actividades agrícolas que alimentaba a la mayoría.
Por las calles corrían perros, gatos. Niños adornaban con la sinfonía de sus risas y voces. Madres, mujeres reunidas en esquinas hablando de una y otra cosa. Hombres reunidos fumando sus pipas. Ancianos caminando de la mano.
Caballos con sus jinetes.
Una cuidad.
Los pasos se intercalaban en melodías de tacos al fraccionar en el suelo.
Perfumes se entrelasaban en el aire.
Pero todo espectáculo se ve afectado por el acto ajeno.
Al caminar Egnir y Diego cruzaron dos desconocidos, que susurraban entre ellos.
Algo que para los oídos de Diego fue tan claro como el agua.
"Van a violar a esa niña en el callejón".
"Yo no quiero ver, tengo una hija de esa edad".
Diego paró en seco.
En su mente resonó. "Hijo" "Hijo"... Pensó en Maryan, su pequeño.
Su mente se nubló.
Mordió los dientes. Apretó sus puños.
Los impulsos e instinto de Diego dieron vida por si solos. Salió corriendo, cual Rayo, en ayuda. Pero para la mujer, tras sus malos reflejos le fue difícil seguir su paso.
Diego era una persona muy particular. Su sentido de la justicia se contradecían con sus acciones de asesinato.
Los sentimientos de Diego eran el móvil atribuido a un acto, un sentimiento, que obedecian a una razón profunda, sin que el mismo muchas veces se percate de ello. Sin notar sus propias emociones.
Ira exaltada lo enceguecian. Lo volvían una máquina. Un asesino... Una bestia.
Lo envolvían en un remolino de obscuridad.
Ira...
Cólera...
Furor...
Irritación...
Rabia...
Saña...
Iracundia...
Exasperación...
Acceso de demencia...
Los arrebatos de sus pensamientos, no coordinaban con su cuerpo. En su corazón solo permanecía el dolor que esa niña estaría sufriendo. Eso hacía que el enojo, ira o enfado vehemente contra esas personas
lo llenarán aún más de odio.
Para su mala suerte su mente le jugaba una mala mano de cartas. Por su volátil imaginación pasaban diapositivas de su esposa, sufriendo abusos.
Por sus ojos solo pasaban imágenes dolorosas y horribles.
Se volvió... Ofensivo, hostil, dañino.
Finalmente llego al lugar.
Lo que vio. Fue inhumano...
Un paso estrecho y largo entre paredes de casas. Un lugar sucio. Polvoriento. Olor putrefacto de comida podrida, basura.
Se encontraba una niña, rodeada de cuatro hombres. Mientras que dos estaban sentados en tachos de basura. Esperando... Observando.
Rompían sus ropas, riendo. Babeando.
Como cerdos repugnantes esperando la podredumbre del chiquero.
Pero lo que más lo enloqueció de odio fue ver, como un cachorro escuálido mordía las bota mangas de un pantalón. De uno de los agresores. Quien de un golpe lo estrelló contra la pared.
El cachorro chilló de dolor.
Un zumbido.
Diego desenvaino.
Uno de los hombres miró hacia atrás, pero antes de poder gesticular palabra alguna. Tenia a Diego a su lado.
_Q--q..._
No pudo decir nada. Su cabeza rodó por el suelo. Cayendo al lado de la niña. Los cinco hombres restantes. Al ver semejante escena se tiraron encima de Diego.
En señal de defensa y ataque.
La niña solo se quedó petrificada en el suelo.
Viendo como la sangre salpicaba sus ropitas rotas.
El cachorro arrastrándose, se acercó a la niña llorando, gimiendo de dolor. Lamia su mano.
La niña simplemente lo abrazó. Acurrucandose en ella misma y en el animal.
Ambos solo miraron sin poder respirar como todos los hombres eran decapitados uno a uno.
Al terminar Diego dejó a uno solo vivo. Lo acorraló en una esquina del callejón mugriento.
Gruñó.
_¿Te gusta, gozas en hacer sufrir?._
_¡¡¡NOOO POR FAVOR SEÑOR, PIEDAD!!!_
Diego solo observó.
El hombre aterrorizado comenzó a gritar.
El hombre lloró, babeaba, mocos escurrian por su nariz.
Rogaba por piedad.
Los ojos de Diego eran vacíos.
Levanto su espada. Comenzó a cortarlo. Desmembrar cada parte del cuerpo del hombre. En vida. Lo hizo sufrir hasta matarlo.
_Asqueroso cerdo..._ Diego calló en la cuenta de lo que había hecho. _Mierda._ Susurro. Al darse la vuelta. Vio como la niña se incorporaba lentamente. Con su cachorrito en brazos.
_M--me llamo... SA-samira..._
Diego cerró sus ojos en señal de pena. Guardo su espada.
Se inco delante de la niña. Quedando a su altura. Acaricio sus cabellos.
_Hola, soy Diego._
En ese mismo instante la pequeña se desmayó en sus brazos...