Lis voló por los aires y cayó con las rodillas dobladas sobre el suelo duro. En este se formó un gran agujero.
- ¡Qué increíble poder! – Le dijo Dong Min – casi me igualas.
Amarilis y Ame se echaron a reír frente.
- Por supuesto que sí, querido Dong Min, tú eres el más fuerte de todos nosotros – le dijo irónicamente Ame.
Amarilis llevaba entrenando casi dos semanas sin descanso. Antes de perfeccionar el combate cuerpo a cuerpo, aprendió sobre la posesión de soldados, gracias a los chicos que fueron muy amables en explicarle. Ame trajo, después del entrenamiento, muchos muñecos de cerámica de unos veinte centímetros cada uno.
- Primero es conseguir la escultura que guardará el aliento de vida -le dijo, mostrándole los pequeños animales de barro. Porque no eran representaciones de personas, sino de animales. Extrañamente, la figura de cada uno de los Doce.
Amarilis cogió el dragón, una réplica grandiosa y muy realista de ella.
- ¿De dónde sacaste esto?
- Estaban el almacén. Las señoras de la limpieza me lo enseñaron cuando les pregunté.
Era un trabajo muy bueno, se percibía el trabajo en el barro y la técnica del escultor.
- Bueno, ¿Qué es lo primero que debo hacer? – consultó Lis.
- Transferirás parte de tu poder a la figura, así.
Ame cogió el muñeco del gallo y lo colocó delante de ella. Luego lo soplo, pero en lugar de aire, su boca brilló y una bola de luz salió y se metió en la escultura. Los ojos de la pequeña figura se iluminaron y empezó a moverse. Primero la cabeza, después a parpadear y, por último, caminando se puso a escarbar con su pico en la hierba del jardín.
- Lo importante, es que des una orden en la bola de poder. Solo tienes que imaginarte lo que desees que haga. - Le puso delante la figura del buey - Inténtalo ¡Vamos!
Amarilis lo intentó. Cerró los ojos y se imaginó a la escultura moverse como su versión de verdad. Después canalizó su poder en la boca. Cuando sopló, no salió una bola, sino un haz de luz que con fuerza el cual destruyó la figura.
Además, prendió fuego a la hierba alrededor de ellas. Asustados Ame y Dong Min corrieron al estanque en busca de agua. Sin embargo, Lis, observando el caos que había ocasionado, tomé un poco de viento y canalizando sus poderes lanzó, esta vez, en lugar de fuego, agua a través de sus labios.
- Bueno, no es nada fácil - comentó, viendo que solo quedó pedazos de cerámica rota. Y a Ame y a Dong Min empapados.
- Es cuestión de práctica - Recalcó Ame, sacudiendo su ropa y escurriéndola como podía.
Pasaron toda la mañana practicando. Al llegar la hora del almuerzo, había logrado que la figura del conejo saltara dos veces antes de caer cual muñeco roto. Pero lo tomó como un progreso. Dong Min llegó en ese momento.
- Tengo noticias -les anunció
- ¿Qué noticias? -inquirió Ame
- Llegaron socios de China.
- ¿Y qué novedad hay en eso? - Se burló la chica - siempre vienen socios y más de China.
- A que reconocí a algunos de ellos y son familias que pertenecen a la hermandad del tigre. Pasaron directo a reunirse con Yamada. Karin está como perro guardián en la entrada.
- ¿Así? -preguntó Lis - ¿Habrá alguna forma de enterarnos a qué han venido?
- ¿Sin que Karin se dé cuenta? No lo creo -afirmó el muchacho.
- Es verdad -corroboró Ame -a esa mujer no se le pasa nada.
Unas horas después, vieron los autos partir. Ya en la cena, Lis, decidió que debía ser directa.
- Si no es mucha indiscreción ¿Podemos saber qué hacían los de la hermandad del tigre aquí?
Yamada la quedó mirando. Cada día le agradaba menos este señor, pensó Amarilis.
- Por supuesto -Bebió un poco para empezar hablar -de todas formas, se enterarán. Llevamos años queriendo que ambas organizaciones se unan, y ser por fin una sola. Más ahora que los Doce estamos completos. Pero, siempre ha habido rivalidad por el manejo humano. Sin embargo, ahora, que yo estoy a cargo del clan del Tigre, desean que uno de nosotros tome las riendas de las dos organizaciones incluido la dirección de las dos empresas.
- Y en esto ¿Está de acuerdo el señor Wang? - consultó Dong Min
- No lo creo. Pero, como en toda organización los accionistas tomarán la mejor decisión. Dado que los ataques al dragón se han esparcido, ven la incompetencia de Wang en estos momentos. Uno de sus más graves errores fue dejar que el tigre se desligara de la hermandad.
- Entonces ¿Quién dirigiría? - preguntó Amarilis, aunque la respuesta ya la conocían todos.
- El mejor, querida. Las decisiones las tomaremos nosotros en la reunión de la semana que viene. Por eso nuestra presencia es fundamental. ¿No sería lo mejor para todos nosotros? Después de todo somos los Doce. Uno de nosotros será el líder.
- Ya veo… entonces la decisión la tomaremos los doce – murmuró Lis.
- No me digas querida Amarilis, que deseas dirigir – dijo Karin con una sonrisa sarcástica en su rostro – esto es una sorpresa, no pensé que quisieras el poder.
-Es algo tentativo, no descartes la opción – le contestó Lis y con una sonrisa amplia agregó – después de todo yo soy el dragón.
Karin rechinó los dientes antes de levantarse y salir sin decir nada.
- Discúlpala, debe estar un poco cansada – dijo Yamada – No pensé que quisieras un cargo así.
- No lo deseo – le contestó, no pensaba ocultar sus pensamientos sobre esto- Sin embargo, creo que sí hay personas adecuadas para este puesto. La decisión la tomaremos los doce. Ya veremos cuál será el resultado.
Yamada quería el poder de ambas organizaciones. Una gran oportunidad para aumentar su influencia. Todos sus gestos expresaban su molestia por las palabras de Amarilis, era un hecho que de haber una votación, pocos elegirían a Yamada. Por lo menos del clan del Dragón, las opiniones eran dispersas.
Aquella noche, Amarilis, llamó a Ren
- Ren … - no supo que más decirle, escuchó el sonido de su voz y todo su cuerpo lo tan dentro de ella.
- Lis, estoy feliz que me hayas llamado. Me alegra escucharte.
- A mí también me gusta – Lis estaba emocionada, pero era necesario que le dijera lo ocurrido el día de hoy- Hoy vinieron Los accionistas de la hermandad del tigre.
- Me imagino por qué – Ren suponía las razones.
Lis le contó la conversación de la cena.
- Yamada creerá que, ante una elección, ¿Lo elegiremos? - se burló Ren.
- No lo sé, pero no confío en todos
- La ambición de Yamada es muy conocida. Aunque intenta disfrazarla de buenas acciones. - Le dijo Ren a Lis.
- ¿Qué piensas hacer?
- No te preocupes -Escuchó la seguridad de sus palabras- Ya tengo un plan. Cambiemos de tema, te extraño mucho ¿me extrañas?
- Mmmtal vez un poquito -Lis pudo escuchar su risa a través del teléfono.
- Qué bueno. Yo por lo menos te extraño todo un mundo, no, una galaxia, tampoco, un universo.
- Gracioso -le dijo riendo Amarilis, pero no pudo ocultar su alegría.
- Bueno tengo que esmerarme. No me dijiste que tengo competencia.
- ¿huh? ¿qué?
- No me dijiste que encantaste a Zhao Lao
- ¿Cómo lo supiste?
- Él me lo dijo
- Lo siento por él. Pero, sabes que no muestro interés en él.
- ¡Ouch! Pobre Zhao Lao. Me dolería ser él. Espero que recuerdes lo que acabas de decirme, siempre.
- Por supuesto -le dijo
- Hazme un favor -escuchó que dudaba -para la reunión usa la piedra. Yo también la usaré.
- Está bien - sabía que él tendría un plan así que estuvo de acuerdo.
Hablaron durante horas, ni siquiera habían colgado y Ren aprovechó para verla dormir a través de la pantalla del teléfono. Se dijo que daría todo por ella y la protegería por siempre.