Ren llegó a China directo a la empresa Wang. Iba molesto y preocupado al mismo tiempo. El ataque a Amarilis lo tenía con un genio que estaba seguro que sería capaz de golpear al primero que se interponga en su camino. Pasó de frente a la oficina, quizás su rostro reflejaba su amargura, pue slos guardias de la puerta doble no dijeron nada simplemente lo dejsaron pasar a la oficina. Lanzó un viento fuerte que hizo que las hojas de la puerta se estrellaran contra la pared. Su padre ya lo estaba esperando. Ante el golpe y el fuerte ruido su padre solo volteó ligeramente a verlo, pues, estaba parado mirando desde la ventana la ciudad que se extendía en el horizonte.
- Sabía que vendrías – agregó dirigiendo su mirada al paisaje - Antes de que me acuses yo no ordené el ataque.
Ren respiró hondo, pues eso esperaba escuchar y sinceramente le creyó.
- Lo sé. Estoy preocupado porque todos los indicios guían a la empresa Wang. ¿Sabías que utilizaron soldados de metal?
- Sí - su padre se giró a mirarlo - Zhao Lao me lo dijo.
- Y bien ¿Los soldados...?
- Se creó un lote de cien modelos metálicos. Una versión avanzada de los soldados terracota.
La furia regresó con renovada fuerza
- Por qué no me lo dijiste ¿Qué pasó?
- Se crearon, pero bien sabes que estos funcionan únicamente con el poder de cualquiera de los doce. No le he contado a nadie sobre ellos y ni siquiera se han probado. Pensaba que serían una buena opción para protegerte. Pero, hace una semana, desaparecieron alrededor de treinta - Eso significaba que aún quedaban veinte, si las cuentas de Amarilis eran correctas.
- ¿Quién de los doce participó del proyecto?
- Ninguno, pensaba decírtelo a ti. Que tú fueras quien les diera vida. Solo sabían de ellos, las personas que trabajaron en la construcción y el que dirigió el proyecto, fueron elegidos por ser miembros antiguos o influyentes dentro de la hermandad del tigre.
- Pues parece que desean que no los guíes. ¡Es increíble, estoy rodeado de enemigos!
- No te expreses de esa forma, yo solo quiero…
- ¿protegerme? Por favor padre, casi matan a la mujer que amo – ante la expresión de asombro de su padre agregó – y será que mejor te vayas acostumbrando. Estoy empezando a dudar incluso de ti.
- Ren, soy un hombre mayor, todo el mundo esperaba que asumieras el liderazgo, ahora todos creen que no tengo la capacidad de dirigirlos porque no puedo controlarlos. No tengo el poder sobrenatural de hacerlo – con la expresión de tristeza dijo – Te juro por la memoria de tu madre que no di la orden del ataque. Además, he escuchado el rumor que si no te haces cargo es mejor que la hermandad sirva a Yamada que forma parte de los doce. Muchos de los miembros de las familias fundadoras han pedido una reunión de la hermandad. Los rumores de mis supuestos ataques al dragón se han regado como la pólvora y unido al hecho que el tigre se ha separado de la organización solo empeora la situación.
Ren observó el rostros avejentado y demacrado de su padre y reflexionó que había sido un desconsiderado. Quizás solo pensó en su libertad, sin ver que dejaba el camino libre para que los enemigos se aprovecharan de la situación.
- Destruye los que quedan. Es lo único que te voy a pedir – pidió Ren - ¿Cuándo será la reunión con las familias fundadoras?
- Antes de la reunión de la por el aniversario de la empresa.
- Avísame estaré presente.
- Gracias, hijo - se acercó y le apretó afectuosamente el hombro
A pesar de su edad siempre lo vio con mucha fuerza siempre lleno de vida. ¡Qué tonto! Hoy lo veía más encorvado y muy cansado.
- Otro favor, padre. Ya no vigiles al dragón. Ellos saben que has enviado Zhao Lao.
- Está bien
Ren no se había dado cuenta que Yamada estaba cobrando fuerza dentro de las dos organizaciones. El hecho de pertenecer a los Doce, seguramente, era un aliciente a su favor. Sus planes de vivir su propia vida debían esperar un poco y más cuando tenía a gente que amaba que debía proteger. Se encontró con Zhao Lao en el pasillo.
Este caminó directamente hacia él. Cuando estaba por pasarlo, lo agarró del brazo y este lo miró molesto.
- Hablemos -Le dijo Ren y sin esperar respuesta lo guío hasta la azotea.
- Solo te seguí porque considero que necesitamos hablar.
No por tu indicación mal educada.
Tiempo atrás habían sido amigos. Los mejores amigos. Ren siempre había visto a Zhao Lao como un hermano. Eso fue hasta que empezó alejarse y se distanció completamente de él.
- Hablé con mi padre -empezó -no hay necesidad de que sigas vigilando a Amarilis.
- Disculpa, pero eso lo decido yo
- ¿A qué te refieres?
- No necesito darte mis razones.
- Amarilis es la mujer que amo.
Zhao Lao se quedó en silencio. Él sabía muy bien los sentimientos de Ren, pero, aun así, eso no impedía que él también la amara. Se acercó a Ren y lo miró a los ojos.
- No eres el único – le dijo Zhao Lao.
- ¿De qué hablas?
Zhao Lao siempre había sido un muchacho callado. Solo había entablado amistad con Ren, porque el tigre tenía esa facilidad. Le agradaba a todo el mundo. Incluso si era la primera vez que lo conocían en cambio a él siempre lo consideraban apático y orgulloso. Zhao Lao no le habló a nadie de sus visiones. Per,o iban más allá de formar parte de los Doce. Siempre guardó con amor y valoró cada imagen de los recuerdos con el dragón. Long fue la única que lo trató bien y poco a poco se fue enamorado de un recuerdo de alguien que en el pasado lo quería. Pero él sabía que era real y ahora que la volvía a ver esperaba hacer hasta lo imposible porque lo quisiera no solo como amigo, sino, como hombre. No le dijo nadie sobre las visiones, ni habló sobre sus sentimientos, ni siquiera a Ren.
Lo peor vino cuando el otro muchacho, empezó con las visiones y le habló de sus recuerdos con el dragón y se dio cuenta que su amigo estaba enamorado. Prefirió romper los vínculos pues sabía que en el futuro sería un obstáculo para conseguir a la mujer que amaba. Y viéndolo sintió odio por Ren. Siempre tuvo lo que deseó como humano y como parte de los doce. Del que todos hablaban, incluso antes de nacer. Del que esperaban que fuera el líder. Él podía tener todo, menos a Long.
Ren nunca había visto esa mirada en Zhao Lao, había una vehemencia y anhelo que lo sorprendieron. Sus sentimientos eran reales, por lo menos él lo pensaba así, consideró Ren. Y aunque sintió celos, aquello no lo llevaría a ningún lado. Lis lo amaba él.
- Entiendo -le sonrío Ren -pues, que gane el mejor - se dio la vuelta y se fue. Dejando a un confundido Zhao Lao.
Ren pensó que era un embrollo del destino que esto esté pasando. Pero ahora que había comprobado que Zhao Lao no le haría daño a Lis, estaba más tranquilo. Era una lástima que hubiera puesto sus ojos sobre la mujer que él amaba. Sin embargo, sería una gran ayuda si Zhao Lao ayudaba a protegerla.