—Señor, Cálmese, respire con tranquilidad, recuerde nuestra misión, estamos con usted, estamos bajo sus órdenes —dice un comando.
—Lo siento, lo siento —Salazar deja de sollozar y se pone en guardia—. Esperemos a los que vengan a incinerar los cuerpos.
Todos esperan pacientes, hasta que por fin ven a dos guerrilleros con pimpinas de gasolina y leña. Los guerrilleros han hecho su tarea, Salazar manda a Jimena y a Quintero dar de baja aquellos dos terroristas, para abrir el camino al resto del comando. Salazar se dirige hacia Jimena.
—Tome este cuchillo, le servirá mejor a usted que a mí, deme el suyo.
—E… está bien — Jimena vacila al obedecer—. Tome.
Salazar le ha dado un cuchillo kyzliar bopoh–3 usados por los Spetznaz rusos; sin embargo Jimena ha tomado otro antes de salir a la misión un cuchillo kukri ‹‹originario de Nepal›› Así es. Jimena se guarda el cuchillo ruso y opta por usar el kukri.
Jimena va delante de Quintero, lo cual es sumamente curioso para Salazar pero por fines más importantes no lo toma en cuenta, pero ha guardado esa imagen de la chica que Salazar conoce como Lía Sandoval.
Los dos guerrilleros se encuentran fumando, sin percatarse de Jimena y Quintero, ésta noche será el último cigarro de ambos terroristas, que en un abrir y cerrar de ojos los dos delincuentes yacen en el suelo con la garganta desgarrada por el kukri de Jimena, Quintero se queda pasmado ante las acciones dela chica. Salazar por otra parte siente orgullo de la muchacha que ha conocido ‹‹eso si es una mujer empoderada›› sin sospechar nada de Jimena. Los dos quedan allí en el mismo lugar haciendo guardia, cubriendo a sus compañeros para que entren a una pequeña cabaña.
‹‹Hay tres guerrilleros dentro›› dice uno de los comandos.
‹‹Señor, sólo hay uno arriba de la cabaña›› dice otro por el interlocutor.
‹‹Hay que abatirlos a todos, Velázquez encárguese del guerrillero de arriba, se queda allí para que nos dé cobertura››
Jimena observa desde su posición como Velázquez sube por unas escaleras, no ve al guerrillero que han visto, y efectivamente Velázquez encuentra al hombre sentado con vista al campamento. Velázquez con mucho sigilo, casi arrastrándose con su cuchillo kyzliar ruso, el hombre se desplaza en cuclillas hasta la espalda del guerrillero, con su mano izquierda le tapa la boca mientras que con su mano derecha le rebana la carótida, al mismo tiempo que lo tumba de espalda. Velázquez sabe cuál es la rutina, rebanar los puntos principales de cada extremidad y como tiene tiempo de sobra, Velázquez prosigue a decapitar a su víctima. Todo en un tiempo record.
Los hombres malos dentro de la cabaña ni se han enterado de nada, se entretienen jugando Jack Black, confundiéndolo con el póker. Salazar hace el conteo para entrar con sus dedos, pero se ve interrumpido cuando uno de los militares se levanta a orinar, y a ver qué pasa con los otros que han tardado.
Salazar empuña su cuchillo pues es él quien se encargará del hombre. El jefe del comando toma de sorpresa a aquel hombre improvisto de toda humanidad, intenta gritar pero Salazar con sus grandes manos se lo impide, le corta la garganta con mucha facilidad, su cuchillo rebana aquello como si fuese mantequilla, el pobre hombre que no ha elegido como morir se ahoga con su propia sangre, Salazar le rebana las extremidades y al finalizar lo echa a un costado.
Sí, Salazar ha elegido esperar a que salga uno por uno, y asesinar a cada uno de ellos hasta que queda el último. Es un hombre muy delgado, con una nariz prominente y torcida, da la impresión que el uniforme le pesa, calvo en la parte superior de su cabeza con el cabello que le cae como cascada hacia los lados, hasta los hombros, dientes torcidos y ojos verdes. Salazar manda a todos a colocarle el supresor de sonido a sus armas, y decide entrar, el hombre desgarbado se levanta como un rayo e intenta desenfundar su arma, pero de inmediato se ve superado, así que no tiene otra salida que rendirse.
—Shh —Salazar le da la indicación que no grite—. Manos arriba.
El guerrillero obedece, uno de los miembros del comando lo revisa quitándole solo un revolver para luego obligarlo a sentarse.
—Necesito un mapa del lugar —le dice Salazar al hombre flacucho.
—Bu… bue… buenas noches —tartamudea respondiendo a Salazar.
—Necesito un mapa del lugar —vuelve a decir Salazar sin mirarlo.
—Hay uno dentro de aquel cajón debajo del espejo —el guerrillero cierra sus ojos con mucho miedo.
—Indíqueme los puntos donde se encuentran su gente —le dice Salazar amenazándole.
—Se… señor, por… por favor, no–no–no me–me haga da–da–da–da–da–da–da —el soldado Pardo le golpea fuerte su cabeza —. No me haga daño, se lo pido.
—Los puntos —dice Salazar.
Mandan a Jimena y a su compañero Quintero a entrar a la pequeña cabaña. Lo primero que ve Jimena al entrar, es a su jefe dándole un vaso lleno de ron a un guerrillero que le parece sumamente horrible de aspecto, da una ojeada allí adentro, no hay mucho, una mesa con unas cartas, sillas, un espejo y debajo un cajón. La puerta delantera cerrada, solo una ventana corrediza, con los vidrios polarizados ‹‹esto es una broma, una jodida broma›› piensa Jimena, que no la sorprende las tantas violaciones, asesinatos al alzar, la locura desatada, sino todas las situaciones favorables tanto para ella como para el comando, esto le recuerda sus días con su hermano, el amor de su vida, la chica, Bomej, aquella niña especial y el desagradable marine. Jimena se apoya para descansar en una de las paredes mirando el interrogatorio, un mapa y ron ‹‹ni en las malas películas progres se da tanta situaciones favorables para la trama›› se dice así misma Jimena. Le parece curioso, Velázquez se encuentra en el tejado de la pequeña cabaña y nadie lo ha visto, Jimena se pregunta si se puede hacer invisible, casualidad que nadie más ha entrado allí, un jefe, un compañero borracho buscando donde pasar la resaca de la noche anterior, no han salido a buscar a los que Jimena asesinó, mira hacia afuera y claro, el fuego se ha apagado, Jimena sonríe pensando estas cosas ‹‹si él estuviese aquí haría las mismas preguntas›› Jimena cierra la puerta trasera, y camina hacia el espejo. El cabello recogido en forma de cebolla, se da cuenta que tiene una línea de sangre en su mejilla izquierda, se la quita con la manga del uniforme, ojeras, ojos enrojecidos, labios resecos, se acuerda de sus vellos en las axilas, piernas y v****a, sí, esto no es una película o serie, no es una tonta historia de wattapad, donde los personajes siempre se ven bien, y los protagonistas se dan como cajón que no quiere cerrar. Jimena cierra sus ojos deseando abrirlos y ver al amor de su vida y a su hermano vivos, al menos ellos dos ‹‹Bomej debe estar viva›› Jimena piensa estas palabras y las recordará mucho después.
La chica camina hacia el interrogatorio, observa como aquel escuálido hombre dibuja círculos en el mapa del campamento ‹‹lo que faltaba, un mapa›› Jimena se le escapa una risita tonta. Aquel hombre termina de darle a Salazar lo que le ha pedido.
—Po –po– po– por favor, no me– me– me mate. Aquí pu– pu– pueden esperar hasta la noche, hay ca– cambio de guardia, vienen cinco, son –son –son como yo —el guerrillero suelta una risita llena de miedo—. El cambio de guardia es a las doce de la media no– no– noche, hay comida en la ca– ca– ca– cava —señala una cava grande al lado de la puerta de entrada —. Pu –pu –puedo…
Salazar lo degolla antes que el guerrillero termine de hablar, pero con éste no solo lo ha degollado, sino que lo apuñala muchas veces, Jimena al ver a Salazar recuerda a Josué, actúa de la misma forma, camina y hasta a veces le parece que no habla Salazar, sino su antiguo compañero y amigo. Al final Salazar le abre el pecho y apuñala su corazón.
—Lo siento… no soporto a los tartamudos.